Buena parte de los problemas de convivencia que tenemos (también en los casos de fiestas, festejos y fiestorros) está en que nos creemos que la calle no es de nadie, y en realidad la calle es de todos. La reflexión viene a cuento por la denuncia que hizo hace justo un año el consejo de distrito Centro sobre la proliferación de flores de plástico como reclamo turístico en nuestras calles, una especie de eczema, de pústulas, que nos ha crecido en la piel del Casco Histórico y que va a más. También lo criticó recientemente el profesor Desiderio Vaquerizo en un impagable artículo en Diario CÓRDOBA.
Y me pregunto: ¿Por qué hay que tener manga ancha cuando se trata de engatusar al turista? Al visitante, si queremos que el sector prospere, hay que mimarlo, darle experiencias de calidad, compartir lo mejor que tenemos con él… No aprovecharnos, no mentirle… Y la flor de plástico en esta ciudad es mentira.
Verán: la calle es tan de todos, especialmente en un Casco Histórico que también es «de la Humanidad», como para indignarse si uno ve excrecencias publicitarias artificiales en forma de flor, porque a todos los cordobeses ese plástico nos cuesta dinero. Es tirar a la basura los que invertimos en imagen (entre todos, insisto) con esos 395.300 euros en premios del Concurso Municipal de Patios, 338.376 euros de la contrata de control y gestión de la fiesta, el gasto en actuaciones del Festival de los Patios, programas paralelos, sobrecostes en servicios como las horas extras de la Policía o de limpieza de Sadeco, la subvención anual de Emacsa, la rebaja en el IBI de participantes… Y otro tanto con la Fiesta de las Cruces (50.000 euros entre ayudas de participación y premios), los 400.000 euros que aporta el municipio al certamen de arte flora contemporáneo de Córdoba Flora, los miles de euros que se gastan en flor al año las cofradías a las que les ayudamos, los… Suma y sigue. ¿O nos pensamos, es otro ejemplo, que los 80.000 claveles de la Batalla de las Flores son gratis? Y sin contar cuánto cuesta el trabajo de miles de voluntarios en esas fiestas cuidando o pinchando flor. ¿O tiene precio el cariño que le veíamos a nuestra abuela poner en aquella maceta? Y vale la pena. Flora, por ejemplo, crea un impacto económico en la provincia de 46,9 millones de euros. Pero eso no quita que si nos gastamos una pasta inmensa en vendernos como La ciudad del azahar y otros, simplemente, te dejan en ridículo con imitaciones para bobos y ponen la buchaca… Al que se le queda cara de tonto es a uno mismo.
Hay quien me dice que el Ayuntamiento no tiene instrumentos legales para controlar la proliferación de elementos de estética bajuna en la vía pública. Pues no se me ocurren ideas imaginativas. En todo caso, disculpen por plantear más cuestiones que dar respuestas. Pero cuando paso por los barrios antiguos y veo esos engendros de plasticorro solo puedo preguntarme: «¿Y eso qué coño pinta aquí?».














