un híbrido que se conduce como eléctrico

Cuando se habla de híbridos enchufables, muchos sistemas siguen priorizando el motor de combustión. La estrategia de BYD con su tecnología DM-i (Dual Mode intelligence) es justo la contraria: diseñar un sistema donde el motor eléctrico sea el protagonista y el de gasolina funcione principalmente como generador.

Esa filosofía técnica ha permitido a la marca china desarrollar una familia completa de modelos electrificados (ATTO 2 DM-i, SEAL 6 DM-i y SEAL U DM-i) que, según datos del fabricante y homologaciones WLTP, pueden recorrer trayectos diarios en modo eléctrico y afrontar viajes largos con autonomías totales superiores a 1.000 kilómetros.

Cómo funciona la tecnología híbrida DM-i de BYD

La clave técnica está en el sistema EHS (Electric Hybrid System). Este conjunto integra motor eléctrico, electrónica de potencia y transmisión en un único módulo que elimina muchas de las pérdidas mecánicas habituales en los híbridos tradicionales.

El funcionamiento se basa en dos modos principales:

Modo EV: conducción 100 % eléctrica

  • El motor eléctrico impulsa las ruedas.
  • No hay consumo de combustible.
  • Es el modo predominante en trayectos urbanos o diarios.

Modo HEV: híbrido de apoyo inteligente

Cuando la batería baja de nivel o se requiere más potencia, entra en juego el motor de gasolina. Pero lo hace de forma diferente a muchos híbridos: en la mayoría de situaciones funciona como generador para alimentar el sistema eléctrico.

Solo en aceleraciones fuertes o adelantamientos el sistema cambia a un modo paralelo, combinando ambos motores. Esa transición es prácticamente imperceptible para el conductor.

Como explica Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de BYD, en una declaración difundida por la compañía en 2025: “La tecnología Dual Mode permite disfrutar de la conducción de un vehículo eléctrico sin preocuparse por la autonomía”.

El motor térmico también juega su partida

La eficiencia eléctrica se apoya en motores de gasolina diseñados específicamente para este sistema híbrido.

La versión atmosférica de 1,5 litros utiliza ciclo Atkinson y una relación de compresión de 15,5:1. Según BYD, alcanza una eficiencia térmica del 43 %, una cifra que se sitúa entre las más altas de la industria para motores de producción.

Existe también una variante turboalimentada de la misma cilindrada que alcanza 131 CV y que se utiliza en versiones más prestacionales.

La ingeniería va un paso más allá con una estrategia poco habitual: eliminar las correas auxiliares. Elementos como la bomba de agua o el compresor del aire acondicionado funcionan mediante motores eléctricos independientes, reduciendo pérdidas mecánicas.

Blade Battery: la batería estructural que sostiene el sistema

El soporte energético de todo el conjunto es la Blade Battery de litio-ferrofosfato (LFP). Este tipo de batería prescinde del cobalto y utiliza celdas alargadas que se integran directamente en la estructura del vehículo.

Según BYD, esta batería ha superado el conocido “Nail Penetration Test”, una prueba que simula la perforación del pack para evaluar el riesgo de incendio.

Las capacidades varían según modelo:

  • 7,8 kWh en el ATTO 2 DM-i Active
  • 10,08 kWh en el SEAL 6 DM-i Boost
  • 26,6 kWh en el SEAL U DM-i Comfort

Con esta última configuración, el SUV puede alcanzar hasta 177 kilómetros en ciclo urbano eléctrico y 125 km en ciclo combinado WLTP.

Una gama que cubre varios segmentos del mercado

La estrategia DM-i de BYD no se limita a un solo modelo. La marca ha desplegado esta arquitectura híbrida en varios segmentos clave.

BYD ATTO 2 DM-i

  • Potencia: hasta 212 CV
  • Autonomía combinada: hasta 1.000 km
  • Precio desde: 20.940 € con campañas

BYD SEAL 6 DM-i

  • Potencia: 184-212 CV
  • Autonomía combinada: hasta 1.505 km
  • Versiones sedán y familiar Touring

BYD SEAL U DM-i

  • Potencia máxima: 324 CV
  • 0-100 km/h: 5,9 s
  • Autonomía eléctrica: hasta 125 km WLTP

Además, todos los modelos incluyen tecnología V2L (Vehicle to Load), que permite usar el coche como generador eléctrico externo con una potencia de hasta 3,3 kW para alimentar dispositivos.

Un híbrido que busca parecerse a un eléctrico

La apuesta técnica de BYD responde a una tendencia clara en la industria: convertir al híbrido enchufable en una transición lo más cercana posible al coche eléctrico puro.

Con autonomías eléctricas que superan los 100 kilómetros en varios modelos y autonomías totales que pueden superar los 1.500 km combinando batería y combustible, la tecnología DM-i intenta eliminar dos de las grandes preocupaciones del conductor: el consumo diario y la ansiedad por la autonomía.

El resultado es un sistema híbrido que, en la práctica, funciona gran parte del tiempo como un eléctrico… aunque siempre tenga un plan B escondido bajo el capó.

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