Es una técnica de enfriamiento superinteresante

Muchas personas se preocupan al verse la cara roja después de hacer deporte, pero en realidad no es más que una respuesta normal y saludable del cuerpo al ejercicio. Así de claro lo deja Alexia Hartmann, médica aérea y de expedición, en un vídeo que ha publicado en su perfil de Instagram.

Lo que ocurre es que, cuando hacemos deporte, aumenta muchísimo nuestra temperatura corporal interna, explica la doctora. Al activarse, los músculos generan muchísimo calor y, para que el organismo no se sobrecaliente, utiliza «una técnica de enfriamiento superinteresante», asegura.

Al aumentar la temperatura interna del cuerpo, este «coge todos los vasos sanguíneos y los hace más grandes», en un proceso llamado vasodilatación. Ocurre sobre todo en los vasos sanguíneos superficiales, añade, «para llevar esa sangre caliente a la superficie y liberar más rápidamente ese calor». Como la cara es una de las zonas más vascularizadas y su piel es mucho más fina que la del resto del cuerpo, todo ese aumento de flujo sanguíneo se nota enseguida en forma de rubor intenso.

A este fenómeno, cuando el cuerpo lleva la sangre caliente a la superficie para disipar calor, se le llama termorregulación y funciona de manera similar a cómo un radiador expulsa el exceso de temperatura, afirma Hartmann.

Una vez se termina la actividad física y el cuerpo se enfría poco a poco, los vasos sanguíneos vuelven a su calibre habitual y el tono rojo de la cara disminuye progresivamente. En la mayoría de las personas, esta rojez es transitoria y desaparece en menos de una hora, dependiendo de la intensidad del ejercicio y de factores individuales como el tipo de piel.

¿Cuándo debería preocuparme?

Aunque lo habitual es que sea un fenómeno benigno, conviene prestar atención a ciertas señales. Si la cara se mantiene roja de forma muy intensa durante más de una hora, se acompaña de mareos, dolor en el pecho, dificultad respiratoria o sensación de desmayo, puede indicar un problema de sobrecalentamiento, deshidratación u otra condición médica potencialmente grave.

También hay casos particulares, como en personas con rosácea, piel muy sensible o ciertos problemas hepáticos o vasculares, en las que el enrojecimiento puede ser más marcado o durar más tiempo. En estas situaciones, conviene ajustar la intensidad del ejercicio, cuidar la hidratación y, si las rojeces son muy molestas o frecuentes, pedir valoración profesional.



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