El Nuevo Mirador no significó el principio de la recuperación del Real Murcia. El Nuevo Mirador solo confirmó que el Real Murcia hace aguas por todas partes. No es que sumaran los granas una nueva derrota, la segunda de la temporada; no es que encadenen tres jornadas sin ganar; ni tampoco debería ser ahora mismo significante verse en zona de descenso. Todo eso se solucionaría con un par de victorias. El problema está en que no da sensaciones el conjunto murcianista de estar capacitado ahora mismo para ganar a nadie. Y es que cada jornada que pasa el barco de Etxeberria va completamente a la deriva.
Si todas las esperanzas estaban puestas este curso en el banquillo, si Etxeberria debía ser el capitán que guiara al ascenso, en cinco jornadas Etxeberria se ha convertido en un fantasma pululando por el banquillo murcianista. Un fantasma al que le pesa demasiado la planificación deportiva veraniega, capricho que Asier Goiria pero también consentida por el preparador vasco. Un fantasma al que se le están condenando las lesiones. Un fantasma que este domingo ha sido capaz de dar la vuelta al gol recibido en el minuto 2 y que no se movió del marcador tras noventa minutos (1-0). Porque el Algeciras solo necesitó una jugada para dinamitar la defensa de tres de Etxeberria y condenar a la derrota a un Real Murcia pésimo, un Real Murcia que hace aguas por todas partes y que no parece tener soluciones a sus problemas.
Piñeiro en la portería y defensa de tres
Publicó el Real Murcia su alineación titular una hora antes del inicio del partido. Y había tantas y tan sorprendentes variaciones que cuando el colegiado señaló el comienzo muchos todavía seguían pendientes de ver cómo se colocaban las fichas granas sobre el terreno de juego. Pero, después de una hora de debate, poco importó la idea de Etxeberria. Y es que el Algeciras solo necesitó un minuto y veinte segundos para desmontar todo el tinglado murcianista.
Si Etxeberia quería sorprender jugando con tres centrales -dos de ellos sin ser centrales- y con dos carrileros, el sorprendido fue el técnico del Real Murcia. En la primera jugada, Obeng ya había hecho un boquete por la banda de Vicente para servir un centro en el que ni Piñeiro -la gran sorpresa en el once- supo reaccionar ni Alberto González supo poner freno a Manin. Ni dos minutos marcaba el reloj cuando el Real Murcia, obligado a ganar en el Nuevo Mirador, ya iba por detrás en el marcador (1-0).
A remolque desde el minuto 1
Perdía el Real Murcia, pero, si Etxeberria saltó con la idea de ganar, el 1-0 no debía invalidar su apuesta. Ahí estaban David Vicente y Cristo Romero para hacer daño por banda; ahí estaban Moyita y Palmberg para conseguir dar credibilidad al centro del campo, y ahí estaban Ekain, Pedro Benito y Flakus para demostrar que el Real Murcia tiene «primeras espadas» en ataque. Es verdad que ahí estaban, pero también es cierto que, quitando una pequeña reacción inicial, nunca aparecieron. Por mucho que tras el gol el Real Murcia intentara buscar rápido el empate, la chispa duró demasiado poco. Un disparo de Mier que obligó a aparecer a Iván Moreno fue de lo más destacado de un conjunto grana en el que Pedro Benito sigue confirmando que el gol no es lo suyo.
Había que confiar en que el dominio del Real Murcia acabase dando resultado en ataque, pero pasados los veinte minutos los granas volvieron a dejar patentes esas sensaciones que tanto miedo dan a sus aficionados. Con Moyita prácticamente perdido y desactivado prácticamente el ataque, era el Algeciras el que con balones largos a Manin prácticamente destrozaba a una defensa en la que Sekou quedó muy señalado a las primeras de cambio, llegando a dar la sensación de que estaba pasándolo completamente mal.
Dos goles anulados por fuera de juego
Pero hasta dando pena el Real Murcia consiguió marcar dos goles. Eso sí, ninguno subió al marcador. Tanto el gol de Pedro Benito como el de Flakus, este en el tiempo de descuento de la primera parte, acabaron siendo anulados por fuera de juego después de que el colegiado los revisara en la pantalla. Mientras que Benito sí parecía adelantado; el esloveno estaba prácticamente en línea, pero la revisión salió cruz para los murcianistas, que no pudieron celebrar el empate.
Comenzó la segunda parte con el cambio que todos veíamos venir. Sekou bastante castigo había tenido en los primeros cuarenta y cinco minutos como para volver a saltar al campo. Se quedaba el ex del Leganés en el banquillo y entraba en su lugar Andrés López, aunque no cambiaron mucho las cosas, viendo el sufrimiento del murciano, incapaz de tapar el boquete defensivo de los murcianistas.
Con el Algeciras crecido y generando ante Piñeiro, como ocurrió en otro centro de Obeng que puso a temblar a más de uno, Etxeberria siguió buscando alguna fórmula mágica, aunque no parece haber demasiado magia en la plantilla murciana. Juan Carlos Real entraba en lugar de Palmberg y Cadorini era la alternativa en ataque elegida por el técnico vasco, que daba descanso a Pedro Benito.
Pero cada minuto que pasaba señalaba más a un Real Murcia que mantuvo la esperanza por la falta de acierto del Algeciras, y es que si los jugadores locales hubieran estado inspirados a la contra, podrían haber destrozado a los granas en el marcador.
Una ocasión y gracias
Sin nadie capaz de sacar el balón, con Real y Ekain perdiendo cualquier batalla ante un rival con mucha más garra; con Moyita perdido en medio de la nada; Flakus se desesperaba arriba sin que ni un balón llegara con claridad al área. De hecho la más clara la tuvo Andrés López tras un córner, sin embargo el remate del murciano se marchó fuera por poco.
Solo necesitaba el Real Murcia un gol para sacar algo positivo del Nuevo Mirador, pero llegado el minuto 90 pocos aficionados granas tenían esperanza. Y es que la imagen ofrecida no ayudaba para nada. Y más visto lo visto en una segunda parte pobre, decepcionante, que confirmó que los problemas no son cosas de un día y que Etxeberria tiene una gran papeleta por delante. Aunque para papeleta la de un Felipe Moreno que a las primeras de cambio está viendo que su tercer proyecto también se va por el sumidero.














