La red de satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha sobrevolado España y, desde las alturas, ha captado imágenes en las que se muestra cómo el humo de los incendios que actualmente atraviesan el país se extiende ya sobre buena parte de la Península Ibérica dejando una huella visible en la atmósfera y, sobre todo, en la calidad del aire. En las imágenes satelitales, captadas este domingo, se pueden ver las emisiones generadas por los incendios de Madrid y Ávila así como de los fuegos de Castellón y León. Según explica la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el humo de estos incendios forestales que se extiende por el territorio peninsular «está compuesto por partículas procedentes de la combustión» y, justamente por eso, provocan un empeoramiento de la calidad del aire no solo en las zonas afectadas sino, además, en todos los territorios hacia donde viajan las partículas en suspensión. El Ministerio de Sanidad ha emitido ya varios comunicados avisando de fenómeno y, sobre todo, pidiendo extremar precauciones y proteger a la población vulnerable mientras duren estos incendios.
El Índice Nacional de Calidad del Aire indica que en estos momentos son decenas las estaciones de todo el país donde se registran índices «desfavorables». Los más graves coinciden con las zonas directamente afectadas por los incendios, como en la sierra oeste de Madrid, donde se registran niveles «extremadamente desfavorables» de polución atmosférica. Pero también son muchos los puntos aledaños en los que la llegada de partículas en suspensión procedentes de los incendios está dejando índices «desfavorables» de calidad del aire. El fenómeno se observa en Toledo, Talavera de la Reina, Albacete, Murcia así como en múltiples estaciones más del territorio peninsular afectadas por el humo de los incendios que, una vez más, se suma la contaminación de los coches y las industrias. En Madrid, según los datos propocionados por la plataforma del Ayuntamiento, la situación de este domingo ha mejorado respecto a la del día anterior pero, aún así, más de 3,5 millones de habitantes de la ciudad siguen estando expuestos a niveles peligrosos de contaminación atmosférica.
Entre el 3 y el 21 de julio, el Centro Nacional de Emergencias (CENEM), de la Secretaría General de Protección Civil y Emergencias, ha solicitado en una decena de ocasiones la activación del programa Copernicus de la Unión Europea para obtener imágenes de las zonas afectadas por los incendios. En total, según datos proporcionados por el Ministerio de Interior, se ha reclamado una «cartografía de emergencia» de 12 áreas, 34 productos y 40 mapas. Las primeras peticiones fueron para hacer seguimiento de los fuegos de la Bisbal d’Empordà y Les Gavarres, en Girona; así como los de Congosto, León; San Esteban de Litera Azanuy, Alins y Calasanz, en Huesca; y Villanueva de los Castillejos, en Huelva. El 10 de julio se pidió ayuda para seguir los incendios de Almería, seis días más tarde para los de Zaragoza y cinco después para los de La Mierla, en Guadalajara. La solicitud más reciente se puso en marcha el 23 de julio para el incendio de Brieva (Segovia), con sucesivas ampliaciones para capturar los nuevos incendios de Almorox (Toledo), Villa del Prado (Madrid) y Burgohondo y San Martín de Valdeiglesias (Ávila).
Utilidad de los satélites
Los satélites desempeñan un papel esencial en la gestión de emergencias porque permiten observar grandes extensiones del territorio de forma continua, incluso en zonas de difícil acceso o afectadas por un desastre natural. En el caso de los incendios forestales, estos dispositivos espaciales proporcionan información para detectar focos activos, seguir la evolución del fuego, estimar la superficie afectada y evaluar los daños una vez extinguido. El programa europeo Copernicus combina datos de los satélites Sentinel con otras fuentes para generar mapas de emergencia casi en tiempo real, utilizados por los servicios de protección civil y los equipos de intervención. Los satélites Meteosat, operados por la plataforma EUMETSAT, complementan esta información al ofrecer imágenes muy frecuentes de Europa y África, lo que permite vigilar el desarrollo de incendios, la presencia de humo y las condiciones meteorológicas que favorecen su propagación, como el viento, la temperatura o la sequedad del ambiente.
La tecnología empleada por este tipo de satélites de observación terrestre incluye sensores ópticos multiespectrales, cámaras de alta resolución y detectores térmicos capaces de registrar la radiación infrarroja emitida por los focos de calor. Los satélites Sentinel-2, por ejemplo, destacan por su elevada resolución espacial y se utilizan para cartografiar áreas quemadas y analizar el estado de la vegetación, mientras que los de la red de Sentinel-3 incorporan instrumentos específicos para medir la temperatura de la superficie terrestre y detectar anomalías térmicas. Por su parte, los instrumentos de Meteosat ofrecen una frecuencia de observación de pocos minutos y, justamente por eso, resultan clave para el seguimiento continuo de la emergencia. Según explican los expertos, los datos obtenidos se procesan mediante algoritmos de teledetección e inteligencia artificial para generar mapas, alertas y modelos predictivos que apoyan la toma de decisiones, optimizan el despliegue de recursos y facilitan la evaluación posterior de los impactos ambientales y económicos.
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