La redención a través del ruido. Hay artistas que pasan su carrera buscando una voz, y otros que, tras encontrarla, tienen el valor de romperla para descubrir qué hay dentro. Ruth Lorenzo pertenece a esta última estirpe. La conocimos bajo los focos de los grandes platós, desde la intensidad de The X Factor hasta la épica de Eurovisión, pero la mujer que hoy tenemos delante no busca la aprobación de un jurado, sino la redención a través de la distorsión. Ruth Lorenzo ha hecho lo que pocos se atreven a hacer cuando alcanzan la cima: saltar al vacío para encontrarse con su propia sombra. No busca el aplauso de la academia, sino el sudor de la primera fila. Y el resultado de ese impacto tiene nombre propio: Blacksheep, un disco que huele a asfalto, a verdad y a rock (con mayúsculas).
Olvida la purpurina, las baladas de cristal y el traje de gala. Ruth regresa a sus raíces, al cuero y a la verdad del directo con un disco conceptual que es, por encima de todo, una declaración de principios. Grabado en el santuario sonoro de Real World Studios con la propia Ruth Lorenzo coproduciendo con Emilio Esteban, este trabajo es un proyecto coral donde el virtuosismo se pone al servicio de la emoción cruda, ‘from Murcia to the world’. Se ha rodeado de una banda de músicos de su tierra, reafirmando que el empoderamiento no es solo un mensaje en sus letras, sino una forma de trabajar en equipo. Con el ojo de la portada observándonos como quien lee un pecado confesado, Lorenzo nos demuestra que el verdadero empoderamiento no es una pose, es la capacidad de versionar a Led Zeppelin sin que te tiemble el pulso y de retomar el legado de bandas como Saga con la madurez de quien sabe que el rock no es un género, sino una forma de sobrevivir.
Te has despojado de tu apellido. ¿Necesidad de diferenciar, nueva etapa, o simplemente queda más rockero?
Ruth es un nombre con un simbolismo muy fuerte. Un nombre bíblico sujeto a un personaje sumiso. Es una mujer moabita que es leal y fuerte, pero que se ve destinada a complacer y adaptarse para sobrevivir. Fue durante nuestra estancia en Real World, mientras grabamos el disco, que la banda eligió el nombre de RUTH. Había varios nombres sobre la mesa, pero fueron los chicos quienes vieron necesario reescribir la historia de Ruth y darle su lugar. Hay un gran paralelismo entre mi historia y la suya.
Presentas Blacksheep no solo como un disco, sino como una declaración de principios, y lo arrancas con I hate my life. Tras años en la industria, ¿de qué te has liberado exactamente para convertirte en esta ‘oveja negra’? ¿Cómo describes este disco? ¿Cuál es el concepto fundamental?
La reivindicación de la identidad propia como forma de expresión. Todos somos únicos y diferentes, pero unidos somos más fuertes. No pertenecer a un rebaño dormido, sino caminar con individuos con un mismo propósito: la familia a la que eliges. La industria me ha enseñado mucho, sobre todo lo que no quiero. He aprendido sobre contratos y enredos de letra pequeña que te esclavizan Y también he aprendido que normalmente los discursos de la industria que constantemente se basan en números de algoritmos creados por ellos mismos son simplemente ruido. Si silencias ese ruido y escuchas las vísceras, ahí encuentras la verdad de tu camino.
Venimos de verte en tesituras muy distintas, pero aquí el rock es el eje vertebrador. En Londres colaboraste con Jeff Beck. ¿Es este el sonido que siempre tuviste en la cabeza, o es el resultado de una evolución necesaria?
Hay dos estilos de música que me marcaron profundamente desde la infancia. Supongo que por el poder emocional que tienen para hacerte sentir bajo la piel: la ópera y el rock. La ópera formaba parte del día a día en casa, sobre todo María Callas. Mi familia emigró a Estados Unidos cuando yo era pequeña, y en el salvaje oeste de Utah aprendí todo lo que necesitaba saber sobre el blues y el rock. Más adelante, durante mi tiempo en el Reino Unido, trabajé con el mejor guitarrista del mundo: Jeff Beck. Me enseñó mucho sobre cómo grabar guitarras, sobre cómo buscar ese sonido que te atraviesa el corazón. Ha sido un placer para mí poder trabajar con uno de los grandes y ahora poder poner en práctica todo lo que he aprendido.
El rock no es un género, es una forma de sobrevivir
Siempre mencionas tu vinculación con el grupo Saga. Este álbum tiene también mucho de vuelta a los orígenes. ¿Qué queda de aquella Ruth que empezaba en el rock de base en esta estrella que hoy pisa festivales?
Sigo llegando a las salas a la hora del montaje, porque me gusta formar parte de todo el proceso técnico. En mi época con La Saga tiraba cables, asistía al técnico de sonido y luego me subía a cantar como si fuese el escenario más grande del mundo, aun estando en un pueblo de la Mancha.Esa parte de mí es esencial, porque es la que conoce todos los secretos de un escenario. Desde lo aparentemente más insignificante, como puede ser peinar cables, a lo más hermoso, que para mí es el contacto con el público.
La portada del disco parece cargada de simbolismo, presidida por un ojo. ¿Qué has querido expresar con el título, qué mensaje buscas trasladar? ¿Qué está mirando ese ojo ahora que antes no quería (o no podía) ver?
El título está bastante claro: La oveja negra. En la portada aparece una niña que representa la inocencia abrazando su parte más única, esa parte que forzosamente los sistemas implantados en nuestra sociedad prefieren que escondas para que sigas al rebaño sin hacer demasiadas preguntas. El ojo bien abierto, simbolizando que ves la verdad, que no estás ciego. Todo esto en un tono de surrealismo que Nicolás Martínez, nuestro director artístico, ha sabido plasmar interpretando cada una de las canciones en la portada.
Has trabajado mano a mano con Rafa Sardina. ¿Cómo ha sido ese proceso de ‘trabajo en equipo’ para dar forma a un proyecto tan personal, pero a la vez tan coral?
El secreto de un buen proyecto es elegir bien al equipo humano que lo forma. Para la producción y mezcla ha sido clave que todos estuviéramos en sintonía. Yo tenía una dirección muy clara y una meta a la que llegar, un sonido aplastante con un color nostálgico.Emilio Esteban ha sido clave para la producción y grabación en cinta; la ingeniería de grabación, no hay otro como Rafa Sardina (por sus manos han pasado desde Michael Jackson a Bunbury). Y el regalo absoluto ha sido poder trabajar con una de las ingenieras de mezcla más reconocidas del mundo, una de las primeras mujeres en mezclar a gente como Prince o Foo Fighters. Sylvia Massy es una reina absoluta.
La industria me ha enseñado sobre todo lo que no quiero
Grabaste en los estudios de Peter Gabriel. ¿Sientes que la mística de Real World se filtró en las pistas del disco? Presumes de haber grabado en cinta analógica. ¿Hubo algún momento ‘mágico’ durante la grabación?
Evidentemente, estar en un sitio tan mágico como los estudios Real World de Peter Gabriel impregna la música o lo que estés haciendo en sala en ese momento. Grabar en cinta tiene algo muy especial, sobre todo porque no íbamos buscando la toma perfecta en cuanto a técnica, sino la toma perfecta en cuanto a energía, y eso captarlo en cinta es algo único.
Temas como I Hate My Life o The Game sugieren una honestidad brutal. ¿Es más difícil escribir sobre la vulnerabilidad extrema o sobre el empoderamiento?
Es curioso que cuanto más verdad hay, menos complejidad existe a la hora de escribir. Creo que lo complejo es intentar amoldarte a algo que no eres. Este disco se ha escrito desde la improvisación, desde el dejarse fluir sin ningún tipo de resistencia. Y en ese dejarse fluir encuentras tantos colores, y descubres las luces y sombras de cada uno de los que estamos componiendo. Ver nacer canciones es algo único.
Dirty Love y Stick & Stones: Estos títulos huelen a directo. ¿Cuál de las nuevas canciones te costó terminar con más ‘sangre, sudor y lágrimas’?
Es curioso cómo cada una de las canciones que han quedado en el set list de Blacksheep han sido las que no han tenido sangre, sudor y lágrimas. Si nos encontrábamos frente a alguna canción que no fluía, decidimos no dejarla dentro del set list.
En tus directos incluyes una versión de Whole Lotta Love de Led Zeppelin. ¿Qué significa para ti Robert Plant y cómo te enfrentas a un ‘himno sagrado’ para hacerlo tuyo?
Robert Plant es el padre del hard rock, y la manera en la que se fundó Led Zeppelin es totalmente inspiradora. Nosotros reinterpretamos musicalmente la emoción de “Whole Lotta Love”; no intentamos hacer una versión; dejamos que la canción nos hable y la redescubrimos interpretándola a nuestra manera.
Tu banda está formada por músicos murcianos. En un mundo tan globalizado, ¿qué importancia tiene para ti rodearte de la energía de tu tierra para salir a conquistar el resto del mundo?
Bueno, mi frase estrella es «from Murcia to the World»; siempre lo digo. Aquí tenemos todo lo que necesitamos para hacer grandes cosas, pero sobre todo los murcianos tenemos algo muy especial, y es que no tenemos miedo a soñar en grande. Murcia es la oveja negra de España, siempre subestimada; se ríen de nosotros, pero lo que más sorprende es que nosotros nos reímos más. Aquí queremos disfrutar, hacemos las cosas para disfrutar. Como dice nuestro querido Alcaraz, él juega al tenis para divertirse; si no, no merece la pena. Los murcianos sabemos que el éxito es disfrutar de lo que haces.
Lo complejo es intentar amoldarte a algo que no eres
Te hemos visto como presentadora en Aria, locos por la ópera. ¿Cómo conviven la diva que analiza la ópera y la rockera que rompe la voz en un escenario? ¿Se alimentan entre sí?
Somos exactamente la misma, y una sirve a la otra. El día y la noche pertenecen a las mismas veinticuatro horas.
The X Factor y Eurovisión son hitos innegables en tu carrera. ¿Ves esos momentos como vidas pasadas, o como los cimientos necesarios para llegar a este Blacksheep?
El éxito de Factor X siempre lo recuerdo como si le hubiese pasado a otra persona, porque fue tan brutal que fue muy difícil de asimilar en el momento. A Eurovisión le tengo un cariño muy grande porque fue la manera de volver a mi país y poder seguir haciendo música, pero esta nueva etapa es la que me está llenando el corazón de una manera inmensa.
Este disco parece diseñado para el sudor de las salas y el aire libre de los festivales. ¿Cómo habéis adaptado el concepto de blacksheep al formato festivalero?
El disco es conciso y muy de frente. Así que es perfecto para llevarlo al directo. Estamos deseando subirnos al escenario del Fortaleza Sound en Lorca, y sobre todo, por primera vez en mi caso, pisar el escenario del Sonorama. Esta gira de Salas nos ha confirmado algo que intuíamos: BlackSheep es un disco para vivirlo en vivo y en directo.
¿Qué quieres que sienta el público tras un concierto de esta gira? ¿Qué expectativas has depositado en ella?
Nuestra meta es que la gente salga del concierto habiendo podido sentir bajo la piel emociones intensas y descubrir algo de su verdad oculta y su identidad propia. Y que puedan encontrar hogar en nosotros. Comenzamos esta gira sin ningún tipo de expectativas, y nos ha dejado boquiabiertos, pues la reacción de la gente en cada una de las salas en las que hemos estado ha sido impresionante. Nos hemos retroalimentado, y esa sensación es el clímax de un trabajo artístico como este.
Me dijiste que Ruth ha nacido con vocación internacional, «from Murcia to the world». ¿Qué planes hay previstos?
Ya hemos empezado a soñar despiertos en pisar festivales y tocar más allá de las fronteras del Pirineo. Este proyecto empezó así, soñando despiertos, y se ha materializado dejándose llevar. Deseo lo mismo para lo que está por venir.
Horario
- Viernes 24, a las 22.00 h
- Sala Mamba, Murcia
- Desde 25 euro













