Todo lo sembrado en los dos últimos partidos se vio plasmado en los primeros compases del choque frente al Espanyol, donde el Levante se adueñó del balón y fue la cara visible sobre el césped del RCDE Stadium. Fue difícil recordar un encuentro donde los de Luís Castro dominasen los hilos de la posesión con tanta claridad, hasta el punto de que protagonizaron la oportunidad más clara del primer asalto pese a que Ryan, a los dos minutos del inicio, blocó un balón punteado por Kike García sin imprimir apenas fuerzas. Paco Cortés, renunciando a su duende con tal de filtrar un pase entre centrales, detectó la subida de un Víctor García que buscó la escuadra contraria, pero que se topó con una gran estirada de Dmitrovic para negarle el primer tanto de los suyos.
Fueron 15 minutos esperanzadores, que dieron rienda a soñar con una victoria del Levante en Cornellà para pisar territorio de salvación hasta que el Espanyol, sigilosamente, dio un paso al frente. Los de Manolo González arrinconaron a los granotas mediante un fútbol inofensivo, pero que merodeó con bastante frecuencia el área levantinista. Sin embargo, el Levante ni podía ceder más terreno ni perder sus niveles de concentración. Fueron en posición antirreglamentaria, pero el meta granota sacó el brazo para desviar un lanzamiento de Kike García y Ndonge, recogiendo un balón prolongado desde dentro del área, se topó con el palo. Señal de que el Levante o recuperaba sus señas de identidad o cortaba su progresión clasificatoria bruscamente.
Una vez reanudado el encuentro, y resueltas las dudas florecidas en el tiempo de descanso, los granotas recuperaron terreno perdido y, como mínimo, le robaron el cuero al Espanyol, aunque la falta de claridad y de soluciones exigió savia nueva y cierta frescura sobre el terreno de juego. Mientras, el equipo de Manolo González atacó sin colmillo, moviendo el esférico con poco criterio mientras Edu Expósito, disparando un rechace de la zaga defensiva que se fue por el lateral de la red defendida por Mathew Ryan, intentó despertar a los suyos. Salieron en el 60’ Kervin Arriaga y Losada y, cinco minutos después, la dupla que, tras perder todo su brillo y toda su magia por diferentes circunstancias, apura sus opciones para volver a ser diferenciales en lo que resta de competición: Etta Eyong y Carlos Álvarez. No le valía el empate a los granotas y Luís Castro empezó a quemar prácticamente todas sus naves.
Sin embargo, la necesidad de puntuar le hizo tomar al equipo decisiones precipitadas, fruto de los nervios y de la ansiedad de huir de la parte baja de la clasificación. Pese a ello, el encuentro se sumergió en un intercambio de golpes timorato, mientras, por otro lado, los segundos corrieron en contra, sobre todo, del Levante… hasta que Pol Lozano, en apenas dos minutos, vio dos tarjetas amarillas. Cuando menos lo parecía, un rayo de esperanza cruzó el césped de Cornellà con una falta, a unos 20 metros de la portería, donde Etta falló una ocasión clamorosa: se acomodó el balón, tras ser escupido por la barrera defensiva, y Dmitrovic sacó un pie salvador. Manos a la cabeza de todo el banquillo granota y de la totalidad del levantinismo. No es para menos: el Levante la tuvo y, para más inri, se quedó a centímetros de sumar tres puntos vitales. En el último suspiro, un disparo de Carlos Álvarez desde la frontal del área lo escupió el larguero tras un ligero desvío con la yema de los dedos de un Dmitrovic que se convirtió en una pesadilla. En sus paradas estuvo la victoria del Levante. Y quién sabe, si la salvación.













