Una auténtica marea blanquiazul desbordó la plaza del Cabildo de Tenerife anoche. La jornada comenzó al mediodía con medio millar de aficionados que se reunieron frente a las dos pantallas gigantes instaladas allí para seguir el encuentro de la escuadra blanquiazul contra el Barakaldo, una cita crucial que se decidió una hora antes del inicio del partido en el Heliodoro.
El Osasuna Promesas allanó el camino del Tenerife hacia la Segunda División cuando le hizo el 0-1 al Celta Fortuna sin que los vigueses pudieran luego reaccionar. El Tenerife era de Segunda una hora antes de saltar a su campo. Y la fiesta de la afición, ya sin la ansiedad previa por la incertidumbre del resultado de la cita liguera, se desbordó por fuera del estadio y frente al Cabildo de Tenerife.
Solo restaban 90 minutos de trámite para saber cómo iba a ascender el club tinerfeño, porque el resultado ya daba igual. Pero el once que se enfundó y lució la elástica blanquiazul sobre el césped cumplió y salió victorioso anotando dos tantos sobre los vizcaínos.
En la plaza del Cabildo ya solo restaba esperar a la plantilla, cuerpo técnico y directiva. Y miles de personas se unieron para recibir a los campeones 354 días después del descenso. Llegaron sobre las 22:24 horas subidos a una guagua de dos pisos y sin techo, rotulada de blanco y azul, y custodiada por cientos de aficionados que les acompañó desde el estadio Heliodoro Rodríguez López hasta una plaza, ahora sí, desbordada por miles de seguidores que no quisieron perderse este acontecimiento histórico.
Porque la última vez que el equipo blanquiazul celebró una fiesta igual ocurrió el 3 de junio de 2013 por su ascenso de la entonces conocida como Segunda División B a la categoría de Plata.
En el Salón Noble del Cabildo fueron recibidos por la presidenta insular, Rosa Dávila, y el vicepresidente, Lope Afonso, acompañados por varios consejeros.
Rosa Dávila les dio la bienvenida a la Corporación insular porque, dijo, «somos un equipo de Segunda. Nos sentimos muy felices y muy orgullosos de un equipo, que ha hecho soñar a una isla entera. Dije hace un año que iba a dejar el balcón abierto porque sabía que se iba a lograr el ascenso y así ha sido», remarcó.
Lope Afonso agradeció a todos los jugadores, a la cantera, a la afición y a las peñas «por confiar en sí mismos y en Tenerife». «El camino no termina aquí, estamos de tránsito hacia el destino real de este equipo, que no es otro que el la Primera División» y se arrancó con un «Riqui-Raca».
El alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, también dio las gracias a «toda la isla de Tenerife, a los jugadores y a una afición que nunca ha sido de Segunda, ni de Primera Federación, siempre fue y es de Primera División».
El mayor accionista de la entidad, Rayco García, recordó que «hace un año estábamos en una situación muy difícil. Todos sabemos lo complicado que ha sido. Gracias chicos por creer que nada es imposible y gracias a la afición que tenemos», afirmó para recordar también al personal no deportivo del club y a los canteranos. Rayco García no quiso despedirse sin destacar que «el CD Tenerife es el mejor lugar para estar».
El presidente del CD Tenerife, Felipe Miñambres, ensalzó «el orgullo y el honor que es estar con nuestros jugadores, que se esforzaron desde el primer partido en Guadalajara». «Debemos aprovechar este año porque no vamos a tener muchos así, por eso hay que disfrutar de lo conseguido hoy». Miñambres envió también un recado: «Tenemos que ser un equipo grande en Segunda, así que debemos contar con el apoyo del Cabildo y el Ayuntamiento».
El técnico, Álvaro Cervera, estaba visiblemente emocionado y con la garganta ronca confesó que aunque parece «un tipo duro», en realidad es «muy blandito». Reveló que le «dieron un equipo» y le dijeron que tenía que ascenderlo, así que «les dijo a Aitor y Enric que tenían que ascender al equipo, y lo han hecho en un año».
El capitán blanquiazul, Aitor Sanz manifestó que este «es un día para agradecer muchas cosas; a la presidenta del Cabildo y al alcalde de Santa Cruz porque han estado a nuestro lado. A Rayco por apostar por nosotros en momentos muy difíciles y con gente que nos abandonó», puntualizó. Sanz agradeció el soporte a una «afición que es especial, que en las malas son ejemplares y en las buenas han llenado toda la plaza de España». Y antes de soltar el micrófono, se puso de rodillas y se rindió a sus compañeros: «Este pedazo de equipo ha tenido un compromiso de trabajo con el que ha hecho feliz a mucha gente y a mi».
Por fuera del Cabildo aguardaba una auténtica marea de aficionados que esperaba a que los jugadores se asomaran al balcón de la corporación para compartir el triunfo merecido.
Y ya tocaba. Ya era hora de volver a celebrar un triunfo deportivo de tanta importancia como es un ascenso de categoría. Y este Primero de Mayo, que empezó teñido de rojo en el calendario por ser festivo, se tiñó de blanquiazul desde el mediodía hasta pasada la medianoche. Se celebró el Día Internacional del Trabajo como más de 160 países, y eso es, precisamente, parte de lo que se festejó anoche en el Cabildo de Tenerife: un reconocimiento colectivo al trabajo de una plantilla que supo tomarle el pulso a una categoría complicada, con equipos intentando sacar cabeza, luchando con codos, uñas y dientes para subir a la División de Plata, para regresar al fútbol profesional.
Ha sido una travesía breve en Primera Federación, pero intensa, que el club ha sabido superar con autoridad. La continuidad de Álvaro Cervera, la reconstrucción de la plantilla y el liderazgo sostenido durante la temporada explican un ascenso celebrado como una reivindicación: el CD Tenerife se cayó, sí, pero se levantó rápido como solo los grandes saben hacerlo.















