El calor extremo que están sufriendo este año los alumnos en los centros educativos ha llevado a las familias a tomar cartas en el asunto con el impulso de una ley para garantizar la climatización en las aulas, donde los termométros han llegado a los 35 grados. El último ejemplo se dio la pasada semana, pese a estar a mediados de octubre.
Más de un centenar de representantes de asociaciones de padres y padres (ampas) de Alicante, Valencia y Castellón se han movilizado para presentar en las Cortes una iniciativa legislativa popular (ILP) ante la falta de soluciones a corto plazo por parte de la Generalitat.
Están dispuestos a atajar lo que se ha convertido en un problema de seguridad en los colegios e institutos, donde este curso los estudiantes han sufrido mareos e incluso lipotimias que han hecho necesaria la atención sanitaria. Un riesgo para la salud que ha desatado numerosas protestas de la comunidad educativa en las tres provincias nada más arrancar el nuevo curso.
La Confederación Gonzalo Anaya es la que está pilotando el desarrollo de una legislación para conseguir que todos los edificios educativos de la Comunidad dispongan de aire acondicionado y calefacción, y que, además, estén preparados para ello, «porque a día de hoy hay una gran mayoría que no soportarían los aparatos necesarios al no disponer de suficiente capacidad corriente», explica Rubén Pacheco, presidente de la entidad.
Ninguna familia entiende que los colegios, los institutos y los centros de Formación Profesional sean la excepción dentro de los edificios públicos y a estas alturas sigan careciendo de climatización. «No se cuestiona que cualquier centro de trabajo disponga de condiciones óptimas, pero sí que ocurre en las instalaciones educativas por una razón económica y por falta de voluntad política», critica el portavoz de las familias.
La conselleria ha anunciado un diagnóstico centro a centro, pero sin plazos
La Conselleria de Educación es consciente de las quejas y de que superar una temperatura de 27 grados, como ha ocurrido en sucesivas ocasiones este curso, va en contra de la ley, tal y como han venido denunciando también los sindicatos de la enseñanza pública.
De ahí que el departamento de José Antonio Rovira haya anunciado un «plan de diagnóstico centro a centro» para evaluar las condiciones en las que se encuentran las diferentes instalaciones, pero no ha dado plazos y ha reconocido que las soluciones no pueden ser inmediatas, además de escudarse en que se trata de un problema que viene de atrás.
Sin embargo, este curso se ha demostrado que paliar el calor se ha convertido en una necesidad urgente y prueba de ello han sido los ventiladores o aparatos de climatización portátiles que han tenido que prestar las propias familias a los centros para sobrellevar las altas temperaturas o las clases que se han tenido que impartir en el patio porque las aulas se han convertido en hornos.
No se puede entender que los centros educativos sean los únicos edificios públicos sin climatización
Un ventilador en el aula de un instituto de Alicante / Jose Navarro
El proceso
«Sería perfecto no haber tenido que llegar a este límite, pero no nos queda otra que luchar por el bienestar y la salud de nuestros hijos», afirma Pacheco.
Para el desarrollo de la ILP, la Confederación Gonzalo Anaya ha creado dos grupos de trabajo en los que, además de madres y padres, están implicados docentes y personal administrativo.
El objetivo que se han marcado es presentar este curso la propuesta legislativa para su votación en el parlamento autonómico. Una vez presentado el texto de una proposición de ley en las Cortes, será debatida y votada por el Pleno y, si es aprobada, se incorporará al ordenamiento jurídico valenciano.
Para que la propuesta sea admitida necesita 10.000 firmas, que sus impulsores no dudan en que van a poder conseguir, ante la preocupación que han generado las altas temperaturas entre las familias. «Es importante que parte del alumnado también pueda participar, los alumnos a partir de 16 años ya podrán firmar», indica el portavoz de la entidad.
La ambición de las familias es que con esta legislación se puedan generar proyectos de climatización adaptados a cada centro educativo y al mismo tiempo que se extiendan los paneles solares para que los colegios e institutos puedan autoabasctecerse, ya que el consumo eléctrico dispararía las facturas. Una costosa actuación que son conscientes de que podría tardar como mínimo un lustro en poder conseguirse, pero que están dispuestos a pelear ante una situación climática cada vez más extrema.
Desde la Gonzalo Anaya advierten de que hay, al menos, dos líneas de financiación estatales dirigidas a la mejora de la eficiencia climática de edificios municipales, pero desconoces si la Generalitat está recurriendo a estas ayudas que podrían atender a la reivindicación que lanza la comunidad educativa.
Las familias necesitan 10.000 firmas para que la legislación sea admitida
Efectos en la salud
La presidenta de la Asociación de Pediatría de la provincia de Alicante, Carolina Torres, ha advertido del impacto negativo que supone para la salud y el rendimiento de los escolares permanecer en aulas con estas condiciones.
«Trabajar a altas temperaturas dificulta la atención, la concentración y, en consecuencia, el aprendizaje», explica Torres, que subraya que la evidencia científica respalda estos efectos. Además del bajo rendimiento académico, los niños y adolescentes sufren irritabilidad, mal humor y, en los más pequeños, un aumento de las rabietas.
Pediatras avisan del impacto negativo del calor en la salud de los alumnos y en el aprendizaje
El riesgo no se limita al plano emocional o cognitivo. Según la pediatra, los adolescentes son especialmente vulnerables a la hipotensión ortostática, una bajada repentina de la tensión arterial al levantarse que puede causar mareos e incluso desmayos.
La situación se agrava en los alumnos con enfermedades crónicas y en aquellos que beben poca agua, ya que el calor favorece la deshidratación. Por ello, Torres recomienda vigilar la hidratación constante de los escolares y evitar que las aulas superen los 25-26 grados, que considera una temperatura «adecuada» para garantizar el bienestar.
Más allá de la salud individual, la pediatra recuerda que también se genera una desigualdad educativa: «Hay colegios que cuentan con sistemas de climatización y otros que no. Y eso marca una diferencia clara en las condiciones de aprendizaje».
Martín Ferrando Mora, pediatra del Hospital de Sant Joan, pone el foco en los niños más pequeños del colegio: «se concentran menos, están más llorones, se les junta el inicio del curso, les cuesta separarse de los padres, y las aulas a treinta grados no acompañan».

Un alumno del IES Miguel Hernández con un ventilador individual en su mesa / Jose Navarro
Cambiar el calendario
La insufrible situación ha llevado a los directores y docentes ha plantear a la Conselleria de Educación acabar antes las clases durante los días de más calor, o incluso a modificar el calendario escolar. En el contexto climático actual, con una estación cálida que se extiende hacia los extremos (junio y septiembre sobre todo), el catedrático de Análisis Geográfico Regional de la UA y reconocido experto en climatología, Jorge Olcina, también aboga por adaptar el final e inicio del curso.
El experto considera que las clases presenciales en los colegios deberían acabar a finales de mayo y luego dejar 15 días para exámenes y evaluación. Por tanto, la presencia del alumnado en los centros debería terminar el 15 de junio e iniciar el curso siempre después del 15 de septiembre.
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