El Salón del Automóvil de Pekín ha evidenciado esta semana la primacía china en uno de los sectores estratégicos de Europa y EEUU. El alud de novedades en marcha y por venir aglutina tecnologías que van a hacer ‘morder el polvo’ a la industria del Viejo Continente o a obligarla a dar la espalda al desarrollo y la innovación mediante aranceles draconianos. De las novedades que describen los cronistas de la muestra pekinesa cabe destacar algunos modelos de BYD de cuyo nombre no quiero acordarme y que resumen el fin de los frenos psicológicos a la compra de coches eléctricos o híbridos en el mercado español. BYD anuncia híbridos enchufables con autonomía de 2.000 kilómetros y carga eléctrica de 0 a 100% en 10 minutos. La quinta generación del sistema híbrido de BYD, que efectivamente haría ‘morder el polvo’ a cualquier competidor en Europa, configura coches eléctricos respaldados por un motor de combustión. El consumo se anuncia inferior a los tres litros a los 100 kilómetros. El precio en china de alguno de esos contendientes que se van a vender ya allí parte de los 14.000 euros. En China, los coches de lujo-lujo están en torno a los 30.000 euros.
Pero lo de BYD no es una rareza. El alud de novedades es real, el abanico de marcas chinas es particularmente amplio y su ecosistema automotriz absolutamente apabullante y eficiente. Chery, BYD, Geely, MG o Leapmotor son algunas de esas marcas que marcan el ritmo. Y atención a los sistemas de conducción autónoma, que en China van a dar el salto en un año o dos a lo sumo, ya sin necesidad de poner las manos en el volante cada poco tiempo.
‘Morder el polvo’
Lo de ‘morder el polvo’ que se anuncia para la industria del automóvil occidental es una forma de expresar la derrota industrial más amarga y especialmente dolorosa que se avecina y que solo los microcoches pueden mitigar en Europa (y que en china son apenas testimoniales). En China triunfa el cochazo en tamaño, prestaciones y lujo. Y mientras la UE se enfrenta a la necesidad de armarse hasta los dientes para hacer frente a la amenaza rusa, Extremo Oriente marca el ritmo tecnológico. Caer rendido en la pelea comercial e industrial es una cosa, pero ‘morder el polvo’ es una expresión más literal de origen medieval y que describe la mala sensación previa al estertor, tras besar la tierra con la boca abierta y probablemente sin dientes ya, el beso postrero previo a la muerte tras una justa o bohurt. Y la situación internacional actual, pese a no ser justa medieval, sí anuncia que la industria occidental está a pocos años de besar el suelo, mascar terruño y oler a tierra, estar más lejos de la vanguardia y más cerca de los humillados.
Pies de barro en un momento exigente
Los mercados siguen anclados a cierto optimismo por la evolución de los índices y las bolsas, pese a las incertidumbres generadas por la guerra en Oriente Medio. Javier Molina, analista de mercados de eToro, destaca que «el mercado sube apoyado en beneficios sólidos y en el impulso de la IA, pero con un liderazgo muy concentrado y exigente en valoraciones. La energía marca el equilibrio: el repunte del petróleo presiona inflación y tipos, mantiene a los bancos centrales en modo restrictivo y condiciona especialmente a Europa. La tendencia es alcista, pero dependiente de factores externos (energía, política monetaria y concentración tecnológica), lo que aumenta la fragilidad en esta fase del ciclo». Como otros analistas, cataloga la situación de manera ambivalente, optimista pero al mismo tiempo con precaución extrema, en lo que describe como «subidas con pies de barro en el momento mas exigente del ciclo». Los índices aguantan, los beneficios crecen y inteligencia artificial sigue atrayendo capital. «Pero cuando se conectan los datos clave (energía, beneficios, tecnología y empleo) la lectura es más exigente, pues la subida existe, pero depende de factores externos al propio mercado», explica. Y después están los anuncios de despidos en empresas tecnológicas. Pese a que se cuentan en muchos miles, algunos analistas consideran que se trata de sustitución de puestos más que de despidos netos. En cualquier caso, se trata de unos 400.000 empleos menos en las empresas del índice S&P 500 de la Bolsa de Nueva York, en lo que supone la primera caída del empleo en este índice desde 2016. Ambivalencia o ‘morder el polvo’, cuestión de paradigma o punto de vista.












