Un nuevo marco de relaciones tras una operación fallida
El rechazo a la oferta pública de adquisición (OPA) del BBVA sobre el banco Sabadell no solo ha cerrado un capítulo financiero. Ha abierto otro de índole institucional. Desde la sede del Gobierno vasco, se subraya ahora la necesidad de consolidar una colaboración estratégica con la entidad presidida por Carlos Torres.
«Se abre un nuevo tiempo», afirman fuentes próximas al lendakari Imanol Pradales. La apuesta ahora es clara: convertir a BBVA en un aliado relevante para el tejido económico vasco.
Del escepticismo político al respaldo institucional
Durante los meses en que se fraguaba la OPA, el Ejecutivo autonómico evitó respaldar explícitamente la operación. La formación del Partido Nacionalista Vasco (PNV) se mostró especialmente crítica. Aitor Esteban llegó a cuestionar el arraigo territorial del banco, afirmando que no era una entidad «realmente vasca».
Este discurso ha cambiado radicalmente tras conocerse el resultado negativo de la OPA. Desde la lehendakaritza se afirma ahora que el BBVA tiene «profundas raíces en Bilbao» y mantiene una «larga trayectoria de compromiso con Euskadi».
Un interés común: fortalecer la economía vasca
En palabras del propio Pradales, pronunciadas durante un desayuno informativo celebrado en Madrid, existe una voluntad compartida de «incrementar la relevancia» del banco en la región. Una declaración que anticipaba el viraje actual.
Desde el entorno del lendakari se destaca que el BBVA «ha dado pasos importantes en los últimos tiempos» para mejorar su impacto en Euskadi. Esos avances se traducen en presencia territorial, inversión y apoyo a sectores clave de la economía.
El mensaje a Torres: más Euskadi en la hoja de ruta
El Gobierno vasco lanza ahora una invitación directa a la cúpula de BBVA: «seguir profundizando en esa dirección». Un camino que implica mayor compromiso, más proyectos en común y un retorno compartido entre la entidad y el territorio.
Este acercamiento institucional busca también recuperar una narrativa de identidad vasca en torno al banco, clave en su origen, que se había diluido con la expansión nacional e internacional del grupo financiero.
Un precedente para futuras alianzas
El cambio de tono puede ser interpretado como una estrategia del Ejecutivo para reforzar su influencia en el sector financiero sin interferir directamente en operaciones privadas. También como una forma de preservar el arraigo económico de grandes corporaciones en Euskadi.
El caso BBVA marca así un precedente para futuras relaciones entre entidades bancarias y gobiernos autonómicos. Y sitúa nuevamente a Euskadi como actor activo en las decisiones que afectan a su estructura económica.
El banco, por su parte, no ha emitido cambios en su dirección ni se plantea dimisiones. Carlos Torres se siente «plenamente respaldado por el consejo». Con este nuevo escenario, la atención se desplaza ahora hacia cómo se materializará esta renovada relación con el País Vasco.













