Unas 400 ovejas cruzaron este sábado la cumbre de Gran Canaria en la primera trashumancia del año de la familia Mendoza, ya con la joven Belén y su hermano José Francisco al frente del rebaño tras la jubilación de su padre, Pepe el de Pavón. Los animales ya pastan en las verdosas laderas de la Presa de las Niñas.
La jornada arrancó muy temprano en el Cortijo de Pavón. A las cinco de la mañana se inició el ordeño de las ovejas de leche para prepararlas para la larga caminata por los municipios cumbreros, en un día frío pero con poca lluvia. A las ocho en punto salieron los animales bajo la atenta mirada de Belén Mendoza Vega -la menor de las hijas de Pepe el de Pavón y de Ana María-, que ha decidido seguir la tradición de cuatro generaciones de queseros pese a la sacrificada vida de los ganaderos.
Tras la jubilación de su padre, que cumplió los 65 años en febrero del año pasado, Belén y José Francisco se han puesto al frente del negocio para mantener el legado de sus bisabuelos, abuelos y padres, que desde hace un siglo mantienen la marca Cortijo de Pavón como referencia de los mejores quesos del Archipiélago canario, con numerosos premios nacionales e internacionales.
Belén se recuerda entre ovejas desde que tiene uso de razón y con siete o ocho años ya realizaba la trashumancia con el resto de la familia, hacia la Presa de las Niñas o la finca de Tirma, en Artenara. Los fines de semana ayudaba en la elaboración de los quesos.
«Mi madre nos dejaba atrás porque nos teníamos que quedar en el norte con un familiar para ir al colegio; yo solo los veía de viernes a domingo y luego volvía a casa», recordó durante una breve parada en el monumento de La Cesta, a las afueras del pueblo de Tejeda, antes de emprender el estrecho sendero hasta la Cruz de Timagada.
Familiares
Ese fue el lugar elegido para el descanso a medio camino. Allí repusieron fuerzas, tanto el ganado como el perro pastor, llamado Negro por motivos bien evidentes, y la docena de personas que acompañaron Belén y a José Francisco durante todo el trayecto, la mayoría familiares. O amigos como Isidoro Jiménez, experto en la elaboración de quesos. También pasaron a saludarlos el alcalde de Tejeda, Francisco Perera, y el director insular de Sector Primario del Cabildo grancanario, Alejandro Báez.
A sus 26 años, la menor de los Mendoza aseguró que se ve con ánimos para coger el relevo y convertirse en la única mujer que encabeza una de las pocas trashumancias que se mantienen en Gran Canaria. «Los tiempos cambian, pero de momento lo podemos continuar», apuntó.
El traslado del ganado en busca de los mejores pastos, en este caso desde las medianías del norte a las del sur, se realiza ahora en un solo día, casi de sol a sol, gracias a la ayuda de nuevas carreteras y de los vehículos. Antes no solo había que llevar a los animales, sino cargar todos los materiales para elaborar los quesos en la nueva ubicación, una mudanza completa que podía durar dos o tres días.
«Hay que mantener esta tradición porque si el campo no produce, la ciudad no come», sostiene
El trayecto lo hicieron esta vez más de 350 cabezas, las ovejas de leche y sus corderitos, algunos de solo con una semana de vida. Las 120 de recría, aquellas que van a parir por primera vez en las próximas semanas, ya fueron trasladadas previamente en camionetas.
«Ahora estamos en el destete de las corderas que tienen tres meses; ya comen hierba solas y se les puede quitar la madre para que no las conozca y se olviden de ellas, pues así podemos nosotros aprovechar toda la leche para el queso», resaltó.
Esta trashumancia se hace en estas fechas porque ha llovido en la zona sur y hay mejores temperaturas que en el norte, «siempre buscando el bienestar de los animales», explicó Belén, quien subrayó que el regreso a Monte Pavón también va a depender del tiempo.
Lo previsto es volver a finales de marzo, porque es cuando empiezan las ferias de ganado y hay que moverse más en la calle para vender los quesos que se elaboran en invierno.
Los animales no están solos durante este periodo en la finca arrendada en los alrededores de la Presa de Las Niñas, que cuenta con una vivienda para la familia, sala de ordeño y espacio para la elaboración de los quesos.
Dificultades
Mientras dirigía las maniobras al paso del rebaño por las de la Charca de Las Palomas, Belén se refirió a las dificultades de la trashumancia y consideró que lo más complicado es mantener el control de los animales para que no se dispersen o se queden atrás, algo que se repitió ayer porque la hierba recién nacida en el borde de los caminos es la mejor golosina para una oveja.
Pese a que la vida de ganadera trashumante «es dura», ella piensa que en otro lado no tendría la calidad de vida que tiene ahora con sus animales, con los que parece entenderse con solo una mirada. «Yo tengo una frase que es muy clara y directa; si el campo no produce, la ciudad no come», insistió.
El rebaño con el Roque Bentayga al fondo. / José Carlos Guerra
Por tanto, reivindicó el papel de los pocos queseros artesanos que no han sido «aplastados» por las industrias. «Por lo menos, nosotros mantenemos las tradiciones y un producto de Kilómetro Cero, artesanal y puro, pues solo trabajamos con leche cruda, no pasteurizada», comentó.
Vocación
Belén confesó que sigue la profesión de sus padres por vocación y por el legado, a partes iguales, porque le dolería que se pierda algo que viene desde sus bisabuelos. «Esto tiene que gustar, es trabajoso y cada uno tiene sus colapsos porque hay que estar todo el día detrás de los animales, del queso, las ventas, la facturación o los clientes; satura un poco estar de lunes a lunes, pero a mí esto me llena», afirmó.
De la trashumancia le gusta todo, entre otras cosas «ver a la gente que se queda flipando con una oveja, porque hay personas en la isla que ya no saben ni plantar o recoger una papa».
Pepe el de Pavón, el orgulloso padre, realizó la trashumancia en una de las camionetas de apoyo, pues desde que se jubiló dejó el protagonismo a Belén y al hijo mayor, José Francisco, de 46 años, que parece que se siente más cómodo con las tareas del campo que con la parte administrativa de la quesería. «Son ellos los que están dirigiendo todo, yo sigue haciendo el camino, pero ya en coche», declaró en el descanso en la Cruz de Timagada, donde repartió bocadillos de queso, tortillas de papas, pata de cerdo y algún trago de ron para combatir el cansancio y el frío.
«Si el año es normal», detalló a los presentes, «hacemos dos trashumancias, la del verano, desde las medianías hasta zonas de Artenara, Tejeda o Ayacata, y esta de invierno, que ya no la hace casi nadie; nosotros seguimos porque la zona de Pavón es muy fría y no crece la hierba en invierno por las heladas».

Los participantes en la trashumancia reponen fuerzas en la parada de mediodía junto a la carretera de Tejeda a Ayacata. / José Carlos Guerra
El célebre ganadero del norte de Gran Canaria sostuvo que buscar las mejores hierbas de la cumbre es el secreto de calidad de la leche y de los quesos, una teoría que comparte el experto Isidoro Jiménez cuando habla de las «ovejas felices».
Productores
Por eso, Pepe el de Pavón lamentó que solo queden una veintena de productores que realizan algún tipo de trashumancia en Gran Canaria, cuando hace unas décadas había más de 50. Él mismo dejó desde 2015 de realizar el traslado del ganado a la finca de Tirma, donde tenía dos huertas arrendadas para pastoreo de ovejas y cabras. Calculó que a lo largo de vida habrá hecho cientos de trashumancias, desde que de niño acompañaba a su padre desde Fontanales hasta las localidades de El Chorrillo y El Espinillo de Tejeda.
Mirando a su alrededor, calificó de «espectacular» el paisaje que han dejado las últimas lluvias y confió que este invierno, con la explosión de hierba fresca, puede aumentar la producción de quesos de 12 a 15 diarios.
En una nota, el presidente del Cabildo, Antonio Morales, destacó que la pervivencia de la trashumancia «contribuye de forma sobresaliente a la diferenciación del sector quesero, convirtiéndose en nómadas, desplazándose de su hogar y de las comodidades en favor de la mejor alimentación para sus ovejas y sus cabras y, en consecuencia, de los mejores quesos que nadie pueda imaginar tras un trabajo conjunto de hombres y mujeres que muy poca gente ve, pero que todos y todas podemos saborear».
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