El alirón tendrá que esperar, pero está muy cerca. Los resultados que se dieron ayer impidieron que el CD Tenerife cerrase el anhelado ascenso a Segunda División en el primero de los intentos donde las matemáticas daban un resquicio para que cuadrase la ecuación perfecta. Eso sí, solo una de las nueve combinaciones posibles (11%) daba al representativo la llave de su regreso al fútbol profesional. Ahora, los porcentajes cambian.
El paisaje será diferente el próximo viernes, con una diferencia de puntos que se mantiene inalterada: nueve puntos entre el primer y segundo clasificado. Lo que no varía es que son Tenerife y Celta Fortuna los únicos que optan al campeonato, solo que con un porcentaje extraordinariamente desigual de oportunidades. Mientras los blanquiazules lo tienen a tiro de tres puntos más, los vigueses aprietan para retrasar el desenlace. Aunque, en realidad, ya casi han arrojado la toalla.
Una vez más, al cuadro gallego le tocará jugar primero. El representativo había solicitado formalmente a la Federación jugar el 1 de mayo para así evitarse la coincidencia con el Baile de Magos de la capital, previsto para el día siguiente. Pues bien, lo que hizo la organización fue aceptar la petición blanquiazul, pero adelantar todavía más el turno del Celta, que abrirá la jornada ese mismo día, pero dos horas antes. Los de Fredi Álvarez tienen un compromiso teóricamente asequible en su feudo ante el casi desahuciado Osasuna Promesas, mientras el Tenerife recibe a un equipo instalado en la zona noble como el Barakaldo, que le ganó en la primera vuelta en Lasesarre (2-0). Importante: si el equipo gallego pierde su partido, entonces ya la fiesta será una realidad y el Tenerife habrá vuelto a LaLiga. De este modo, podría darse una situación insólita en los 103 años de vida de la institución chicharrera: que el equipo celebre un ascenso sin jugar. Concretamente, en el momento en que se produzca la salida del equipo al campo, pues para entonces se prevé que esté concluyendo el partido del filial en Barreiro.
Sea como fuere, la fiebre es total por la jornada del 1 de mayo. Incluso antes de conocerse los resultados de ayer, los no abonados blanquiazules se lanzaron de forma masiva a la compra de localidades, habilitada en la web oficial desde hace días. Cuando se activó la venta, existían dos opciones felices muy diferentes: que ese partido fuese el de la celebración o el que sirviese para consumar el ascenso. Ahora, todos los pensamientos van direccionados a que ocurra esto último. En el vestuario blanquiazul insistían anoche en el mismo mensaje: dependen de sí mismos. Incluso si el Celta ganase, si luego al término de los 90 minutos del Heliodoro el Tenerife hubiese logrado vencer, el objetivo estaría cumplido. En caso de que el cuadro gallego empatara, al Tenerife también le valdría con ganar e incluso con calcar la igualada de los celtiñas. Si las cuentas cuadran, se podrá festejar el alirón en casa, una opción que se le resiste al club desde hace años.
La última vez que pudo darse una gran fiesta en casa fue en 2023, pero el Girona lo evitó. El equipo de Luis Miguel Ramis sucumbió frente al equipo rojiblanco en la final por el ascenso a Primera. Fue una ocasión muy especial, pero a la vez un desencanto mayúsculo el que produjo el resultado final (1-3), que disparó a los catalanes a la máxima categoría y dejó a la afición local con lágrimas en los ojos. Hasta entonces, existía una gran tradición de que todas las grandes gestas tocase celebrarlas a domicilio: Almendralejo en 1961, Sevilla en 1989, Butarque en 2001, Montilivi en 2009… y también la histórica promoción de Riazor o el último ascenso, logrado justamente con Cervera en el banquillo y también fuera de casa, en el campo de La Freixa Llarga contra el Hospitalet. El viernes, la historia puede girar y brindar al tinerfeñismo un gran día en el Heliodoro, que podría convertirse en el epicentro de la celebración.














