La monarquía británica ha vuelto a presentarse como un comodín diplomático de gran utilidad para el Reino Unido en un momento de creciente tensión con Estados Unidos. El rey Carlos III de Inglaterra ha aterrizado este lunes en Washington para iniciar una visita de Estado de cuatro días en la que tratará de reforzar una “relación especial” maltrecha, especialmente en materia comercial y de defensa, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. El primer ministro británico, Keir Starmer, confía en que la visita sirva para acercar posturas con la Administración estadounidense y ayude a dejar atrás los ataques verbales que Trump ha lanzado contra él en los últimos meses.
Las dificultades para culminar un acuerdo comercial y para eliminar los aranceles, así como sus diferencias sobre la guerra en Irán, han provocado un distanciamiento sin precedentes entre los dos países. Trump ha cargado duramente contra Starmer por su negativa a participar en los ataques contra el régimen iraní, asegurando en tono burlesco que el líder laborista “no es Winston Churchill”, mientras que Starmer ha insistido en que no cederá a las “presiones” del presidente estadounidense. El monarca, acompañado por la reina Camila, tratará de engrasar las relaciones entre la Casa Blanca y Downing Street aprovechando la conocida admiración de Trump por la monarquía británica.
Arma diplomática
No es la primera vez que el Gobierno laborista juega la carta de la familia real para ablandar al líder estadounidense, quien se convirtió el pasado septiembre en el primer mandatario en realizar dos visitas de Estado al Reino Unido. La pompa y el beato de la monarquía no dieron los resultados esperados a largo plazo, pero muchos confían en que el rey consiga acercar posturas en este viaje, celebrado con motivo del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. “[Carlos III] es un hombre valiente y una gran persona. Sin duda alguna, [su visita] será algo positivo”, ha asegurado Trump a la BBC horas antes de recibirle en la Casa Blanca.
El plato fuerte de la visita será este martes, cuando Trump y su esposa, Melania, reciban formalmente a los reyes en la Casa Blanca con honores militares. El monarca y el líder estadounidense mantendrán posteriormente un encuentro bilateral en el despacho Oval antes del discurso de Carlos III en el Capitolio, el primero de un monarca británico desde el que pronunció su madre, Isabel II, en 1991. Por la noche se celebrará un banquete de Estado en honor a los invitados, quienes tienen previsto desplazarse a Nueva York y a Virginia antes de volver al Reino Unido el jueves.
Sombra de Epstein
La visita se produce pocos meses después de la publicación de miles de documentos sobre el caso Epstein, los cuales han puesto de nuevo el foco en los vínculos que tanto Trump como el expríncipe Andrés, hermano de Carlos III, mantuvieron durante años con el pederasta estadounidense. Los familiares de Virginia Giuffre, la mujer que aseguró haber mantenido relaciones sexuales con Andrés hasta en tres ocasiones y que se quitó la vida el año pasado, han reclamado al monarca que se reúna con ellos para mostrar su solidaridad con las víctimas de Epstein, pero ni la Casa Blanca ni el Palacio de Buckingham tienen previsto abordar un asunto muy incómodo para las dos partes.
El viaje de los reyes se celebra bajo fuertes medidas de seguridad tras el presunto intento de asesinato sufrido por Trump este fin de semana. Los dos equipos han estado evaluando la situación en las horas previas a la visita y han descartado que el incidente suponga un riesgo añadido para la seguridad de los monarcas, quienes han agradecido el “trabajo veloz” de las personas involucradas en la preparación del viaje. Solo falta por ver hasta qué punto las palabras y los gestos de concordia de Carlos III servirán para dar oxígeno a una relación bilateral que se encuentra en uno de los peores momentos de su historia reciente.
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