La apertura este jueves de la exposición «Línea, luz, color. Los cómics de Miguel Calatayud» en el Centre Cultural La Nau supone el reconocimiento a uno de los autores que transformaron desde dentro el lenguaje de la historieta y lo conectaron con la modernidad artística europea.
Para el comisario de la muestra, Álvaro M. Pons, la figura del autor valenciano ocupa un lugar singular en la historia del cómic. “Sus primeros trabajos fueron absolutamente pioneros”, subraya, al recordar cómo las historietas publicadas en la revista Trinca a comienzos de los años setenta rompieron con las convenciones dominantes en España. “En un momento en el que el cómic español seguía modelos muy tradicionales, Calatayud introduce de forma natural el pop-art y las influencias de las vanguardias, abriendo nuevas posibilidades narrativas a través de la línea y el color”.
Miguel Calatayud. / Germán Caballero
«Se adelantó a su tiempo»
Nacido en Aspe en 1942, Calatayud forma parte de una generación que creció en una España todavía marcada por la rigidez cultural, pero que encontró en el dibujo y el diseño un territorio fértil para experimentar. Su obra se desarrolló en paralelo a la efervescencia artística valenciana de finales de los años sesenta, un contexto en el que colectivos como Equipo Crónica o Equipo Realidad exploraban la iconografía popular y la cultura visual contemporánea.
En ese escenario, las historietas de Calatayud se convirtieron en una anomalía creativa. Series como Peter Petrake o Los doce trabajos de Hércules no solo sorprendieron por su estética -inspirada en el diseño gráfico, el pop-art o la publicidad- sino por su manera de narrar. Frente al dibujo naturalista dominante, Calatayud apostó por la síntesis visual, el ritmo compositivo y un uso expresivo del color que transformaba la página en un espacio narrativo complejo.
Según explica Pons, esa apuesta supuso un punto de inflexión decisivo: “Calatayud se adelantó a su tiempo y sentó las bases del concepto de línea clara mucho antes de que el propio movimiento se formulara teóricamente”. Esa anticipación explica que su obra haya sido reconocida posteriormente como uno de los pilares de la renovación del cómic europeo moderno.

Exposición de Miguel Calatayud en La Nau / L-EMV
La construcción de un lenguaje
La exposición que se ha inaugurado este jueves -la mayor retrospectiva dedicada hasta ahora a su producción historietística- permite recorrer esa evolución desde sus primeras publicaciones hasta sus trabajos más maduros. Pero, como señala el comisario, el objetivo no es únicamente mostrar originales, sino explicar cómo se construye un lenguaje visual. “La muestra propone entender cómo funcionan la línea, el color y la tradición en su obra, y cómo cada uno de esos elementos se convierte en parte activa del relato”.
Uno de los aspectos que más destacan los especialistas es la manera en que Calatayud concibió el color como un recurso narrativo autónomo. En títulos como Conquistadores en Yucatán. La desaparición de Gonzalo Guerrero, el artista exploró la capacidad del color para generar significado, convirtiéndolo en un elemento estructural del relato. “En su obra, el color no es un añadido decorativo -apunta Pons-, sino un protagonista en igualdad de condiciones con el dibujo o la historia”.
Esa investigación visual continuó en obras posteriores como La pista atlántica o El Proyecto Cíclope, donde la línea clara adquiere una dimensión vinculada a la luz mediterránea. En ellas se reconoce también la influencia de múltiples referentes culturales, desde la mitología clásica hasta el cine musical o el diseño gráfico internacional.
Referentes e inspiraciones
La exposición organiza ese universo creativo en cuatro grandes ámbitos: las influencias, la línea, la tradición valenciana y el color. Cada uno de ellos permite comprender la profundidad de una obra que dialoga constantemente con la cultura visual. “Queríamos mostrar no solo los originales -explica Pons- sino también los referentes que inspiraron a Calatayud, desde la novela negra hasta autores como Heinz Edelmann, porque su trabajo es inseparable de ese diálogo permanente con otras disciplinas”.
Más allá del cómic, la figura de Calatayud ha tenido un papel esencial en la configuración de la cultura visual valenciana contemporánea. Sus portadas para publicaciones como Cartelera Turia, así como sus carteles para ferias, festivales o campañas institucionales, contribuyeron a definir una estética vinculada a la modernización cultural de las décadas posteriores a la transición democrática.
Su influencia se extendió también al ámbito docente. Durante años, como profesor de dibujo, transmitió a generaciones de estudiantes una concepción abierta y experimental del arte. Quienes pasaron por sus aulas recuerdan el descubrimiento de autores y movimientos que ampliaban horizontes creativos en una época en la que el acceso a referencias internacionales era todavía limitado.

«Los 12 trabajos de Hércules» / L-EMV
Reconocimientos
Esa relevancia explica el reconocimiento institucional que ha recibido a lo largo de su trayectoria. Entre otros galardones, ha obtenido el Premio Lazarillo y el Premio Nacional de Ilustración en tres ocasiones -1989, 1992 y 2009-, un logro excepcional que confirma su posición como uno de los grandes nombres de la ilustración española.
La exposición que ahora abre sus puertas en La Nau permite contemplar, por primera vez de manera conjunta, esa faceta historietística que tantas veces ha quedado en segundo plano frente a su labor como ilustrador. En sus salas, originales, bocetos y materiales de referencia permiten reconstruir un proceso creativo basado en la curiosidad constante y la investigación visual.
“La obra de Calatayud sigue siendo profundamente contemporánea”, concluye Pons. “No solo porque abrió caminos en su momento, sino porque muchas de las preguntas que planteó sobre la relación entre imagen, color y narración siguen vigentes hoy”.
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