En 2021, el hijo de Beatriz González fue diagnosticado de leucemia. Tenía 13 años. Tras la noticia, una comunicación que supone un varapalo —»se te para la vida en todo», comparte—, el proceso de tratamiento se extendió durante dos años. El niño salió adelante. Por desgracia, la hija de Natalia Varona no consiguió superar el proceso. En septiembre de 2025 falleció a causa de un tumor. Tenía dos años y seis meses.
La enfermedad oncológica infantil «cambia la mentalidad y la forma de ver la vida, para siempre, por completo», coinciden estas dos mujeres. Las cuestiones en el ámbito laboral o personal que antes parecían problemas se revelan como meras nimiedades. «Valoras mucho más el día a día», dice Beatriz.
Ellas han experimentado una dura vivencia que afecta cada año a unos treinta hogares en el sur de Galicia que reciben un diagnóstico de cáncer en niños, entre los casos que se registran en Vigo, Pontevedra y Ourense. En esta provincia se detectan en torno a cinco anuales. La asociación Bicos de Papel presta apoyo y ayuda a niños en una situación oncológica y también a sus familias, durante y después de un proceso que es un «shock que cuesta asimilar», resume Beatriz, vocal de la junta directiva y representante en Ourense.
Dejas los estudios, el trabajo, la familia, absolutamente todo, para centrarte en la enfermedad, asimilar el proceso y estar ahí
«En el hospital pasas por muy malos momentos, te sientes estancada, estás mal. Recibir apoyo, tener una palabra de aliento y encontrar alguien con quien hablar y con quien puedes contar ayuda mucho», valora Natalia sobre lo que le tocó vivir a ella. El hospital de Ourense carece de una unidad de oncología infantil. Las familias de la provincia deben desplazarse a Vigo, el centro de referencia del Sergas al que son derivados los niños ourensanos con cáncer. «Necesitamos una sala de oncología infantil aquí en Ourense, luchamos por ello», reivindica Beatriz. «Es un derecho de los niños y las familias; es inversión en salud, en algo indispensable», recuerda.
Mientras no existe la posibilidad de dar continuidad al tratamiento en el entorno sociofamiliar más cercano del menor, y con el objetivo de facilitar las estancias y la adaptación a una nueva realidad que es muy compleja, Bicos de Papel cuenta con una casa de acogida a escasos minutos del hospital Álvaro Cunqueiro. Este recurso permite alojar hasta a cuatro familias a la vez.
«Nos vamos con lo que tenemos puesto, en una ambulancia, tras el diagnóstico. Dejas los estudios, el trabajo, la familia, absolutamente todo, para centrarte en la enfermedad, asimilar el proceso y estar ahí. No sabes qué va a pasar y cuánto tiempo vas a estar en el hospital», relata Natalia.
«Yo desconocía todo sobre lo que es el cáncer en los niños, porque hasta que no lo vives en carne propia no te enteras en realidad de lo que pasa. El proceso con mi hija fue muy rápido. No da tiempo de pensar», recuerda.
«Desde el segundo día en el hospital, allí estaba Natalia, una de las madres de la asociación, para contarnos que tendríamos apoyo en todo el proceso. Me prestaron ayuda económica y psicológica, estaban muy pendientes de todas las necesidades. Después de lo que pasó con mi hija siguen estando presentes. Ahora yo también soy voluntaria, cuando puedo estoy en los eventos para ayudar», cuenta esta joven madre, de origen colombiano. Tras su vivencia, da pasos de forma gradual. Desde que ocurrió lo de su hija aún no ha regresado al hospital, comparte.
El domingo 10 de mayo, una carrera solidaria en Ourense organizada por la Policía recaudará fondos a favor de la asociación. «Esta iniciativa supone una ayuda muy importante para poder seguir ofreciendo nuestra labor a los niños oncológicos y sus familias», destaca Beatriz González. «La casa de acogida es un servicio indispensable. Representa la ayuda más importante ante el hecho de tener que desplazarse, dejar el hogar tras un diagnóstico tan complicado como un cáncer infantil». Además, la entidad proporciona apoyos económicos, psicológicos y de terapia ocupacional. «No solo acompañamos en el diagnóstico, sino después, y procuramos ayudar frente a las secuelas de los niños tras el tratamiento, y los miedos, que también están ahí», amplía Beatriz. Bicos de Papel anima a la ciudadanía a colaborar con su causa, a través de la iniciativa solidaria que promueve la Policía.
La dignidad y muestra de resiliencia de estas mujeres son admirables y su experiencia, un ejemplo que puede ayudar a otras familias. «Creo que lo que nos mueve a las madres que hemos pasado esto es saber que podemos acompañar a otras, aportar una palabra de aliento, transmitir que hay ayuda», destaca Natalia Varona.
Las estancias en la casa de acogida —Beatriz estuvo dos años; Natalia, seis meses—, así como la duración de los tratamientos, dependen de cada diagnóstico, de cada caso y cada paciente infantil. En algunas ocasiones, la atención sanitaria se deriva desde Vigo a otros hospitales, como Santiago en Galicia, pero también Madrid o Barcelona. «Bicos de Papel también apoya a esas familias», indica Beatriz.
La humanización es esencial en la sanidad actual, y se cuida en especial en los servicios que atienden a niños oncológicos y a sus familias en una etapa vital tan dura. «El trato es excelente, los profesionales son muy humanos y muy atentos, siempre buscando la mejor salida para nuestros niños», valora esta madre.
Las ayudas deberían ser automáticas: niño diagnosticado de cáncer, ayuda inmediata
No obstante, considera imprescindible que el Sergas incorpore «una terapia psicológica más continua, así como servicios de fisioterapia para las secuelas, que son bastante graves para muchos niños después del tratamiento. Es muy importante ese seguimiento», contextualiza Beatriz, en una llamada a la administración pública que se suma a la reivindicación de que Ourense pueda albergar una unidad propia que evite derivaciones a Vigo, un trastorno que se añade al vuelco en la vida que supone para una familia el diagnóstico de una enfermedad oncológica de un hijo.
Otra demanda del colectivo es una llamada de atención sobre el retraso burocrático en los trámites de ayudas de dependencia. «Llegan demasiado tarde; tenemos casos en los que, cuando las conceden, ya no se necesitan. Las ayudas deberían ser automáticas: niño diagnosticado de cáncer, ayuda inmediata», subraya Beatriz.
La visibilidad sobre la labor que lleva a cabo la entidad se refuerza con acciones sociales como la carrera de la Policía y con otros eventos dirigidos a toda la ciudadanía, como las galas solidarias, celebradas en noviembre de 2025 en Ourense y el pasado febrero en Vigo. «Es importante que nos conozcan. Ojalá que las familias no tengan que pasar por este proceso pero, si les toca, que sepan que estamos ahí y las apoyaremos», resume la vocal ourensana.
La red de apoyo que se construye, por la voluntad de ayudar de quienes previamente pasaron por lo mismo, forma afectos y lazos fuertes, de una segunda familia. «Todas ayudamos desde la experiencia, en los duros momentos, y también promovemos actividades de ocio, porque los niños no dejan de ser niños y tienen que vivir su momento, aun estando malitos», explica Beatriz. «Entre ellos y también entre las madres se entienden mejor, se comprenden, porque han pasado por lo mismo. Tenemos un vínculo», comparte.














