el gran desierto de Marruecos estuvo cubierto por un mar gigante

El Alto Atlas de Marruecos es un paisaje árido, pedregoso y azotado por condiciones climáticas muy extremas en la actualidad. Sin embargo, hace más de 150 millones de años, esta región estaba sumergida bajo un océano oscuro y profundo.

En aquella época, donde hoy en día solamente hay montañas y se extiende el desierto, prosperaban varias formas de vida microscópica capaces de sobrevivir sin luz solar. Toda esta información ha sido descubierta gracias a un estudio reciente, el cual ha sido publicado en la revista Geology.

Un equipo internacional de investigadores ha puesto punto final a uno de los misterios que rodeaban unas estructuras fosilizadas encontradas en la Formación de Tagoudite, ubicada a más de 600 kilómetros de Casablanca (Marruecos). Se trata de unas marcas rugosas y onduladas que han dejado sin palabras a la comunidad científica, ya que el entorno actual es totalmente incompatible con cualquier rastro de vida marina.

Cabe subrayar que esta región marroquí conserva sedimentos de un antiguo fondo oceánico que se elevó a más de 3.000 metros de altitud. Durante mucho tiempo, varios expertos creyeron que estas estructuras eran restos vinculados a microorganismos fotosintéticos. No obstante, este nuevo estudio ha revolucionado esta idea, ofreciendo una visión totalmente diferente sobre estos fósiles.

La investigación fue liderada por la geobióloga Rowan Martindale, quien ha contado que estas formaciones se encontraban a unos 200 metros de profundidad, en una zona marina con poca penetración de luz solar. Este elemento descarta cualquier explicación basada en la fotosíntesis y, al mismo tiempo, obliga a buscar otra explicación diferente sobre su origen.

La clave reside en microorganismos quimiosintéticos, que son capaces de conseguir energía a partir de reacciones químicas en lugar de depender de la luz. Estos organismos aprovechaban compuestos ricos en sulfuro presentes en sedimentos del fondo marino, formando así verdaderos tapices microbianos adheridos al lecho oceánico.

El análisis microscópico y químico desveló altas concentraciones de carbono, señal de actividad biológica en la formación de sedimentos. Además, la disposición y la morfología de las estructuras coinciden con patrones de ecosistemas microbianos extremos. Un nuevo hallazgo que reescribe la historia geológica de la región y amplía nuestro conocimiento sobre la adaptación de la vida a entornos extremos.



Fuente