Cada dos minutos, celebran ufanos desde la editorial, se vende un Asteroide en el mundo y, de amontonarse todos los ejemplares despachados en el último año, la pila resultante llegaría a los 4.806 metros, justo la altura de Mont Blanc. Difícil de confirmar, sin duda, pero de lo que no hay duda es de que en tan inestable e interminable pila de coloridos lomos, pantones directos e impresión a dos tintas, aparecería más de un ejemplar de ‘El quinto en discordia’, el primer gran ‘hit’ de la casa y el libro que lo cambió casi todo. La novela, portentoso clásico del canadiense de Robertson Davies publicado originalmente en 1970, ganó el Premi Llibreter de 2006 y situó en el mapa a Libros del Asteroide, editorial nacida pocos meses antes con vocación de recuperar obras fundamentales del siglo XX sin traducciones al castellano o al catalán.
«Fue un flechazo desde el primer momento. El impulso del premio nos hizo vender 10.000 ejemplares en un año», recuerda Luis Solano, fundador de un sello que anda celebrando estos días su XX aniversario. Dos décadas desde que ‘En busca del barón Corvo’, de A. J. A. Symons, y ‘A la caza del amor’, de Nancy Mitford, llegaron a las librerías y un nuevo cuerpo celeste empezó a surcar la galaxia literaria. Con los años llegarían Nórdica (2006), Periférica (2006), Impedimenta (2007), Blackie Books (2009) y Sajalín (2009), pero fue Libros del Asteroide la que abrió fuego el 1 de mayo de 2005 y ejerció de ilustrado rompehielos para el ‘boom’ de editoriales independientes de principios del siglo XXI.
El objetivo, asegura Solano, estaba claro desde el principio desde el primer momento: «crear una marca de la que los lectores se pudieran fiar«. «A mí me parecía que había marcas editoriales potentes pero muy erráticas. Y el ser errática tenía que ver, entiendo, con la cantidad de autores que estaban publicando: si tú publicas 60 novedades al año, es muy complicado que todas las novedades sean buenas», explica. Solano, que venía de trabajar en Planeta en lanzamiento del libro digital, se fijó una primera meta de 10 libros al año. Rastreó la colección Penguin Classics; recuperó a Henri Pierre Roche, Edward Lewis Wallant y William Maxwell; publicó su primer Chaves Nogales; y encontró en Robertson Davies un filón prácticamente inagotable.
Luis Solano, editor y fundador de Libros del Asteroide, por el 20 aniversario de la editorial, en las oficinas de la editorial / FERRAN NADEU
Difundir la palabra
Veinte años y 365 títulos publicados después, el número de lanzamientos se ha duplicado y la norma autoimpuesta de «no considerar ningún libro con menos de 10 años de antigüedad» es agua pasada, pero el espíritu sigue siendo prácticamente el mismo. A saber: «conseguir cada vez mejores libros, difundirlos mejor y tener más información de otros países». Es así como, poco a poco, Libros del Asteroide se ha convertido en hogar de Norah Ephron, Peter Cameron y Maggie O’Farrell. De Rachel Cusk, Graham Greene y Maggie Smith. «Ha sido un crecimiento muy paulatino, muy orgánico. Cada año hemos vendido más que el anterior», asegura Solano.
Entre los grandes éxitos de estas dos décadas, ‘El quinto en discordia’, ‘Algún día todo este dolor te será útil’, de Peter Cameron, ‘Años salvajes,’ de William Finnegan; ‘Los días perfectos’, de Jacobo Bergareche; ‘Hamnet’, de Maggie O’Farrell; y ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí’, de Manuel Chaves Nogales. Y en el capítulo de libros que merecerían una segunda oportunidad, una espina clavada: ‘Roscoe, negocios de amor y guerra’, de William Kennedy. «Publicamos tres libros suyos, y para mí este es el mejor con diferencia. Tuvo mala suerte. Creo que hoy se leería mejor que hace 20 años», reconoce. En realidad, destaca Solano, lo del guionista de ‘Cotton Club’ vendría a ser la excepción que confirma la regla. «Si tienes un buen libro y sabes hacer las cosas bien, al final el libro va encontrando su camino. A veces la parte que angustia un poco más es encontrar libros buenos», sentencia. El olfato, en este caso, se vuelve imprescindible. «Al principio de cada temporada hacemos como una porra entre todos los que trabajamos aquí de cómo puede ir el libro y casi siempre siempre acertamos. Muchas veces el libro supera las expectativas, pero pocas veces está por debajo», desvela.
En estos veinte años, el catálogo de Libros del Asteroide, lo que vendría a ser su línea editorial, ha sufrido dos profundas sacudidas: la llegada primero de la literatura contemporánea y la creación, años después, del Premio de No Ficción. Dos momentos especialmente trascendentales que, en ambos casos, tienen que ver con la manera de leer e interpretar la realidad. «Me di cuenta de que si era capaz de detectar si un libro iba a ser bueno con independencia de que venga avalado por un colección o de que haya vendido tanto en su país, eso significaría un cambio importante en la vida de la editorial», explica. Fue así como llegaron ‘El frente ruso’, de Jean-Claude Lalumière; ‘Todo’, de Kevin Canty; o ‘Canciones de amor a quemarropa’, de Nickolas Butler. La creación del premio, por su parte, ha supuesto que los autores españoles «vayan ganando espacio» en el catálogo. «De repente la gente ve que tenemos autores españoles y nos mandan más cosas», celebra.

Luis Solano, editor y fundador de Libros del Asteroide, en las oficinas de la editorial / FERRAN NADEU
La importancia del diseño
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, reconoce Solano que, hoy en día, con toda la presión comercial que existe en las librerías, una editorial literaria que intentase asomar la cabeza lo tendría un poco más difícil. Con todo, añade, cada vez que alguien llama a su puerta en busca de consejo para crear de la nada un nuevo sello, su respuesta es siempre la misma: que no escatime en el diseño. “No me digas que te lo va a hacer tu primo o un amigo de tu primo que es un diseñador muy bueno. Busca al mejor diseñador, intenta trabajar con los mejores para desarrollar una colección”, sugiere.
Sabe bien de lo que habla, ya que sus cubiertas, esos llamativos pantones directos en generosa escala cromática, se han convertido en marca de la casa y poderosa imagen corporativa. “La combinación de diseño, nombres, títulos y textos es lo que forma el catálogo y da contenido a la marca”, asegura.
A la vuelta de la esquina, alimentando un poco más ese catálogo, apuestas de futuro como ‘Comerás flores’, de Lucía Solla Sobral, ‘El sueño del jaguar’, de MIguel Bonnefoy; y ‘La pregunta 7’, de Richard Flanagan. De esta última, Solano avanza que es de lo mejorcito que ha leído en mucho tiempo. Habrá que hacerle caso.
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