«Bienvenidos al campo de Mourmelon. A partir de este momento no vais a tener cobertura». Así arranca una jornada acompañando al Ejército francés durante las maniobras militares de la operación Orion-26, los mayores ejercicios castrenses realizados en Europa desde el fin de la Guerra Fría y que plantean una preparación para la guerra del futuro.
Después de tres autobuses y varios checkpoints, EL PERIÓDICO recorre junto al capitán Bastien los distintos escenarios de combate desplegados por los campos de Mailly-Le-Camps (Aube), donde también participan otros ejércitos europeos, entre ellos el español. «Es la primera vez que se realiza un entrenamiento de este tipo con varias armadas y bajo un simulacro que recrea una situación real, porque tenemos que estar preparados para cualquier escenario«, explica.
«Aquí tenemos 650 objetivos y un equipo de tiradores expertos que entrenan unidades del Ejército sin descanso en cursos de entre dos y tres semanas de duración. Disparamos con todos los calibres, a excepción de armas nucleares, por supuesto. Pero todas las demás pueden dispararse con cargas controladas de explosivos. Esto permite al comandante táctico utilizar todos los recursos disponibles –artillería, infantería, caballería, ingenieros– para entrenar en fases de apoyo y mantener operaciones de control que duran al menos tres días al final de su entrenamiento».
Soldado francés en una de las trincheras durante la operación ORION-26 / Leticia Fuentes
Le seguimos por un entramado de trincheras, donde en cada rincón aparece un soldado en silencio, atento a la llegada del enemigo. «Bonjour«, susurra uno de ellos. «Los objetivos se revelan en función de un escenario gestionado desde la Torre Sinfónica, que se encuentra detrás de ti, y que controla tanto la seguridad como el buen funcionamiento de los escenarios ofensivos o defensivos. Dependiendo de esto, se despliegan objetivos de todo tipo; siluetas para armas ligeras, objetivos de tanques y, más recientemente, objetivos de drones que sobrevuelan todo el complejo».
Los drones se han convertido en los protagonistas indiscutibles de las últimas guerras. Francia es consciente de la necesidad de modernizar, formar y equipar a sus fuerzas armadas con la más alta tecnología. Por ello, recientemente ha introducido en sus filas el pequeño dron ‘Gecko’, capaz de transportar una carga de 4 kilos, equivalente a un proyectil de 81 milímetros, además de la comodidad de poder pilotarlo a través de una tableta. «Estos drones proporcionan reconocimiento y ataque a un mayor alcance, lo que les permite llegar al corazón del complejo y atacar directamente a los objetivos, sin necesidad en muchas ocasiones de un cuerpo a cuerpo«.

Uno de los drones pertenecientes a la armada francesa / Leticia Fuentes
Tanques César y helicópteros Tigre
Los soldados, enfundados en sus uniformes de combate, con el rostro camuflado y armados hasta los dientes, y el ruido incesante de los disparos, apenas permiten distinguir que se trata de un simulacro. «Capitán, seguimos esperando la orden», dice uno. «Aunque sean ejercicios que simulan una realidad, siempre hay que tener cuidado y actuar con precaución», explica el capitán.
Tras varios minutos avanzando por los pasillos de las trincheras, el grupo llega al campo de batalla, donde se encuentran ocultos varios soldados entre el pasto, equipados con misiles capaces de destruir un blindado a 4 kilómetros de distancia.
Dividido en cuatro etapas, el segundo campo de batalla es diferente. No hay dónde esconderse. Una inmensa explanada, sin árboles ni cobertura natural, expone al batallón no solo al enemigo, sino también al viento implacable que azota la región de Champagne. Varios tanques César y Leopard protegen las posiciones de una decena de soldados resguardados en una pequeña colina. «Estos tanques de aquí estuvieron desplegados en Afganistán, Mali y también participaron en la Armada ucraniana. Su ventaja es que se mueven y disparan rápido, y eso les permite salir de la zona de combate rápidamente para cambiar de posición», cuenta el capitán Niankoy para EL PERIÓDICO, veterano del conflicto de Kosovo.
Tras el sonido de las detonaciones de los tanques, un seco silencio se apodera del lugar. Lo rompen, segundos después, varios helicópteros Tigre que sobrevuelan la zona. En uno de ellos, viaja el presidente Emmanuel Macron, quien ha querido asistir al «asalto final» del último día de estos ejercicios. «Hay que pasar a una artillería de masa, como la artillería Atlas», afirma el general Schiller ante la atenta mirada del presidente, que no duda en subirse a un helicóptero Griffon, con una red de camuflaje y un chaleco dotado con una cámara para supervisar las maniobras: «Presidente, en la pantalla verá en la donde impactarán los proyectiles a 2,3 kilómetros de distancia», le explica un oficial.
12.500 militares, entre ellos, españoles
En un contexto estratégico marcado por el retorno de los conflictos armados, la multiplicación de las crisis y el aumento de las amenazas híbridas, el ejercicio Orion 2026 consta de una magnitud sin precedentes; 12.500 militares desplegados desde principios de abril y un comando de la OTAN, en el que participan países, como Bélgica, Italia, Grecia o España.
«Orion es una clara señal para nuestros adversarios, pero también para nuestros socios europeos, incluidos los ucranianos», afirmó Macron al final de la jornada. «El ejercicio Orion nos permitió poner a prueba la solidez de nuestros enfoques y la capacidad de los europeos para actuar conjuntamente», concluyó antes de abandonar el campo de maniobras en uno de los helicópteros protagonistas.

Militares españoles participando en las maniobras ORION-26 realizadas en Francia / Leticia Fuentes
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