En las aulas universitarias nacen ideas y proyectos interesantes que muchas veces acaban olvidados en un cajón junto a una calificación académica. Eso mismo quisieron evitar Anna Martín, Marcel Rovira y Mariona Figueras, graduados en Ingeniería de Diseño Industrial, junto a su compañero e ingeniero químico Lucas Vicen, cuando cursando segundo de carrera en Elisava se empeñaron en que su idea podía tener un impacto real en el medioambiente y la sociedad.
Ese mismo año, mientras quedaban cada viernes por la tarde para desarrollar el proyecto, crearon Atom H2, reciente ganadora de los Premios EmprendeXXI en Catalunya como la ‘startup’ con más potencial. Una empresa que se dedica a sustituir generadores diésel en infraestructuras críticas como las torres de telecomunicaciones por un sistema híbrido que combina el uso de energía solar, baterías e hidrógeno sólido.
Convertir hidrógeno sólido en electricidad
El proceso para convertir hidrógeno sólido en energía lo explica Lucas Vicen, cofundador y director de tecnología: “Lo que hacemos, a través de energía renovable como los paneles solares, es coger el excedente de energía y generar hidrógeno con ese excedente. En vez de almacenarlo a altas presiones o a bajas temperaturas como se hace convencionalmente, lo pasamos a estado sólido mediante la tecnología de hidruros metálicos”, expone. “Esto permite tener mucha más cantidad de hidrógeno en el mismo espacio y a muy baja presión, siendo mucho más seguro y fiable. Cuando una torre de telecomunicaciones necesita esta energía, sacamos el hidrógeno de la bombona y lo volvemos a convertir en electricidad”.
El gran reto al inicio fue encontrar un nicho de mercado en el que encajar. Tras entrevistarse con múltiples empresas de varios sectores acabaron topándose con las torres de telecomunicaciones, «un mercado muy escalable que tenía una gran urgencia de sustituir los generadores diésel que se conectan en caso de emergencia o de un corte de luz por una solución más limpia, fiable y autónoma«, cuenta Mariona Figueras, cofundadora y directora de marketing de la ‘start-up’. Aquello les hizo ver que su tecnología tenía sentido y que «el proyecto no podía seguir en el aula y había que traerlo al mercado».
Gracias a la distinción lograda en los Premios EmprendeXXI que otorgan CaixaBank y Enisa, Atom H2 ha recibido un premio en metálico de 6.000 euros, además de tener acceso a un programa que incluye varias formaciones y conexiones con partners internacionales en Berlín. Todo ello mientras se encuentran ya en fase de industrialización, levantando una ronda de inversión de 2,5 millones de euros; trabajando en la primera implementación con su primer cliente, Cellnex; y habiendo entrado en el Acelerador de Innovación en Defensa del Atlático (DIANA) de la OTAN. Su objetivo para este año es comercializar nueve unidades.
Capacidad de aprendizaje y adaptabilidad
Dentro de la nueva generación de ‘start-ups’ tecnológicas españolas, van surgiendo proyectos estimulantes directamente de las aulas, talento sin trayectoria profesional previa. «Estos equipos proceden de titulaciones técnicas o científicas y, en muchos casos, su motivación inicial no es crear una empresa, sino resolver un problema complejo. Esa especialización les otorga una ventaja tecnológica difícil de replicar, que compensa la falta de experiencia laboral y se traduce en rigor, método y una notable capacidad de aprendizaje», asegura Gemma Beltrán, directora de DayOne, la división de CaixaBank especializada en empresas tecnológicas y sus inversores.
«Que seamos recién graduados nos da una adaptabilidad muy importante. Hemos aprendido que puedes tener una muy buena tecnología, pero que si el mercado no lo compra estás obligado a pivotar tu tecnología», defiende Anna Martín, cofundadora y CEO de Atom H2. «Xavier Verdaguer dice que ser emprendedor es cuestión de actitud, da igual si tienes una empresa o no», secunda Marcel Rovira, cofundador y jefe de operaciones. «Y con esa actitud has de tener la predisposición de remangarte en cada fase en la que estés para tirar hacia delante y moverte en la incertidumbre», añade Vicen.
Después, claro, el ecosistema innovador resulta clave para que estos proyectos den el salto al mercado. Atom H2, en su caso, ha pasado por varios programas de aceleración e incubó su proyecto en Silicon Valley con el emprendedor Xavier Verdaguer tras ganar el imaginPlanet Challenge en 2022.
«El salto al mercado de estos equipos no sería posible sin el ecosistema que los rodea: programas de emprendimiento, oficinas de transferencia e incubadoras que aportan el conocimiento empresarial que no tienen», expone Beltrán. «A ello se suma la llegada temprana de perfiles sénior y el papel formativo del capital especializado. El patrón es claro: tecnología diferencial, aprendizaje rápido y acompañamiento experto. Con esa combinación, el talento sin trayectoria profesional previa se está convirtiendo en una de las fuentes de innovación más potentes del país».












