La crisis del lateral derecho en el Valencia CF suma un nuevo capítulo inesperado. Cuando el escenario parecía empujar al técnico Carlos Corberán a mirar hacia Paterna en busca de soluciones, la lesión de Miguel Monferrer en los isquiotibiales ha desactivado una de las alternativas que comenzaban a cobrar sentido. No era la primera opción en la hoja de ruta del entrenador, pero sí una vía coherente ante la acumulación de contratiempos físicos.
A los problemas de rendimiento en el costado diestro se unieron las lesiones de Dimitri Foulquier y Rubén Iranzo, además de la fragilidad física recurrente de Thierry Rendall. El propio Thierry tuvo que retirarse de una sesión reciente por molestias, dejando en evidencia la precariedad de la demarcación. En ese contexto, la cantera asomaba como un recurso natural. Sin embargo, el percance muscular de Monferrer en el isquio le aparta del corto plazo y obliga al técnico a recomponer el puzle con piezas del primer equipo, como la reconversión de Unai Núñez u otro futbolista de la plantilla.
Unai Núñez tuvo un buen debut en lo personal. En la imagen, el momento en el que fue cambiado por Thierry / J. M. LÓPEZ
La baja del castellonense no supone un giro radical en los planes (no encabezaba la lista de prioridades en el costado para el derbi), pero sí elimina una solución específica para el lateral derecho. En un momento en el que cada alternativa cuenta, perder una opción formada en casa y adaptada al perfil natural del puesto supone un contratiempo añadido.
Una lesión que frena su posible irrupción
El problema en los isquiotibiales llega cuando su nombre empezaba a deslizarse como posibilidad real. Monferrer arrastraba algunas molestias en las últimas semanas, pero la lesión confirmada le deja fuera de combate justo cuando la coyuntura podía abrirle la puerta del primer equipo.

Miguel Monferrer en la Copa del Campeones / JM LOPEZ
Corberán valoraba distintas variables para afrontar las próximas jornadas, consciente de que exigir a Thierry continuidad total hasta final de temporada es una quimera. La opción de acudir al filial encajaba como solución puntual, aunque el técnico ha sido reticente a tirar de cantera en el último año. Ahora, incluso esa bala se ha encasquillado.
El contratiempo obliga a mirar hacia dentro del vestuario profesional. La idea pasa por el costado derecho lo ocupe un jugador del primer equipo, aunque eso implique desnaturalizar posiciones. En ese tablero, Monferrer pierde una oportunidad que, sin ser inminente, sí parecía acercarse.
Lateral rocoso e inteligente
Más allá del percance físico, el perfil futbolístico de Monferrer explica por qué su nombre estaba sobre la mesa. Se trata de un lateral de corte defensivo, rocoso, intenso en el duelo y con buena lectura táctica. Su principal virtud reside en la solvencia atrás: es ordenado, competitivo y rara vez pierde la posición.
En etapa juvenil, bajo la dirección de Óscar Sánchez, desempeñó un rol clave en un equipo que rozó la Copa de Campeones y la clasificación europea. Desde el lateral derecho ejercía muchas veces de equilibrio, permitiendo que el carril contrario asumiera mayores riesgos ofensivos. En salida de balón, se cerraba por dentro para generar superioridades y liberar el carril para la profundidad de David Otorbi, una dinámica que dio riqueza táctica a aquel Juvenil A.

Monferrer en la Final de la Copa de Campeones / INSTAGRAM: miguelmnf_
No es un lateral exuberante en ataque, pero sí fiable. Se incorpora cuando la jugada lo pide, mide bien los tiempos y entiende el juego colectivo por encima del lucimiento individual.
De capitán en juveniles a fijo en el filial
La progresión del defensor ha sido constante. Capitán de su generación en juveniles, asumió galones desde temprano y trasladó esa madurez al filial. A las órdenes de Miguel Ángel Angulo, se convirtió en un fijo, acumulando 19 partidos esta temporada y superando el 75% de los minutos posibles hasta su lesión.

Monferrer pugna el balón con un rival del Real Madrid en las ‘semis’ de la Copa de Campeones / INSTAGRAM: miguelmnf_
Su adaptación al fútbol semiprofesional fue natural: intensidad, concentración y regularidad. Ese rendimiento sostenido le situó como la primera alternativa específica del filial para el lateral derecho una vez Iranzo quedó fuera de combate.
El escenario actual del primer equipo no es el más propicio para estrenos tranquilos, pero la realidad competitiva apuntaba a que su momento podía llegar antes de lo previsto. La lesión en el isquio aplaza ese posible salto. No lo descarta a medio plazo, pero sí le priva de una oportunidad que, en medio del caos del lateral derecho, comenzaba a dibujarse en el horizonte.














