Gran Hermano, en Telecinco, fue un nido imparable en sus primeras ediciones de famosos de nuevo cuño que entraban por la casa de Guadalix y salían como personajes mediáticos cuando ese concurso se vendía como experimento sociológico y arrasaba en audiencia. La quinta edición, entre septiembre de 2003 y enero de 2004, fue de las más seguidas, con Aída Nízar y Nuria Yáñez, ‘Fresita’, pero en ella participó un entonces estudiante de Químicas ceutí que dejó una frase de las que perduran, casi inolvidable. «Pa’ chulo, chulo, mi pirulo». Luhay Hamido no ganó esa edición, lo hizo Fresita, pero estuvo 25 días en la casa de Guadalix antes de su expulsión.
Protagonizó varias polémicas en Guadalix con su carácter, ya que la pasión por lo que hace es una de sus principales virtudes, y eso mismo sigue demostrando en el día a día del Ceuta, donde es habitual en todos los medios y es muy activo en su Facebook, por lo que es difícil que se calle cualquier cosa. Con la polémica arbitral en Castellón en la última jornada, con un penalti en el descuento y la expulsión de Cantero en la segunda parte que impidieron que su equipo ganara el presidente del equipo ceutí escribió: «El VAR no, el ambigú! Seguimos, venga yaaaa». Es un botón de muestra solo, pero hay muchos más.
En Gran Hermano se le presentó como integrante de la selección norteafricana y trató de hacer carrera en el fútbol, sin suerte. La vida le llevó por otros derroteros, teniendo en la familia, los amigos y el Ceuta sus tres grandes pasiones. «Gran Hermano fue una experiencia divertida. Fue como ir a El precio justo. Me lo pasé muy bien dentro. Fuera, ya no tanto. De repente te conocía todo el mundo y tenías que ir a una serie de bolos por contrato. Me provocó ansiedad. Hice lo que tocaba y cuando acabó todo me volví para estudiar Química y Criminología», reconoció a La Vanguardia unos años más tarde. Acabó ambas carreras, es un empresario de éxito y en mayo de 2016 cumplió el sueño de ser nuevo presidente del Ceuta, cuando el club estaba en el Grupo X de Tercera, anclado y sin futuro.
Hamido asumió la presidencia tras el acuerdo alcanzado con la anterior junta directiva, que había anunciado meses atrás su intención de dejar el club si llegaban personas con capacidad y de confianza para hacerse cargo del equipo. En su llegada al club ya contó con Nayim, amigo personal, para entrar en las categorías inferiores de la entidad, para ser su mano derecha: «Tiene mi total confianza y es el hombre que va a dirigir y gestionar a nivel deportivo este proyecto, aunque yo lo supervise todo», dijo de Yiyi desde el primer momento
Y el Ceuta, con los nuevos dueños, ha llevado una carrera meteórica en la que costó arrancar. En la 2020-21 el equipo aún militaba en Tercera División, pero logró un primer ascenso a Segunda RFEF con el que empezó todo. El curso siguiente, volvió a protagonizar un nuevo cambio de categoría, en esta ocasión, a Primera REFF, donde ya vislumbraba el fútbol profesional. Y de ahí y 44 años después del último paso de la AD Ceuta, con varias refundaciones, a Segunda, al fútbol profesional,
El empresario ceutí, nacido en 1983, ha sabido rodearse de otros empresarios que le ayudan económicamente pero, sobre todo, ha sabido administrar las importantes cuantías que le llegan desde el gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta, desde el que por ejemplo en esta 25-26 se le han inyectado 7 millones de euros: 2 para afrontar los gastos derivados de su participación en Segunda División y algo más de 5 para adaptar su estadio, el Alfonso Murube, a las exigencias de LaLiga. El campo ha pasado de 5.500 espectadores a 6.000, todos sentados y con obras en el sector de Preferencia, con 4.500 socios y un límite salarial en este año de regreso a la categoría de plata de 6,71 millones, el decimoctavo de Segunda, con el objetivo de lograr la permanencia y que el sueño del Ceuta se mantenga en todo lo alto.
Vía: El Periódico de Aragón














