Recuerdo mi etapa profesional en la banca como un entorno donde los resultados marcaban el ritmo de todo. Cada año era un nuevo comienzo, los objetivos se medían, se evaluaban, el pasado no servía como excusa, solo como aprendizaje.
En la política municipal, esta lógica no parece aplicarse. Los programas electorales se plantean a cuatro años, pero rara vez existe un seguimiento real y periódico de su cumplimiento, no hay revisiones anuales que permitan valorar si se avanza en la dirección correcta ni mecanismos claros de rendición de cuentas.
Llegado el final de la legislatura, se vuelve a prometer, se reformula el discurso y, si se logra convencer al electorado, todo vuelve a empezar, independientemente de lo que se haya cumplido o no.
Es cierto que hay etapas en las que se han logrado avances en España, por ejemplo, los planes de infraestructuras impulsados en los años 80 y 90 bajo gobiernos como el de Felipe González sentaron las bases de una red viaria que ha sido clave en el desarrollo del país. Pero también es cierto que esas decisiones tuvieron costes que aún hoy se arrastran. La cuestión no debería ser elegir entre elogiar o criticar el pasado, sino aprender de él con una visión equilibrada para mejorar el futuro.
Si trasladamos esta reflexión a Callosa de Segura, la situación resulta preocupante. La política local parece atrapada en un constante “y tú más”, donde unos reivindican asiduamente lo que hicieron en su momento y otros señalan las consecuencias negativas de aquellas decisiones. Mientras tanto, el presente se gestiona sin una visión clara de futuro.
Se habla de edificios construidos, de proyectos ejecutados, de inversiones realizadas, y todo eso es positivo y merece reconocimiento, pero también es necesario analizar cómo se financiaron esas actuaciones y qué impacto han tenido en la capacidad de gestión posterior del Ayuntamiento, gobernar con recursos es relativamente sencillo; hacerlo en situaciones de limitación económica requiere planificación, rigor y, sobre todo, responsabilidad y aquí es donde muchos políticos de nuestra localidad han fallado.
Hoy, Callosa de Segura vive en gran medida de las subvenciones procedentes de distintas administraciones, depender casi exclusivamente de estos recursos externos no es una estrategia de desarrollo, sino una solución coyuntural que no garantiza un crecimiento sostenido.
Mientras tanto, otros municipios de la comarca de la Vega Baja han experimentado avances significativos en desarrollo urbano, económico y social, aumentando su atractivo y sus oportunidades.
¿Qué necesita entonces nuestra ciudad para empezar a cambiar esta dinámica?
En primer lugar, es imprescindible contar con una nueva forma de hacer política. Se necesitan responsables públicos que no tomen la política municipal como un medio de promoción personal, un medio para satisfacer egos, un medio para resarcirse de errores del pasado, lo que realmente necesita nuestra ciudad son políticos nuevos, preparados, con vocación de servicio, que entiendan la política como una herramienta para mejorar la vida de los ciudadanos, con nuevas ideas, cercanos al pueblo y abiertos a la comunicación con los ciudadanos.
En segundo lugar, es fundamental abrir espacios reales de participación. La ciudadanía debe formar parte del debate sobre el futuro de su municipio. No basta con escuchar, hay que estar dispuesto a dialogar, a confrontar ideas y a construir consensos.
Y, en tercer lugar, resulta imprescindible diseñar un Plan Estratégico Local realista, medible y adaptado a una legislatura. Un plan que establezca objetivos concretos a corto, medio y largo plazo, con mecanismos de evaluación periódica que permitan corregir desviaciones y garantizar el cumplimiento de los compromisos adquiridos.
Esto, quiso implantarlo el anterior alcalde D. Manuel Martínez Sirvent, creando un Plan Estratégico para Callosa, tan ambicioso y tan a largo plazo, que por imposible ejecución se quedó en nada, pero la idea era buena, fallando en el establecimiento de los objetivos.
No se trata de grandes proyectos inalcanzables, sino de definir un camino claro que permita a Callosa situarse, en una primera fase, al nivel de otros municipios de su entorno. Solo entonces se podrán plantear metas más ambiciosas.
Porque, en definitiva, una ciudad que no sabe hacia dónde va, difícilmente llegará a algún sitio. Callosa de Segura necesita salir del estancamiento, superar las inercias del pasado y recuperar la ambición de construir un futuro mejor. Y eso solo será posible desde la autocrítica, el diálogo y una gestión basada en objetivos reales y evaluables.
En este proyecto de mejora local no sobra nadie, no se trata de ideologías, ni de credos, se trata de personas y todos podemos aportar.
Tenemos que ser capaces de establecer una nueva política colaborativa y no de confrontación y mochilas del pasado como la que tenemos actualmente que solamente nos lleva al bloqueo institucional.
Callosa, se lo merece. ¡Viva Callosa del Segura!
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