No hay prensa más casposa y machista que la del corazón, y la relación de una mujer con un hombre mucho menor es un regalazo para quienes forman parte de ella. Trufa para los cerdos.
Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) se ha convertido en la mujer más envidiada de España después de que salieran a la luz imágenes en las que se la veía muy cariñosa con el actor Maxi Iglesias (Madrid, 1991). Alguno podría pensar que la bomba informativa le viene muy bien justo cuando se encuentra sobre los escenarios del Teatro Español con la obra Malquerida y con la película Amarga Navidad, recién estrenada en los cines. Es habitual en la industria de Hollywood que las productoras de cine se saquen de la manga supuestos romances de las estrellas que protagonizan sus películas en el momento de su estreno. La masa siempre pica el anzuelo y la taquilla lo agradece. No es el caso. Primero, porque todas las butacas para ver a Sánchez-Gijón en el teatro ya tienen dueño y, segundo, porque el filme que protagoniza lo firma Pedro Almodóvar, un director que no necesita de escándalos para tener una buena acogida del público.
Si alguien tuviera alguna duda, ahí está la cara de mustia con la que apareció ante los medios cuando se dirigía al teatro el día después de que aparecieran las fotos de la discordia en la revista Lecturas. «¿Pero quiénes sois vosotros? ¿De qué vais? Por favor, tengo una función que hacer. Gracias», fue su respuesta a la reportera a la que le había caído el marrón de conseguir las primeras declaraciones de la actriz. Desde aquí mi enhorabuena a ambas. Es el mejor testimonio que se podía ofrecer en ese momento. Directo al podio de los memes del año. Se puede ver cómo a esta dama del cine español se le revuelve el estómago a cada paso.
Poco tardaron las redes sociales en vincular ese «quiénes sois vosotros» con la pillada a Sara Montiel en el Ayuntamiento de Majadahonda justo después de casarse con Toni Hernández. Ella tenía 74 años y él, 36. «¿¡Pero qué pasa!? ¡¿Qué invento es esto!?», farfulló Saritísima, que había cerrado una jugosa exclusiva —superhortera— del enlace con una revista. Por esto también era una diva absoluta del cine español.
De Sánchez-Gijón, que lleva a sus espaldas más de una veintena de obras de teatro, se critica que le saliera una vena ciertamente poco amigable ante las insistentes preguntas sobre su vida privada, pero es que algunos olvidan que no es Sara Montiel. Ella lleva toda su vida pasando olímpicamente del papel cuché. Y bien que hace. De hecho, podría haber respondido peor. A Björk se le fue la mano —se lio a hostias— con una periodista en el aeropuerto de Bangkok en 1996. No se alarmen. Aitana Sánchez-Gijón tiene otro perfil.
Parte de los tertulianos, en platós o en redes sociales, la ponen a los pies de los caballos por no dignarse a interpretar el papel de actriz simpática y educada con quien le está haciendo preguntas incómodas por la calle. «Respeto mucho vuestro trabajo, pero no voy a responder a nada» es el comodín más usado. Yo aplaudo que una mujer que se dedica al cine responda con naturalidad, como le nace y sin filtros a un periodista que le pregunta por la persona con la que se besa, sobre el independentismo catalán o sobre la subida del precio de los huevos. Cualquiera de las cuestiones anteriores entra en el menú de casi cualquier alfombra roja hoy en día. Algunos están dispuestos a responder a todo. Ellos verán.
Si está un poco por las nubes, como en aquella película que rodó con Keanu Reeves (Un paseo por las nubes, 1995), tiene motivos para ello. Con Almodóvar acaba de hacer uno de los mejores papeles de su carrera ante las cámaras —según ha dicho ella misma—, va a estar en Cannes en breve, le dieron el Goya de Honor el año pasado y la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, lo peta en el teatro y está a punto de salir de gira, y, encima, disfruta de la compañía de un treintañero que ya quisieran las de su quinta —de la de él—. O a lo mejor es que se niega a pasar por el trámite de intentar caer bien a todo el mundo y a toda la prensa. Sería otro acierto. Su talento no se mide por el número de seguidores en Instagram o TikTok.
Hace unas semanas, en una entrevista para la revista Elle, dijo: «Esa idea de ‘yo ya lo he vivido todo, ya me he enamorado, estoy en paz’ es falsa. Cualquier cosa puede suceder a lo largo de una vida. Eso es apasionante«. A lo mejor por eso la critican. Porque sigue viviendo con pasión camino de los sesenta. Trufa para los cerdos.








