La pasión por las máquinas de arcade y pinball resurge con fuerza. No es casualidad: los más nostálgicos ven en los jóvenes la misma pasión que sentían ellos las primeras veces que tocaron juegos como ‘Street Fighter’, ‘Pac-man’ o ‘Space Invaders’. Un entusiasmo que ha devuelto protagonismo al universo arcade -la cultura de los videojuegos clásicos de las décadas de los 80 y 90- y que ha motivado la vuelta de lo físico en una época en la que lo digital domina con claridad. Muchos han seguido la evolución de los videojuegos y se han adaptado a la modernidad digital, pero también los hay que permanecen fieles a lo que fue su adolescencia.
Son la resistencia dentro del mundo de los videojuegos. Los más ‘puretas’ que han conseguido aumentar el número de aficionados a lo que en su día fue un fenómeno mundial. Los responsables de que esta industria recupere su importancia y de que la moda vuelva a ser algo que se puede tocar con las manos. Regresar a la época de jugar presencialmente contra otras personas suscita a más de uno sensaciones difíciles de recrear.
Actividad realizada por ACAPA el 18 de abril / ACAPA
La emoción de lo tangible
La atracción de volver al juego físico es el placer que otorgan estas máquinas. Frente a lo intangible del teléfono móvil o las videoconsolas, emerge la magia del cara a cara que ofrece el ‘Mortal Kombat’ o la cooperación entre jugadores en el ‘Bubble Bobble’. Un encanto que se ha perdido con la irrupción del juego en línea. Jugar con amigos desde la comodidad del sofá se ha convertido en el plan favorito de muchos jóvenes, pero la intensidad de ver la cara del oponente durante una partida eleva la experiencia a un plano que sobrepasa lo físico y llega a lo sensorial.
Pero jugar nunca fue el ‘quid’ de la cuestión. La atracción de los salones de recreativos se encontraba en las personas con las que uno se encontraba allí. Rubén Casaña, propietario de la tienda ‘Retro Arcadia València’, explica que el salón de recreativos era «el lugar de encuentro» y que socializar era «el motivo principal». Un fenómeno que iba más allá de echar unas partidas al juego de moda y llegaba al punto de ir ligado a las emociones.

Ruben Casaña manteniendo una máquina recreativa en Retro Arcadia València / Fernando Bustamante
Los expertos afirman que el proceso de jugar en una máquina arcade, que comienza con el ‘insert coin’ en pantalla y termina pocos minutos después al acabar la partida, combina la actividad física y mental con una gratificación rápida y adictiva, lo que libera dopamina en el cuerpo humano. La ‘hormona de la felicidad’ genera sensaciones en el cuerpo de una persona capaces de reavivar una llama que parecía apagada desde hacía años. «Se guarda un buen recuerdo de una situación y lo que quieres es rememorarlo» señala Ismael Reolid, presidente de la Asociación Cultural de Arcade y Pinball de Alcàsser (ACAPA), al referirse al peso de la nostalgia.
Del juego al coleccionismo
La locura por las máquinas arcade no se limita a la emoción del juego. La escasez de ejemplares clásicos ha provocado una revalorización difícil de asumir. Es un mercado en auge, con una popularidad inmensa y que mueve cantidades de dinero muy elevadas. «Las máquinas originales, dedicadas a un juego y restauradas son muy caras» confirma Casaña, que ha trabajado reparando este tipo de piezas. «Una ‘Pac-man’, en estado aceptable y funcionando, podría tener un precio medio de 1.800 a 2.000 euros, pero puede llegar a alcanzar los 5.000″ añade el presidente de ACAPA.
Unos aparatos que, en muchas ocasiones, tienen como destino ser la pieza de decoración más cara del salón de casa. Un artículo de coleccionista clásico que, probablemente, no volverá a encenderse. «Hay coleccionistas que no juegan -declara Casaña- son los clientes más exigentes». Es un caso común dentro del universo arcade. Muchos aparatos viven condenados a la especulación. Algunos compradores solo lo hacen por un motivo, venderlas después a un precio mucho mayor al que fueron compradas. Con lo obtenido por una de las máquinas puede llegarse a comprar dos o tres más.

Asociación de coleccionistas de Arcade y Pinball / Pilar Olaya
Pero no solo existe el factor económico. Para Reolid, otra de las claves del coleccionismo está en la nostalgia, en el deseo infantil de tener una máquina en casa y poder jugar con ella en cualquier momento. El declive de los salones de recreativos favoreció que estas personas pudieran cumplir su sueño. Fueron los propios dueños los que vendían, o incluso regalaban, muchas de las máquinas que hoy siguen circulando.
¿Fenómeno artístico o vicio?
Durante años, las máquinas arcade y pinball fueron vistas por muchos como una simple distracción, un pasatiempo casi compulsivo capaz de absorber tardes enteras y vaciar bolsillos moneda a moneda. Pero hoy ya no se habla solo de su capacidad para enganchar, sino de su valor estético, cultural y emocional. La identidad visual, la música electrónica o el propio ritual de la partida han convertido a estos juegos en algo más que un entretenimiento: son también una forma de expresión artística y un reflejo de la época.

Máquinas de pinball disponibles en ACAPA / ACAPA
El universo arcade ha dejado de ser solo una actividad de consumo rápido. Cada máquina restaurada, cada ‘joystick’ sustituido o cada pantalla devuelta a la vida forman parte de un ejercicio de conservación. Va mucho más allá de meter la moneda, coger los mandos y jugar hasta terminar la partida. Para poder jugar, primero el juego debe ser diseñado. Es el trabajo de los diseñadores gráficos, que diseñan los ‘sprites’ (imágenes 2D que se mueven sobre un fondo) lo suficientemente atractivos como para ser llamativo. «Cada videojuego tiene su lógica, tiene su historia, tiene su mecánica y, aparte de la programación, requiere de arte» defiende el presidente de ACAPA.
La pasión por las máquinas ha vuelto o, quizás, nunca se había llegado a ir. La realidad es que se está viviendo su vuelta a la popularidad. Ofrecen algo diferente a lo de los últimos años, una experiencia física, una emoción compartida y la capacidad de convertir una partida de apenas unos minutos en un recuerdo duradero. Mientras los más veteranos se ven reflejados en los más jóvenes que van descubriendo este inmenso mundo, se les vuelve a encender la llama del deseo de volver a jugar.
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