el Real acoge el inicio de su fiesta más soñada con aires flamencos y una ilusión intacta

Limpiarse la boca con la servilleta de papel después de tomar el último trozo de adobo en la caseta. Terminar de colocarte el pintalabios frente al espejo mientras tu abuela te dice: «Niña, ¿qué te queda?». Emprender camino hacia la portada para vivir el ambiente previo tras probar la primera copa de manzanilla en casa. Son tantas las realidades que confluyen en la noche del pescaíto que sería difícil enumerarlas todas. Es uno de los momentos más especiales para el calendario festivo de la ciudad: la Feria ha arrancado y el Real ya luce iluminado con sus mejores galas.

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