Una reducción moderada del peso corporal en personas con diabetes tipo 2 mejora la glucemia, habitualmente reduce la necesidad de medicación y mejora factores de riesgo cardiometabólico como la presión arterial, los triglicéridos o la esteatosis hepática (conocida como hígado graso) asociada a disfunción metabólica. Pero si, además, la pérdida de peso es mayor y sostenida, podría favorecer la remisión de la enfermedad, sobre todo si la evolución de la dolencia no es muy prolongada.
Así lo ha expuesto la doctora Ana Mª Sánchez Bao, que forma parte del servicio de Endocrinología y Nutrición de Ferrol (CHUF), en el en el XXXVII Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, que se celebra en Sevilla. En general, existe una relación gradual: a mayor pérdida de peso, mayor probabilidad de mejorar el control glucémico y otros parámetros metabólicos. Eso sí, los médicos remarcan que «no es una regla exacta ni idéntica en todos los pacientes».
Los beneficios suelen empezar con pérdidas relativamente modestas, en torno al 5-7% del peso inicial, pero con reducciones del 10% o más el impacto clínico suele ser más claro, y en algunos pacientes una pérdida del 10-15% o superior se asocia con una probabilidad mucho mayor de remisión de la diabetes.
Primero, mejorar
La especialista en Endocrinología y Nutrición del CHUF habla de umbrales clínicamente útiles: «primero, mejorar; después, consolidar; y, en algunos casos, aspirar a objetivos más ambiciosos, si son factibles y seguros. Los objetivos deben ser realistas y personalizados, según la duración de la diabetes, el tratamiento en curso, la presencia de complicaciones, la edad, la fragilidad, la composición corporal y las preferencias del paciente».
Aunque «el reto es mayúsculo», prosigue, actualmente se dispone de un amplio, variado y avalado arsenal de recursos terapéuticos que pueden ayudar al manejo eficaz de la obesidad en personas con diabetes tipo 2. «La evidencia apoya un abordaje intensivo, estructurado y personalizado», señala la médico.
Cambio de conducta
La base sigue siendo una intervención sobre alimentación, actividad física y cambio conductual, idealmente con seguimiento frecuente y adaptable. «No hay una única ‘dieta ideal’ válida para todo el mundo: lo importante es que genere un déficit energético, sea nutricionalmente adecuada y resulte sostenible para esa persona», recomienda.
Además, en los últimos años los tratamientos farmacológicos dirigidos al abordaje de la diabetes tipo 2 y la obesidad (en especial los agonistas del GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1) han demostrado «una eficacia muy superior a la de estrategias no farmacológicas aisladas» para la pérdida de peso inicial. Junto a esto, se sabe que en personas con obesidad y diabetes tipo 2, la cirugía metabólica sigue siendo la opción «más potente cuando está indicada».
En el encuentro, los expertos han remarcado que el mayor reto que se plantea actualmente en este ámbito es lograr el mantenimiento de la pérdida de peso a lo largo del tiempo, más aún sabiendo que cuando se retiran algunos tratamientos farmacológicos eficaces, la recuperación de peso es frecuente, lo que refuerza la idea de manejo crónico y seguimiento continuado. La obesidad es una enfermedad crónica y con tendencia a la recaída, se recuerda.
¿Enfermedad de la grasa?
Este interés clínico por incidir en el manejo de la obesidad en relación con la diabetes tipo 2 guarda una estrecha vinculación con un cambio de rumbo en lo que respecta a la concepción de la etiología de la diabetes, ha defendido en el mismo foro el doctor Rafael Violante Ortíz, vocal de la Asociación Latinoamericana de Diabetes (ALAD) y profesor en la Facultad de Medicina de Tampico (México), donde las tasas de diabetes superan el 12% en mayores de 20 años.
«Estamos ante una enfermedad de la grasa y no del páncreas, como se ha pensado durante muchos años. Hoy tenemos evidencia para pensar que la diabetes deriva de una disfunción del tejido adiposo y no necesariamente del páncreas, del hígado y del músculo», ha señalado.
El doctor Rafael Violante Ortíz dice que hay que «asumir ya la diabetes como una enfermedad relacionada con el tejido adiposo»
El experto mexicano aconseja «asumir ya la diabetes como una enfermedad relacionada con el tejido adiposo, con el peso; debemos enfocarnos ahí y dirigir todos los esfuerzos educativos y terapéuticos y de cambio el estilo de vida a que el paciente pierda peso«. Partiendo de esta idea, su recomendación en personas con diabetes y obesidad es «bajar el peso y la glucosa al mismo tiempo, y, después, también debemos focalizarnos en proteger el riñón, el corazón o el hígado». En este sentido, admite, los nuevos fármacos no solo están logrando reducir el peso, sino también proteger estos órganos diana.
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