Desde que asumí la presidencia de la Unión de Militares de Tropa (UMT) en diciembre de 2024, y durante toda mi trayectoria previa en el asociacionismo profesional militar, mi compromiso ha sido el mismo: derribar los muros que pretenden aislarnos del resto de la sociedad. No somos una casta aparte ni ciudadanos de segunda; somos profesionales que servimos a nuestro país bajo un uniforme, pero que compartimos las mismas preocupaciones, facturas y anhelos que cualquier otro trabajador.
Pasos firmes hacia la realidad profesional
Este último año ha sido testigo de avances que no han caído del cielo, sino que han sido arrancados gracias a la presión constante de la Unión de Militares de Tropa UMT ante el Ministerio de Defensa.
Hemos luchado para que, de una vez por todas, se nos reconozca como profesión de riesgo. Es una cuestión de justicia básica: quien pone su vida en juego en el cumplimiento del deber no puede seguir siendo ignorado por la administración en la clasificación de sus riesgos laborales. Del mismo modo, nuestra histórica reclamación por la equiparación retributiva sigue siendo el motor de nuestras demandas y no descansaremos hasta que nuestras nóminas reflejen la responsabilidad que asumimos.
Además, gracias a la presión asociativa, el Ministerio de Defensa ha dado un paso firme hacia la jornada de 35 horas, tal como disfruta el resto de la Administración General del Estado (AGE) y con ello esperamos ver pronto este compromiso reflejado en el BOD, poniendo fin a una desigualdad horaria que no tenía razón de ser.
La “Espada de Damocles”: el fin de la temporalidad
Pero si hay una lucha que define nuestra razón de ser, es el fin de la temporalidad en la Escala de Tropa y Marinería, para los soldados y marineros, la estabilidad laboral no es un capricho, es una necesidad vital.
Recientemente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha arrojado un rayo de esperanza sobre la interinidad y el abuso de la temporalidad en la administración pública española. Esta jurisprudencia debe ser el faro que ilumine un cambio legislativo urgente en nuestras Fuerzas Armadas, pues no podemos permitir que miles de compañeros sigan viviendo bajo la “Espada de Damocles” que supone el fin de su contrato al cumplir los 45 años.
Es una sinrazón que la clase política no ha querido —o no ha sabido— resolver. Se lanzan la pelota unos a otros, olvidando que esa “pelota” son personas: profesionales con más de 25 años de servicio, cualificados y entregados, que son expulsados del sistema por una cifra de edad arbitraria. ¿Por qué 45 años y no los 58, para coincidir con el pase a la reserva? Mientras los tiempos políticos son infinitos, nuestras FAS se desangran perdiendo a su capital más preciado y experimentado, sus Soldados y Marineros.
Ciudadanos de uniforme
El militar no vive ajeno a la realidad social. Compartimos las mismas preocupaciones que cualquier otro ciudadano: el difícil acceso a la vivienda, los retos de la conciliación familiar o la precariedad que acecha a tantas familias. Son problemas que, en nuestra profesión, se ven condicionados por la movilidad geográfica y la disponibilidad permanente, pero que nos sitúan en el mismo plano de necesidad que el resto de la sociedad.
Por ello, mañana día 1 de mayo, participaré en esta jornada con absoluta normalidad institucional. Lo haré como un ciudadano más que sale a la calle a celebrar los derechos conquistados por los trabajadores a lo largo de la historia, por la dignidad laboral y la igualdad de oportunidades. Mi presencia es el reflejo de una realidad incontestable: que el “Trabajador Militar” es parte integrante de la sociedad de este país y que este día también nos pertenece.
Somos depositarios de un derecho individual que nos asiste a todos por igual, aunque la propia idiosincrasia de nuestra labor impida a muchos ejercerlo presencialmente. No quiero olvidar a los compañeros y compañeras que mañana no podrán disfrutar de este día por encontrarse cumpliendo con su deber: los que están de servicio, los que permanecen embarcados y aquellos desplegados en las más de 17 misiones internacionales. Su sacrificio es la prueba de una profesión extraordinaria, pero sus necesidades básicas y sus derechos deben ser, de una vez por todas, los de cualquier ciudadano de pleno derecho.
Por un futuro sin temporalidad, por una retribución justa y por el reconocimiento de nuestra dignidad laboral. ¡Feliz Día del Trabajador!










