La investigadora postdoctoral en el Instituto de Neurociencias, centro mixto de la Universidad Miguel Hernández y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, participa en la Semana del Cerebro que se celebra en el campus de Medicina en Sant Joan, donde impartirá este jueves a estudiantes que acuden a las actividades la charla divulgativa «¿Podemos tener células zombis en el cerebro?». Violeta Durán forma parte del laboratorio Plasticidad Celular y Neuropatología del profesor López-Atalaya.
¿Qué son las células “zombie”?
Las células “zombie” son células senescentes. Son células que podemos tener en cualquier parte del organismo y que se vuelven resistentes a la muerte. Es decir, cuando empiezan a comportarse de forma anormal, nuestro cuerpo no las elimina y, por lo tanto, pueden convertirse en células que afectan negativamente al funcionamiento del organismo.
¿Qué investigan actualmente en el laboratorio del que forma parte?
Nos centramos principalmente en células del cerebro llamadas microglías, que forman parte del sistema inmune cerebral. Estas células son muy importantes en múltiples patologías, incluida la enfermedad de Alzheimer. Estudiamos cómo actúan, cómo se comportan en condiciones normales y patológicas, y cómo podemos influir en ellas para desarrollar posibles terapias farmacológicas.
Violeta Durán, investigadora postdoctoral en el Instituto de Neurociencias UMH-CSIC / Alex Domínguez
¿Qué se ha conseguido hasta ahora en alzhéimer y qué queda por conseguir?
La enfermedad de Alzheimer afecta a muchísimas personas en todo el mundo y su importancia aumenta conforme la población envejece. Hasta ahora, se han desarrollado fármacos que pueden ralentizar parcialmente el desarrollo de la enfermedad, pero todavía no existe una cura. Lo que nosotros estudiamos es cómo las microglías y otros tipos celulares influyen en la enfermedad y cómo podríamos modificarlas para paliarla.
«Se han desarrollado fármacos que pueden ralentizar parcialmente el desarrollo del alzhéimer pero todavía no existe una cura»
Sin cura
¿Qué dificultades tiene desarrollar una cura?
Queda muchísimo camino por recorrer. La enfermedad es compleja y multifactorial: no basta con un solo fármaco, probablemente harán falta terapias combinadas que actúen sobre distintos mecanismos, incluyendo células neuronales, microglías, vasos sanguíneos y otros sistemas implicados. Además, necesitamos colaboración entre distintos tipos de científicos para comprender completamente la fisiopatología y poder intervenir eficazmente.
Aún se desconoce qué desencadena la enfermedad…
Exacto. Sabemos que en algunos casos la causa es genética: ciertas alteraciones en genes predisponen a desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Pero en muchos otros casos, la causa exacta es desconocida. También influyen factores ambientales y de estilo de vida, como la alimentación, el ejercicio y otros hábitos. La investigación sigue siendo necesaria para entender por qué y cómo se desarrolla la enfermedad.
¿Está afectando esta dolencia a personas cada vez más jóvenes?
Hay casos pero son menos frecuentes. Generalmente, en personas más jóvenes tiene una base genética clara. Por ejemplo, se estudian casos donde hay alteraciones genéticas que predisponen a la enfermedad desde edades tempranas. Pero la fisiopatología es muy similar a la de los pacientes de mayor edad, y tampoco hay cura para estos casos.
No basta con un solo fármaco, probablemente harán falta terapias combinadas que actúen sobre distintos mecanismos
Avances
¿Qué avances reales existen en cuanto a fármacos o vacunas?
Hay algunos fármacos que mejoran ligeramente la memoria o ralentizan síntomas, pero no curan la enfermedad. Respecto a la vacuna, se ha estudiado no hay una vacuna como tal. Lo que recientemente se ha estudiado es que la vacuna contra el virus del herpes zóster puede reducir el riesgo de desarrollar demencia, incluyendo alzhéimer, pero no es una vacuna contra la enfermedad. Lo que hace es prevenir la reactivación del virus, y se ha visto que los pacientes que se la inoculan presentan menos riesgo de demencia.
¿Cuánto tiempo podría pasar hasta que tengamos un avance real y definitivo?
Respuesta: La ciencia es lenta en este tipo de enfermedades. Desde un descubrimiento básico hasta un fármaco que pueda aplicarse en pacientes pueden pasar 20 años o más. Pero hay muchísimos científicos trabajando a nivel global, cada uno aportando una pieza del conocimiento, y eso acelera los avances.
Volviendo a las células zombie, ¿se puede hacer algo contra ellas?
Existen fármacos llamados senolíticos, que eliminan específicamente las células senescentes. Estos fármacos atacan rutas celulares alteradas en estas células, permitiendo eliminarlas de manera selectiva. Por ahora, la mayor parte de los estudios se ha hecho en modelos animales, como ratones, y se están comenzando algunos ensayos clínicos muy limitados en humanos.
La ciencia básica, los modelos animales y los ensayos clínicos son pasos necesarios para desarrollar terapias efectivas
Terapias
¿Qué papel tienen estas investigaciones en el desarrollo de terapias?
Nosotros no desarrollamos los fármacos, sino que estudiamos en el Instituto de Neurociencias cómo el uso de senolíticos y la eliminación de células senescentes puede mejorar procesos como el deterioro cognitivo en modelos animales. Esto nos ayuda a entender mejor la fisiopatología y proporciona información valiosa para futuros ensayos en humanos.
¿Qué es lo más motivador de divulgar la investigación?
Es muy gratificante ver el interés de estudiantes y público general. Hacer divulgación científica permite responder preguntas inteligentes sobre cómo funcionan estas células, qué terapias existen y cómo la ciencia avanza en la lucha contra enfermedades complejas como Alzheimer. Además, contribuye a concienciar sobre la importancia de la investigación y la necesidad de fondos para seguir avanzando.
¿Cuál es el mensaje principal para el público?
La investigación sobre la enfermedad de Alzheimer y células senescentes es compleja y requiere tiempo, pero los avances son constantes. La ciencia básica, los modelos animales y los ensayos clínicos son pasos necesarios para desarrollar terapias efectivas. Lo fundamental es apoyar la investigación, difundir conocimiento y mantener la esperanza de que, con el esfuerzo conjunto de la comunidad científica, se lograrán soluciones que mejoren la vida de los pacientes.
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