Imagínese un padre que quiere ir con su hijo a ver el Brasil-Marruecos de la primera fase del Mundial 2026, debut de la selección de Raphinha y Vinicius. Se disputa en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, hogar de los Giants y los Jets de la NFL. Entra en la web de la FIFA y ve el coste de las entradas: de 1.600 a 2.380 dólares. No las dos, sino cada una. Los precios son dinámicos, como en los aviones, a través de un sistema aleatorio y opaco, así que, cuidado, aún pueden subir más.
Decide hacer el astronómico esfuerzo y las compra. Mira cómo llegar al estadio en cuestión y se percata que el tren que parte desde el centro de Manhattan y que regularmente cuesta unos 12,90 dólares ida y vuelta, saldrá durante el Mundial por 150. Precios anunciados oficialmente por la TMB de Nueva Jersey para un viaje de apenas 15 o 20 minutos. Tiene el autobús como alternativa, no tan cara, pero lejos de ser razonable: sube a 80 dólares. Y si opta por el coche, verá que el aparcamiento en el MetLife no bajará de los 200. Cabe imaginarse el sudor frío del hombre ante el atraco a mano armada de una experiencia que debería ser emocionante.
Una persona camina por la plataforma de NJ Transit en la Penn Station de Manhattan, en Nueva York. / CHARLY TRIBALLEAU / AFP
No sucede solo en Nueva Jersey. En Boston han apostado por precios similares y un viaje en autobús hasta Foxborough, donde actúan habitualmente los New England Patriots, el billete de bus alcanzará durante la cita balompédica los 95 dólares. Y aún deberá caminar luego 15 minutos hasta el estadio. Cuesta imaginar un Mundial más hostil para los aficionados.
Una fiesta cara
Un primer paquete de entradas se puso a la venta en octubre, se abrió una segunda ventana en diciembre y hace unos días salió la tercera. La inauguración en Ciudad de México (un México-Sudáfrica) va de los 2.285 a los 8.341 dólares. Ver debutar a la anfitriona EEUU supera los 2.700 dólares. Un España-Cabo Verde en Atlanta, con todos los visos de tener la emoción de un tiovivo infantil, oscila de los 622 a 3.550 dólares. Contra Arabia Saudí, la segunda cita del equipo de Lamine Yamal, va de 864 a 2.664 dólares. Y así todos en la primera fase. Y no se hacen constar aquí los pases VIP: 17.000, 18.000, 20.000 dólares… La fiesta del fútbol promete ser en EEUU, Canadá y México accesible solo para los ricos. O los inconscientes. Confetis de oro.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con periodistas al lado del presdente de la FIFA, Gianni Infantino, minutos antes del sorteo del Mundial 2026, en Washington. / WILL OLIVER / EFE
Una entrada general para la final, en Nueva Jersey, comenzó a venderse en diciembre por unos 5.500 dólares (seis veces más que en Qatar 2022) y se sitúa ahora mismo en los 11.000 dólares. Empieza a ser conocido como el partido de cualquier deporte más caro de la historia. Más que una Super Bowl, una final de la NBA o incluso un concierto de Taylor Swift con todas las pulseras para abrir todo tipo de puertas.
Conviene remarcar que no se trata de precios de reventa, sino oficiales, avalados por la FIFA de Gianni Infantino, el dirigente que tuvo la ocurrencia de regalar un premio de la Paz a Donald Trump. Emoticono de la risa. En la reventa oficial -existe y está permitida en algunos lares- la FIFA se lleva también un 15% de porcentaje del vendedor y comprador. Una asociación de aficionados en Inglaterra pidió en diciembre que se parara la venta al considerar los precios «una traición monumental» al espíritu popular de la competición. Oídos sordos, claro.
Curiosamente, Infantino y los suyos se han puesto las manos en la cabeza por los precios del transporte en Nueva Jersey y Boston. “El modelo de precios actual tendrá un efecto disuasorio. Las tarifas elevadas inevitablemente empujan a los aficionados hacia opciones de transporte alternativas», protestó Heimo Schirgi, director de operaciones del Mundial 2026, a través de un comunicado. “Esto aumenta la preocupación por la congestión y los retrasos”. Por contraste, en sedes como Los Ángeles, Atlanta, Filadelfia o Kansas City los precios de un ticket sencillo de tren se mantienen. Los dos o tres dólares habituales.
La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, había declarado anteriormente que el contribuyente no tiene por qué asumir la factura de 48 millones de dólares en refuerzo de personal y seguridad que el acontecimiento exige, cuando la FIFA generará 11.000 millones de dólares. “La FIFA debería subvencionar los viajes de los aficionados», afirmó Sherrill. Schirgi contestó que menuda ocurrencia, que los 11.000 millones son ingresos, no beneficios. Por venta de entradas, por derechos de televisión, por merchandinsing… Las fuentes de billetes son amplias para el organismo internacional.
Los precedentes de la FIFA
La FIFA ya ha demostrado en el pasado reciente pocos escrúpulos y mucha avaricia. Rusia 2018 y Qatar 2022 se convirtieron en mal disimuladas operaciones de lavado de imagen a través del deporte de régimenes controvertidos, por ponerlo de alguna manera. Volverá a suceder con Arabia Saudí en el Mundial de 2034.
Y en medio, el Mundial norteamericano, el primero que ha decidido canibalizar los ahorros del aficionado medio. La inflación futbolítica es salvaje. Ya solo falta ver vetos de entrada en la frontera (cosa que ya se ha anunciado a seguidores de Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal en EEUU) o redadas de ICE durante algún partido. Cabe dudar de una reacción de Infantino que vaya más allá de un encogimiento de hombros. Anchos los tiene.
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