La memoria de Bretó empieza a tomar forma en cuadernos escritos a mano. Se trata de una iniciativa de la Asociación Montes Negros que denomina «Dejando Huella» y que ha hecho coincidir en estos días con la conmemoración del Día del Libro. La asociación ha reunido a vecinos de distintas edades con el objetivo de recordar, compartir y conservar la historia cotidiana del pueblo. La respuesta ha superado las expectativas, aseguran desde la organización. La valoración «ha sido súper positiva” y, además, el grupo «articipante, formado mayoritariamente por mujeres, salió «súper contento» de una experiencia que tendrá continuidad en los próximos meses.
El taller, que reunió a personas de entre 40 y 80 años, arrancó con un ejercicio sencillo consistente en evocar lugares de la infancia, rincones, edificios y escenas de la vida en Bretó. A partir de ahí, los recuerdos fueron fluyendo. «Es verdad que escribir les cuesta un poco, pero saben muchísimo de memoria», explican desde la asociación. La clave estuvo en la puesta en común. Cuando uno empezaba a hablar, los demás completaban, matizaban o recuperaban nombres y situaciones que parecían olvidadas. «Fue muy bonito porque compartimos un montón de recuerdos», señalan
Aunque la propuesta parte de la escritura individual, el componente oral ha sido fundamental. Cada participante decide si quiere leer en voz alta lo que ha anotado, pero ese momento colectivo ha servido para reconstruir historias desde diferentes generaciones. «Cada uno compartía sus recuerdos desde su generación y los poníamos en común», apunta una de las participantes. Esa mezcla ha permitido enriquecer el relato común.
Objetivos del proyecto
El proyecto tiene una doble finalidad. Por un lado, que cada vecino construya su propio libro de memorias, pensado para su entorno más cercano. «La intención es que vayan plasmando sus vivencias para que sus hijos, sus nietos o sus sobrinos tengan ese recuerdo de cómo vivían ellos en Bretó», explican. Por otro, la asociación trabaja ya en la recopilación de ese material para crear, a medio plazo, un documento digital que recoja la historia del pueblo a partir de las aportaciones voluntarias de sus vecinos.
Tras este primer encuentro, los participantes se han llevado sus cuadernos a casa con la invitación de seguir escribiendo. «Cada vez que se acuerden de algo, los animamos a que lo apunten», comenta. Los talleres continuarán con carácter mensual hasta agosto, con nuevas dinámicas para seguir despertando recuerdos y ampliando contenidos sobre fiestas, vestimenta, celebraciones o formas de vida.
El verano marcará un punto clave en la iniciativa. Coincidiendo con la llegada de más vecinos y visitantes, la asociación prepara un taller familiar orientado a las generaciones más jóvenes. La idea es que salgan a las calles, hablen con los mayores y conozcan de primera mano cómo era la vida en el pasado.














