La Comisión Europea ha calificado de «preocupantes» las informaciones publicadas por el periódico estadounidense ‘The Washington Post’ que apuntan a que el ministro de Exteriores húngaro Péter Szijjártó habría filtrado conversaciones en el seno del bloque a su homólogo en Moscú y ha pedido explicaciones a Hungría.
El trabajo en el seno de la Unión Europea, especialmente los gobiernos, se basa en el principio de buena fe y cooperación sincera. Esto es especialmente importante a nivel del Consejo Europeo, donde se reúnen los líderes de los veintisiete países miembros. El actual presidente de Finlandia y quien fuera primer ministro, Alex Stubb, lo describió en una entrevista como «un club íntimo» donde primeros ministros y presidentes «pueden ser ellos mismos».
Pero esa intimidad está ahora en cuestión. El periódico estadounidense ‘The Washington Post’ publicó el pasado sábado que Hungría habría proporcionado de manera regular detalles a Moscú sobre deliberaciones internas a nivel europeo. Según esta información, Szijjártó habría informado de manera directa a su homólogo ruso, Sergey Lavrov. El húngaro ha calificado las informaciones de «noticias falsas».
A la espera de aclaraciones
«La supuesta revelación del ministro de asuntos exteriores húngaro a su homólogo ruso, de discusiones ministeriales a puerta cerrada en el Consejo, es sumamente preocupante y pone en entredicho la relación de confianza entre los Estados miembros», ha dicho Anitta Hipper, la portavoz de la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, durante la rueda de prensa diaria de la Comisión. «Esperamos que el Gobierno húngaro proporcione aclaraciones«, ha añadido.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha reaccionado asegurando que estas revelaciones «no deberían sorprender a nadie». Tusk ha asegurado que lleva tiempo «sospechándolo». Hasta tal punto que el expresidente del Consejo Europeo ha reconocido que durante las cumbres solo interviene «cuando es estrictamente necesario» y dice «lo justo y necesario».
Lo cierto es que desde hace meses los líderes de la UE cuestionan el respeto del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, al principio de cooperación sincera. Hungría veta de manera sistemática, aunque temporalmente, cualquier decisión en favor de Ucrania o contra Rusia. De hecho, Budapest mantiene bloqueada la concesión de un préstamo vital para mantener a flote a Kiev y el vigésimo paquete de sanciones contra el Kremlin.
Impotencia
En Bruselas hay una sensación de impotencia notable. En los tratados, no existen mecanismos para expulsar a un país de la Unión Europea. El único procedimiento previsto para suspender a un país, el famoso artículo 7, requiere unanimidad. Dada la estrecha relación de Orban y el eslovaco Robert Fico, esto parece impensable. Así que los líderes poco más pueden hacer que presionar a Hungría y afear a Orbán su conducta, en público y a puerta cerrada.
Las esperanzas están puestas en que sean los ciudadanos húngaros quienes resuelvan el problema en las urnas. Tras más de quince años al frente del gobierno, Orbán se enfrenta a unas duras elecciones el próximo 12 de abril. Las encuestas dan al líder de la oposición, Peter Magyar, la victoria. Los europeos esperan que tras los comicios, sea cual sea el escenario, Budapest dé vía libre a la aprobación de las sanciones y el préstamo. Si además gana Magyar, se acabaría el problema.
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