El entorno del Hospital General Universitario de Elche se ha convertido de nuevo en un punto negro de aparcamiento desordenado, con coches invadiendo arcenes, vías de servicio, aceras y hasta tramos de la carretera nacional en una situación que vecinos y usuarios consideran cada vez más caótica. La falta de plazas suficientes en la zona, un problema arrastrado desde hace años, ha consolidado un escenario de estacionamientos improvisados en los accesos al centro sanitario y a la circunvalación, con maniobras que dificultan el tráfico, ralentizan la entrada de vehículos y, en los peores momentos, llegan a comprometer incluso la llegada de ambulancias en servicio de urgencia.
Hay conductores que se las ingenian en cualquier sitio para poder aparcar. | ÁXEL ÁLVAREZ
La estampa se repite a diario en el Camino Viejo de Santa Pola, en la vía de servicio que enlaza con la circunvalación y en varios descampados próximos al hospital y a la Ciudad de la Justicia. Allí, ante la imposibilidad de encontrar sitio en los espacios habilitados, decenas de conductores optan por dejar el coche donde pueden, muchas veces con dos ruedas fuera del asfalto, ocupando parte de la calzada o bloqueando zonas de paso peatonal en un entorno especialmente sensible por el volumen de tráfico y por la presencia constante de personas que acuden al hospital.

Aparcar en el arcén de la carretera nacional que pasa por el Hospital General Universitario de Elche es una constante y las maniobras muchas veces causan claro peligro. | ÁXEL ÁLVAREZ
Peatones en peligro

Imagen en la que se aprecia la escasez de espacio entre los coches aparcados en el arcén y la mediana. | ÁXEL ÁLVAREZ
Fuentes conocedoras de la situación explican que el entorno del hospital y de la circunvalación lleva años funcionando como un refugio para quienes no encuentran aparcamiento en otros puntos próximos. El problema, sin embargo, se ha agravado con el tiempo. Los coches llenan el arcén del Camino Viejo de Santa Pola, pero la situación es más delicada aún en la vía de servicio que conecta con la circunvalación, donde numerosos vehículos estacionan invadiendo parcialmente la calzada.
Ese uso irregular de la carretera genera un riesgo evidente para la circulación, pero también para los peatones. Quienes dejan allí el coche caminan después por la propia calzada, sin un itinerario seguro y, en muchos casos, cruzando por zonas de escasa visibilidad. La curva de esa vía de servicio, donde no hay buena perspectiva para conductores ni viandantes, multiplica el peligro. La combinación de tráfico rodado y personas andando por el centro de la vía o cruzando entre coches ha convertido el punto en un foco permanente de riesgo vial.
A ello se suma la saturación de la carretera nacional próxima al hospital, donde también se observan a diario numerosos vehículos aparcados en los márgenes. Las maniobras de entrada y salida al punto de aparcamiento dificultan el tránsito normal, obligan a esperar más tiempo en el semáforo y ralentizan la circulación general. Según las quejas recogidas en la zona, esa congestión llega a afectar en determinados momentos al acceso de ambulancias con emergencias al recinto hospitalario, algo especialmente delicado en uno de los principales complejos sanitarios de la comarca.
Parte del origen de esta situación está en el cierre, hace más de una década, de uno de los solares asfaltados que funcionaba de hecho como aparcamiento en el entorno del hospital. Ese espacio quedó vallado y dejó de utilizarse, aunque con el tiempo sus vallas han acabado en gran parte derribadas por el viento y por el deterioro. En la zona, además, se ha detectado presencia de personas sin hogar que, según relatan testigos, se refugian en ese recinto.
Desde el cierre de aquel solar, el estacionamiento se ha desplazado de forma todavía más desordenada a otros terrenos de tierra, donde los conductores aparcan sin señalización, sin accesos definidos y entre socavones. Los coches más bajos, de hecho, llegan a rozar o golpear la parte inferior al entrar o salir de estos descampados. En estos espacios no existe una organización mínima del tráfico y cada conductor accede por donde puede, generando una imagen de parking improvisado que se extiende tanto de día como de noche.
Según ha podido saber este diario de usuarios habituales, los solares que en su día sirvieron de alivio para la presión del aparcamiento tuvieron que cerrarse después de que la empresa concesionaria del servicio de estacionamiento presentara quejas ante el Ayuntamiento por considerar que existía una situación de competencia desleal. Desde entonces, lejos de resolverse, el problema se ha redistribuido por los márgenes de la circunvalación y los terrenos sin urbanizar de la zona.
Quejas vecinales
Los residentes de Atzavares llevan tiempo denunciando esta situación. Las protestas se han dirigido a la OMAC y también a la Policía Local, sobre todo por la invasión de la única acera existente en algunos tramos, que dificulta o directamente impide el paso a pie. Vecinos de la zona aseguran que caminar por allí resulta en ocasiones imposible, incluso para quienes llevan un carrito de bebé. La ocupación de aceras y de uno de los pasos de peatones agrava todavía más la inseguridad en un punto ya muy tensionado por el tráfico.
No es una situación nueva. INFORMACIÓN ya publicó en 2023 una noticia bajo el título «El déficit de plazas en el Hospital y los juzgados provoca otro parking improvisado en Elche», en la que se advertía del aumento de vehículos que estacionaban «a la desesperada» en un descampado sin señalizar junto a la Circunvalación Sur. Entonces ya se describía cómo decenas de coches se salían de la carretera para entrar en una parcela de tierra entre este vial y el Camino Viejo de Santa Pola, aparcando «sin ningún orden», invadiendo carriles de circulación de vías de servicio y ocupando espacio entre matorrales.
Aquel artículo ya alertaba también de otra escena que hoy sigue repitiéndose: la de peatones que, tras aparcar, se ven obligados a transitar por arcenes o incluso por carriles de circulación para dirigirse al hospital. La información recogía además que el cierre del aparcamiento gratuito que tenía el Hospital General en un solar privado había empeorado la situación en este enclave. Desde entonces, las quejas no han cesado y el volumen de coches estacionados en precario ha seguido creciendo.
La publicación de 2023 recordaba asimismo que los vecinos del campo, cansados de pedir soluciones y medidas al Ayuntamiento, habían tenido que recurrir en varias ocasiones a la Policía Local para denunciar el problema. También señalaba que la proliferación de vehículos en este solar había traído consigo la presencia de gorrillas en las inmediaciones del Hospital General y de los juzgados, un fenómeno que en la zona sigue siendo percibido como parte de un problema más amplio de saturación y falta de control.
En aquella misma línea, el equipo de gobierno llegó a solicitar a la Generalitat el asfaltado del solar frente a la Ciudad de la Justicia para mejorar el estacionamiento en otro de los puntos tensionados del entorno. La respuesta fue negativa porque esa parcela, propiedad del Consell y situada en la calle Eucalipto, está reservada para futuros edificios sociales. La fecha de ese desarrollo sigue sin concretarse.
El problema del aparcamiento en este ámbito afecta así a varias bolsas de suelo pendientes de transformación urbanística. Uno de los solares que hoy sirven como alivio irregular para los conductores se encuentra en la zona del sector E-18, donde hay proyectadas 123 viviendas unifamiliares. En ese punto de la ciudad están previstos más de 20.000 metros cuadrados de superficie para un residencial y 11.230 metros cuadrados para uso terciario. El expediente municipal para desarrollar ese sector se remonta a 1996 y comenzó a reactivarse antes de la pandemia, sin que hasta ahora haya cambiado una realidad inmediata: la de un entorno sanitario y judicial donde cada vez más conductores aparcan como pueden y donde el caos del tráfico es una imagen cotidiana.
La consecuencia es un círculo vicioso: faltan plazas, crecen los estacionamientos improvisados, empeora la seguridad vial, se colapsan accesos y los peatones quedan cada vez más expuestos. En una zona tan sensible como la del Hospital General Universitario de Elche, el desorden ya no es sólo una cuestión de incomodidad o de falta de civismo, sino un problema de movilidad, de seguridad y de funcionamiento básico del acceso a un servicio esencial.














