Cartagena afronta el siguiente paso en su desarrollo logístico desde una posición consolidada dentro del sistema portuario español. En el primer semestre de 2026, sus instalaciones movieron 16,9 millones de toneladas de mercancías, un 4,87% más que en el mismo periodo de 2025, prolongando la elevada actividad de 2025, cuando el Puerto cerró con 34 millones de toneladas, su tercer mejor resultado histórico.
La radiografía expuesta en el foro ‘Cartagena: plataforma logística’, organizado por Prensa Ibérica, sitúa al enclave como el cuarto puerto español por tráfico total, el primero en tráfico industrial y comercio exterior, el segundo en graneles líquidos y el tercero en graneles sólidos. Una posición ligada al peso del Valle de Escombreras y a su tejido energético e industrial, para el que el puerto es vía esencial de entrada de materias primas y salida de productos.
A esta fortaleza se suman su ubicación en el Mediterráneo, los servicios portuarios 24 horas y los calados de hasta 21 metros de la dársena de Escombreras, que permiten recibir algunos de los mayores buques del Mediterráneo. Los graneles siguen siendo el núcleo del negocio: en el primer semestre de 2026 los líquidos superaron los 12,3 millones de toneladas y los sólidos rebasaron los cuatro millones, con un crecimiento interanual del 29,81%. La carga general alcanzó 467.562 toneladas y los contenedores, 22.218 TEU.
La estrategia pasa por aprovechar la base industrial existente sin depender solo de los tráficos tradicionales. José María Gómez Fuster, director general de la Autoridad Portuaria de Cartagena, defiende que las nuevas inversiones deben atraer compañías y mejorar el funcionamiento de las instalaciones. En esa línea se encuadra el nuevo Puesto de Control Fronterizo, una actuación de seis millones de euros para agilizar el movimiento de mercancías, y la ampliación del Frente 19 de Escombreras, licitada por 33,9 millones de euros, que aumentará la capacidad operativa para las empresas del Valle.
El salto ferroviario
La mejora de la conectividad terrestre, especialmente por ferrocarril, sigue siendo una de las principales demandas empresariales. La Autoridad Portuaria desarrolla una estrategia intermodal para ampliar el área de influencia de Cartagena y ofrecer alternativas a la carretera en el transporte de grandes volúmenes.
La previsión es poner en marcha durante 2026 la Estación Intermodal de Escombreras, preparada para trenes de hasta 750 metros. A ella se suma Algodor, un puerto seco en Aranjuez que acercará Cartagena a Madrid y al centro peninsular. La incorporación progresiva al Corredor Mediterráneo mejorará también la conexión con los mercados europeos.
El objetivo es ampliar el área de influencia terrestre, reducir trayectos por carretera y facilitar servicios ferroviarios regulares, con potencial especial para el sector energético, agroalimentario y los graneles, aunque también para contenedores. No se trata de sustituir a la carretera, sino de complementarla donde el tren resulte más eficiente, con menores costes y emisiones.
Fernando Vizoso, de KPMG en España, incidió en la capacidad de Cartagena para diversificar su actividad y en la necesidad de una estrategia de infraestructuras que permita competir con otros enclaves europeos, en un mercado donde disponer de un buen muelle ya no basta.
Puerto e industria
La relación entre el Puerto y las empresas de su entorno explica buena parte de la evolución de Cartagena. Ership afronta una segunda fase de mecanización de sus instalaciones en Escombreras, que elevará su capacidad hasta 360.000 toneladas, reduciendo el impacto ambiental mediante automatización y menor tránsito de camiones. Jorge Martín Barceló, delegado de Ership en Cartagena, describió la relación con el Puerto como “un matrimonio perfecto porque ha ayudado a crecer al puerto y nos ha ayudado a crecer a nosotros”.
TMC-Terminal Marítima de Cartagena es otro ejemplo. Su director general, José Antonio Cánovas Andreu, destacó la coordinación entre operadores y Autoridad Portuaria. La compañía suma más de tres décadas de actividad ligada a graneles sólidos y sector energético, con inversiones millonarias y más de un centenar de empleos directos.
Transición y tecnología
La transición energética es otro gran reto. La descarbonización del transporte marítimo obliga a adaptar instalaciones, suministro y sistemas operativos, algo especialmente relevante en un entorno de fuerte concentración industrial como Escombreras.
2026/09/14.Madrid,Foto Xavier Amado. Cartagena planta logistica / EPC
Nerea Chacartegui, de Enagás, subrayó la necesidad de acompasar esa transformación con la seguridad del suministro: “Tenemos que seguir trabajando en ambas líneas estratégicas con palancas como la digitalización y la innovación”. El reto es avanzar hacia actividades menos intensivas en emisiones sin comprometer la energía que necesita la industria.
La sostenibilidad forma parte también de la planificación portuaria, con electrificación de muelles y proyectos de descarbonización. Cartagena recibió en septiembre la certificación Green Marine Europe, primer puerto europeo en obtenerla tras superar una evaluación sobre emisiones, biodiversidad, residuos y protección marina. A ello se suma el bunkering de bioGNL y proyectos tecnológicos como el gemelo digital, VICTORIA y la plataforma CORNELIA, con sistemas de gestión basados en datos e inteligencia artificial.
Los retos pendientes
La modernización convive con problemas que pueden condicionar la llegada de nuevas actividades. Las empresas valoran no solo el coste del muelle, sino la disponibilidad de suelo, las conexiones ferroviarias y viarias, la capacidad eléctrica, el suministro de agua y los tiempos administrativos. Una carencia en cualquiera de estos elementos puede desplazar una inversión a otro enclave.
Gómez Fuster sitúa entre los principales retos la ampliación de la capacidad portuaria, la mejora de la conectividad, más suelo, garantizar el suministro eléctrico y agua industrial suficiente, junto a la agilidad administrativa. Como resumió: “el Puerto de Cartagena tiene que anticiparse a las necesidades de las empresas y preparar ahora las infraestructuras que necesitará durante los próximos años”.
Barlomar, más capacidad
En ese horizonte aparece la Terminal Polivalente de Barlomar, concebida para aumentar la capacidad de la dársena de Escombreras. El proyecto está en fase de tramitación ambiental y administrativa y contempla una inversión de 822 millones de euros, con participación relevante de la iniciativa privada.
Barlomar podrá atender graneles sólidos, mercancía general, contenedores y proyectos offshore, además de facilitar el traslado progresivo de tráficos desde Santa Lucía. Prevé conexión ferroviaria, enlace con el Corredor Mediterráneo y articulación con la futura Zona de Actividades Logísticas.
El Gorguel, otro horizonte
El Gorguel se sitúa en otra escala y a más largo plazo. La Autoridad Portuaria lo plantea como reserva estratégica para acceder a tráficos internacionales de contenedores, especialmente de transbordo, y ro-ro que requieren una dimensión distinta a la actual.
Su desarrollo no está en la misma fase que Barlomar. La Autoridad Portuaria defiende que vuelva a incorporarse a la planificación estatal y que su viabilidad se analice con criterios técnicos, económicos y ambientales. La nueva dársena ofrecería profundidad para grandes buques, conexiones por carretera y ferrocarril y proximidad a futuros espacios logísticos.
Las estimaciones sitúan la inversión por encima de los 1.500 millones de euros, cifra condicionada a la eventual materialización del proyecto. Mientras Barlomar responde a necesidades de capacidad más próximas en Escombreras, El Gorguel se orienta a captar a largo plazo nuevos flujos internacionales.
La financiación y la coordinación institucional serán determinantes en ambos horizontes. Barceló reclamó una “fuerte inyección público-privada” para seguir modernizando las instalaciones y competir con otros grandes enclaves europeos.
Capacidad portuaria, ferrocarril, suelo logístico, energía, agua, digitalización y descarbonización forman parte de una misma ecuación. Cartagena cuenta con una posición industrial y energética consolidada, pero ampliar su mercado exigirá acompasar las nuevas infraestructuras a las necesidades empresariales y agilizar los procedimientos administrativos.
El desafío no es construir desde cero una posición logística que Cartagena ya posee, sino ampliar su alcance: reforzar su actividad industrial y energética, mejorar la conexión con el interior, ganar capacidad y diversificar mercancías, para competir por nuevos tráficos e inversiones desde una posición ya asentada en el sistema portuario español.
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