Carlos Mazón ha ascendido a los altares por voluntad propia. Ha proclamado su santidad, refrendada por las máximas autoridades pues presume de actuar "después de haber hablado con Su Majestad el Rey". La mención no solo avala su canonización, también sirve de mensaje amenazador a la jueza que pueda tener la tentación de acusarle. Se necesita muy buena voluntad para equiparar su discurso de autohomenaje a una dimisión. A lo largo de veinte minutos, apenas dos menciones al bies apuntan a una retirada a medias, desde luego forzada y revanchista contra los socialistas a quienes "no voy a llamarles asesinos". Es decir, los llama asesinos.
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