No he llorado, me siento fuerte

No regresó para acabar contando una historia incompleta. Qué va. No habría valido la pena entonces aparcar una larga retirada de un lustro, tanto sufrimiento para aprender a competir con una rodilla en la que ahora hay titanio donde antes hubo hueso. Los límites del dolor hace tiempo que fueron traspasados en la búsqueda de un legado legendario ya escrito en el que, sin embargo, siempre cabe un capítulo de gloria más. Es lo que distingue a los elegidos, a hombres y mujeres como Lindsey Vonn.

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