Pregunta: ¿Qué querían mostrar exactamente con esta cartografía?
Respuesta: El libro «Las fuerzas que mueven el mundo» es un ensayo de actualidad explicado a través de mapas. Es una forma de entender todo lo que está pasando, que es mucho, y en España no estamos tan acostumbrados a explicarnos mediante la cartografía. El libro se estructura en ocho capítulos dedicados, por ejemplo, a economía y recursos o a geopolítica y conflictos. Hablamos de globalización, de la industria del petróleo, de la extracción de minerales verdes o del café. También incluye mapas de conflictos actuales, como el de Ucrania y el expansionismo ruso, o el de Israel y Palestina y el avance de la colonización. Es una forma visual de explicar conflictos contemporáneos sin recurrir a textos densos.
“La guerra en Ucrania rompió la ilusión de que el orden liberal había acabado con los conflictos”
P: Desde que nació El Orden Mundial en 2012 el mundo parece haberse vuelto más imprevisible. ¿Estamos realmente en una etapa más caótica?
R: Nacimos como un blog universitario que se profesionalizó a partir de 2015, coincidiendo con la guerra en Siria. La información internacional ha ganado mucha presencia en España desde la pandemia. La invasión rusa de Ucrania ha marcado un momento muy convulso, pensábamos que el orden liberal iba a acabar con los conflictos y hemos visto que no. El auge de China es muy importante como contrapeso a Estados Unidos. La economía global es una pata imprescindible porque todos los países están hiperconectados. Eso tiene su parte buena, como las cadenas de suministro, y su parte mala, porque dependes de tus aliados. La diplomacia ha perdido peso frente a un contexto en el que los estados están viendo que es más fácil solucionar las cosas por la fuerza.
P: ¿Hasta qué punto la nueva geografía económica, de China a los Brics o África está redefiniendo el tablero de poder?
R: Estados Unidos era la potencia vencedora de la Guerra Fría y no tenía rival tras la caída de la URSS. China entiende el mundo de forma diferente. La diplomacia internacional no es tan fácil con los Brics o el Sur Global, que no quieren que Occidente les imponga cómo se ve el mundo. Tenemos alianzas muy fuertes como contrapesos en el poder global. Hay muchos actores en juego y el contexto es más inseguro. China, desde 2001, está creciendo a una velocidad vertiginosa. Todavía no ha adelantado a Estados Unidos, pero es muy fuerte. Tiene ventajas internas que le favorecen en el plano internacional y su fuerza productiva no se puede ignorar. Sus alianzas son de carácter económico.
P: ¿Por qué la autonomía estratégica de la UE no ha terminado de cuajar?
R: La UE, en estos años desde la invasión rusa de Ucrania, generó un optimismo que luego no se ha concretado en la autonomía estratégica. En política exterior no había tenido una voz conjunta. A la larga no se ha materializado porque unificar 27 voces en política internacional ralentiza mucho la acción, en un contexto que cambia muy rápido y en el que es importante llegar primero y actuar con agilidad. Es una pena, porque era el momento para asentarse como un rival estratégico, pero los estados han priorizado sus agendas propias.
P: ¿Qué lugar ocupa España en el mundo?
R: España es una potencia media en el tablero global. En algunos aspectos destaca. Es una potencia agrícola y eso también hace que el cambio climático le afecte mucho. Es la puerta sur de Europa, lo que implica gestiones que le dan ventajas, pero también muchos retos, como el migratorio. Busca un papel central en la UE. Otra ventaja es el idioma, que une a más de 500 millones de hablantes y la convierte en un interlocutor privilegiado con América Latina. Su reto es capitalizar sus fortalezas. En la transición energética también tiene una voz predominante y su relación con China es buena. Otra área en la que destaca es el turismo, es el segundo país que más visitantes recibe después de Francia. Su economía es muy dependiente de un sector volátil y condicionado por los conflictos internacionales.
P: Vivimos un momento de guerra en Ucrania, conflicto en Gaza y tensión energética, ¿hay alguna señal positiva?
R: Al final parecía que Europa se iba a congelar en invierno y no pasó. Con las alianzas que se consiguen se puede salir adelante. El gas ruso sigue llegando a Europa desde otras fronteras, como Azerbaiyán. Si tenemos un mundo inestable, en el que pesan mucho más las relaciones bilaterales que las globales, cada estado busca su propio beneficio. Hay una tendencia creciente hacia las energías verdes en la UE y en China, que impulsa sectores como la minería de recursos estratégicos. En España hay muchos proyectos relacionados con esto, como los de Asturias sobre hidrógeno verde.
P: ¿Cómo está respondiendo la UE ante catástrofes como la dana que devastó la provincia de Valencia?
R: Aquí el foco está en la prevención. Se puede incidir en la respuesta posterior, pero hemos visto que los sistemas fallan porque no están unificados. Los desastres naturales son cada vez más frecuentes por el cambio climático. Lo vemos en la Comunidad Valenciana y también en Italia o Grecia, con incendios e inundaciones. Los países que más contaminan tienen que emitir créditos para financiar los efectos de esto. En el Sahel también ocurre, con sequías increíbles, y son de los países que menos contaminan. No estamos preparados para todo lo que viene y desde la UE hace falta una acción más coordinada.
P: El cambio climático se ha convertido también en una cuestión de poder. ¿Qué fuerzas están moviendo hoy esa agenda?
R: Ahora vemos actores que lo despreciaban. En la COP actual, en Brasil, no han asistido Estados Unidos y China, que son los que más contaminan. Una cumbre del clima en la que los países más responsables del cambio climático no están es inútil. Se necesita una acción coordinada. No sirve que solo unos pocos países, los europeos y los del Sur Global, presten atención.
“España tiene fortalezas claras, pero sigue sin decidir qué quiere en política exterior”
P: ¿Considera que la forma de organizarse de España, con su escala autonómica y municipal, puede ser decisiva?
R: A nivel global hay comunidades transnacionales y autonomías con peso internacional, como Cataluña, que tiene presencia en instituciones. El idioma también influye. Hemos visto intentos de reconocer el catalán o el euskera. Muchas comunidades en Europa tienen agendas potentes. España es un país descentralizado y, en el sistema mundial, los estados y otras fuerzas siguen determinando la forma de hacer política internacional. Para España también es una fortaleza tener un sistema dividido en autonomías, con agendas propias además de la del estado. Un problema muy grave de España en política exterior es que no ha decidido su agenda. Tiene vaivenes y eso hace que no sea tan confiable.
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