Tarareando ‘Dios es un stalker’ de Rosalía, Pedro Luis Domínguez Quevedo (Madrid, 2001), internacionalmente conocido como Quevedo, se pasea por la terraza del Boutique Hotel Cordial de la Plaza de Santa Ana. Su nuevo disco, ‘El Baifo’, ya ha visto la luz a ritmo de reguetón, afro y otros estilos; un abrazo a su tierra con colaboraciones que muchos y muchas estuvieron tiempo tratando de adivinar. Tranquilo y cercano, el cantante grancanario se remonta a sus comienzos con el rap y el ‘freestyle’, recuerda su disco ‘Buenas Noches’ y reivindica que cumplir sueños desde el Archipiélago es más que posible en una entrevista concedida a La Provincia, diario del grupo Prensa Ibérica.
El disco se llama ‘El Baifo’. Pero también te autodenominas en algunos de los temas como «el caprichoso» o «el chiquillo». ¿Por qué te quedaste con el nombre de «el baifo»?
Me gusta el juego de palabras. En redes se usa para referirse al mejor, la cabra, el goat. Las siglas de G.O.A.T. significan ‘The Greatest Of All Time’ [El mejor de todos los tiempos]. Y el baifo es algo tan canario que creo que va muy ligado con el disco. Todavía no estoy en el punto más alto, pero sí que me siento como la cría. Estoy en el principio de mi carrera todavía, pero ya he llegado a un punto interesante.
Es como un nombre humilde, pero también guay.
Sí, tiene las dos connotaciones. Hay una canción en la que lo digo: humilde y arrogante. Pero las dos con motivo.
Una de las claves del proceso creativo de este disco ha sido que volviste otra vez a hacer música sin expectativas. Todo empieza en ese ‘camp’ en Ibiza hace un año, donde te reuniste con tus colegas como hacías al principio.
Fue también el momento en el que hice clic y vi que necesitaba hacer todo sin expectativas, quitarme peso a la hora de crear. Sobre todo, para disfrutar más el camino y disfrutar más lo que es hacer un proyecto. Yo siempre lo he disfrutado y lo disfruto mucho, pero en otros momentos me he metido presiones añadidas que quizá nunca hubiera imaginado tener a la hora de crear. Al final a mí lo de crear me sale solo. Es mi cosa favorita en el mundo. Creo que mientras lo haga de la manera más pura y con menos ruido de fuera mejor.
En Ibiza compusieron 21 canciones en 5 días, ¿esperabas que eso pasara?
A ver, te voy a ser sincero. Fue como cuando estás empezando un proyecto y todavía no tienes una línea de nada y simplemente es fluir, pasarlo bien. Además, estaban todos, no fui yo solo el que las compuso. Yo compuse algunas, otros compusieron otras, entre todos compusimos una, dos. Fue fluyendo así. Es mucho más sencillo porque realmente es hacer, hacer, hacer, divertirse y disfrutarlo. Al no tener esa presión o ningún tipo de límite a la hora de crear, fue simplemente hacer y divertirnos.
En total, han salido unas 60, 70 canciones en todo el proceso de composición, de las que han elegido 14. ¿Cómo sabes que una canción es la canción? Jader, de tu equipo, decía el otro día que es como que una melodía te escupe en la oreja.
Jader siempre dice lo mismo (risas), que es como que le da la cosquillita en la oreja, como que va un poquito más allá y le llena del todo. Pero, para mí, va muy ligado a si con el tiempo la escucho y me mueve igual que cuando la hice. Creo que siempre trabajo con bastante tiempo de antelación a la hora de crear, como todos los artistas, para sacar algo. Y creo que el tiempo es como un buen medidor. Igualmente hay un montón de canciones que se quedan fuera porque creo que no es el momento o porque creo que hay otra canción que tiene el mismo mensaje o representa lo mismo, pero de una mejor manera. No todas las canciones que se quedan fuera son descartes, hay muchas que me da mucha pena dejar. Pero tampoco puedo sacar un disco de 60 canciones. No tendría sentido.
Esto que cuentas te ha pasado con la canción de ‘Al golpito’, que es tu favorita del álbum.
Es como una primera escucha todo el rato para mí. Me impacta mucho y me emociona, te lo juro. Y no es que sea una canción supertriste. Creo que tiene algo emotivo en el ritmo, en la unión de Nueva Línea conmigo. Tiene algo muy especial.
Tiene un mensaje también muy bonito, que las cosas buenas al final llegan poco a poco y que hay que tener paciencia.
Efectivamente.
El otro día comentabas eso de que todos los artistas pueden copiar una parte de la melodía, que ya todo está inventado y que al final tú empezaste a hacer música porque escuchabas a otros artistas que hacían música. ¿Te acuerdas de qué canción o en qué momento tú escuchaste algo y dijiste: ‘Yo quiero hacer música también’?
Me ha pasado con mucha gente, en muchas etapas, y con muchos tipos de música distintos. Cuando empecé a tomármelo medio en serio lo que más me movía era el rap. El disco de ‘Moonlight’, de Cruz Cafuné fue uno que me marcó mucho. Todo lo que hacían los raperos de la Isla me marcaba mucho. Había un chico que se llamaba Tenebroso, que era de aquí y que era muy bueno. Además, yo lo conocía y pensaba ‘joder, si este pibe está haciendo esta movida, yo podría hacer una movida parecida’. Y luego están Los Titanes y la gente de Puerto Rico, que también he crecido escuchándolos. Cuando Mike Towers sacó ‘Easy Money [Baby]’, fue ese momento de decir: ‘Yo quiero hacer esto’. Y cuando en la cuarentena salió ‘Yo Hago Lo Que Me Da La Gana (YHLQMDLG)’ de Bad Bunny, fue el momento en el que yo dije, vale, yo ya no me quiero poner ni límites. Quiero hacer lo que me salga, reguetón, rap. Quiero tener una carrera de momentos diversos, que no sea siempre lo mismo.
¿Te acuerdas de la primera vez que te pusiste delante de un micro?
Sí, me acuerdo. Fue para hacer un ‘freestyle’. Tenía un amigo que había estudiado conmigo en la ESO y él se fue a otro instituto. Un año más tarde, le hablo y de repente él estaba haciendo canciones. Él y yo siempre hablábamos de ‘imagínate algún día hacer algo’. Y fue con él que empecé. Un día fui a su casa, tenía un micro y tenía su ordenador ahí, los altavoces… Nosotros improvisábamos mucho, hacíamos ‘freestyle’. Y le dije: ‘Mira, ponme una base, me hago un ‘freestyle’, me lo grabo y me voy para mi casa’. Fue con él, no había más gente en el estudio, entonces no me pareció como impactante.
No hubo nervios.
No. Luego ya, la primera vez que fui a grabar con dos chicos que no conocía mucho, en casa de un productor que se llama Deiver, como nunca había estado en un estudio de alguien que no conocía, ahí se me impactó. Porque además tenía una cabina que era como más profesional. Estuvo guay, fue una buena experiencia.
Imagino que ya esos nervios en el estudio están fuera.
Que va, a mí me da igual, yo me pongo ahí a pegar gritos. A mí me encanta el momento del estudio. Lo disfruto un montón. Nervios ya… A ver, si hay muchísima gente delante, de repente algunas veces me pongo más tenso.
Sí, pero aquí son nervios buenos, de que te enralas.
Sí, sí, de que me apetece. Pero es verdad que me gusta estar en confianza en el estudio. No me gusta que haya gente de fuera mirando. No me mola. Porque no llego a soltarme del todo.
Hablando del disco de ‘Buenas Noches’, contaste que es un álbum que representa una parte tuya más pequeña, una parte más ególatra. ¿Por qué fue entonces el momento de sacar Buenas Noches y ahora es el momento de sacar ‘El Baifo’?
Creo que necesitaba como darme un golpe en el pecho de ‘joder, mira hasta dónde has llegado’. Como de demostrármelo a mí mismo también. Siento que siempre había estado con la cabeza muy agachada con todo lo que había hecho. En la primera parte de mi carrera y cuando pasó todo, creo que tomaba decisiones desde el miedo, desde el desconocimiento. ‘Buenas Noches’ es como, vale, he llegado hasta aquí y me agradezco a mí mismo por todo el trabajo que he hecho. Y creo que eso saca un poco el ‘ego trip’ que tiene ese álbum. Que tampoco me parece que el álbum entero sea de ego, pero tiene canciones como muy divertidas y muy desinhibidas. Como que se nota que no son reales, son yo vacilando en el estudio y pasándomelo bien sin pensar en lo que vaya a opinar el resto.
A lo mejor proyectando un personaje en ese momento.
No te diría tanto un personaje, porque yo siento que en ninguno de mis proyectos me he puesto un disfraz. Es lo que decía el otro día. Es una parte quizá que está muy escondida dentro de mí y que no es la capa más visible. Es simplemente un trocito pequeño de mi personalidad.
Capas tenemos todos al final.
A mí lo que me gusta es que los proyectos sean míos. Que sean de Pedro, aparte de Quevedo. Algunos van más conectados con Pedro al cien por cien y otros no tanto. Pero creo que en ese momento era necesario ese abrazo a la fama y a las expectativas. Que esto lo he elegido yo, en verdad. Ha pasado y ha pasado. No puedo volver para atrás y cambiar la historia. Lo único que puedo hacer es abrazarlo, disfrutarlo y agradecerme a mí mismo por todo lo que he hecho hasta ahora.












