El aprendizaje de la desilusión. El periodista barcelonés Dídac Peyret tenía 18 años cuando fue a ver por primera vez a Oasis. «Era mi grupo favorito de aquella época -relata-. Había escuchado ‘Wonderwall’ en el autocar del equipo de fútbol y al día siguiente ya fui a Disco 100 a comprar el CD de ‘(What’s the story) Morning Glory’. Fue un flechazo jevi». La fecha del concierto era el 20 de mayo de 2000. Ese día, Peyret acudió al Pavelló Olímpic de la Vall d’Hebron junto a un amigo y una prima de este. «Recuerdo que estábamos esperando en la cola y empezó a correr la voz de que se había cancelado. Y entonces vimos ahí, enganchado en una pared, un cartel pequeño, de tamaño Din A4, hecho con una impresión muy cutre, que anunciaba la suspensión del concierto ‘por lesión de Alan White’, que era el batería. En aquella época Oasis tenían fama de grupo fiestero y pasado de vueltas, así que todo el mundo pensó que debían de estar con un resacón terrible. Pese a la decepción, nos quedamos esperando a ver si salía alguno de los hermanos [Gallagher] y no sé si acabó saliendo Noel. Luego me compré una camiseta del grupo de color verde y nos fuimos a tomar unas copas para olvidarnos de todo».
Hoy nos puede parecer impensable que la suspensión de un concierto de este calibre se anuncie unos minutos antes a través de un cartel de Din A4 pegado en una pared del polideportivo, pero así eran las cosas hace un cuarto de siglo. También en el año 2000 habría resultado impensable que para adquirir las entradas de un concierto hubiera que participar en una carrera virtual de obstáculos que incluyera un sorteo final en el que a alguien de Barcelona le pudiera tocar ir a ver la actuación a Glasgow o a Múnich. De hecho, Peyret compró su localidad para el concierto de Oasis en el Pavelló de la Vall d’Hebron en una tienda de discos de la calle Tallers, sin colas ni padecimientos. Le costó 3.800 pesetas (22,83 euros). «Recuerdo la ilusión que me hacía tener la entrada física, en papel. Era algo que ya tenía valor en sí mismo».
Entrada del concierto de Oasis en Zeleste en 1996. / EPC
«Yo todavía la conservo», dice Sonia Padilla, que trabaja en gestión cultural. Se refiere a la entrada del primer concierto de Oasis en Barcelona, que tuvo lugar el 2 de abril de 1996 en la sala Zeleste del Poblenou (hoy Razzmatazz). «Fui con unos amigos y me parece recordar que las compramos en Gong Discos». El precio en esa ocasión era de 2.500 pesetas (15 euros). A diferencia de Peyret, Padilla sí ha decidido probar suerte esta vez, movida por una mezcla de «nostalgia y ganas de ver cómo está el grupo ahora, que se los ve bastante más serios y profesionales que las primeras veces que vinieron«. Eso sí, pone sus límites: «Si me toca en Barcelona, perfecto, pero no creo que vaya a verlos en ninguna otra ciudad».
42 fechas y un sorteo
Oficialmente, las entradas para asistir a los 42 conciertos de la gira que los reunificados Oasis protagonizarán el año que viene (y que incluye dos paradas en el Estadi Olímpic de Barcelona, los días 10 y 11 de julio) se ponen a la venta a partir de este viernes. Pero la gincana empezó hace unos días. Los interesados debían registrarse antes del 17 de septiembre en una web especial, indicando las tres ciudades de la gira a las que les gustaría asistir, por orden de preferencia. Tras un supuesto sorteo sin reglas claras, los afortunados empezarán a recibir el jueves 24 un código para acceder a la compra de entradas de una de las ciudades señaladas (se pueden adquirir hasta cuatro localidades por código). La venta se realizará finalmente entre el viernes 25 y el domingo 27 a través de Ticketmaster (es necesario, pues, tener una cuenta en la plataforma) y a unos precios que oscilan entre los 85 y los 255 euros.

Los hermanos Gallagher, en una imagen del documental ‘Don’t look back in anger’ / Big Brother Recordings
«Lo de la venta de entradas de los conciertos empieza a dar un poco de miedo -afirma Padilla-. Es verdad que antes igual tenías que pasarte horas haciendo cola a la puerta de una tienda, pero por lo menos sabías que si ibas con tiempo tendrías tu entrada. Ahora ya no sabes cuáles son los criterios y la sensación es que cuanto más dinero estés dispuesta a gastar, más posibilidades tienes». «El sistema es el reflejo del capitalismo brutal de los tiempos actuales, con una demanda disparada por esa necesidad de participar de las cosas que forman parte de la conversación», apunta Peyret, que en 2000 se quedó sin Oasis («el concierto se reprogramó para julio, pero yo no debí ni de enterarme, porque no fui») y se desquitó el 19 de junio de 2002, cuando al fin pudo ver al grupo en directo en la sala Razzmatazz después de pagar 28 euros por su entrada. «Esa noche la recuerdo bien porque Liam [Gallagher] iba con una camiseta sin mangas y eso, en pleno momento ‘indie’ como estábamos, nos pareció imperdonable».
Según una estimación de la plataforma TicketSource, el número de registros para intentar acceder a la compra de entradas para los conciertos de Oasis en 2027 puede superar ligeramente los 10 millones. El total de entradas que se ponen a la venta para las 42 actuaciones de la gira ronda las 2.900.000, por lo que más de 7 millones de fans del grupo están condenados a sufrir una decepción similar a la que experimentó Dídac Peyret aquel 20 de mayo de 2000. Al menos, ellos no se enterarán viendo un cartelito cutre enganchado en una pared.
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