Domínguez no es precisamente un orador ciceroniano. Su habilidad más notoria consiste en su rapidez mental en elegir en el argumentario del PP la mejor frase para su discurso o su réplica. Con esto y lucir muy erguido – a veces parece un instructor de pilates – el hombre va escapando. Tamara Raya no es, tampoco, una comunicadora muy potente, pese a los muchos años que pasó en el Congreso de los Diputados. No habla con autoridad de ningún asunto y siempre parece disponer de la información justita para pasar el día o el debate.
Para que va uno a hacerse ilusiones. El 90% de los debates en la Cámara son así. Y además no están ganando intensidad expositiva o crítica. Más bien lo contrario. Lo único que hierve de vez en cuando son las descalificaciones entre el PP y el PSOE – sí, Nira Fierro llamó «cuñado de Navidad» a Domínguez, una expresión afortunada – y la agitación iracunda de Vox, que generalmente se reserva Nicasio Galván: Paula Jover es más dura, pero menos melodramática, y Javier Nieto gusta posar como un hombre tranquilo y juicioso que pasaba por ahí y a lo tonto se afilió a Vox. Precisamente Vox es el objeto de preocupación electoral de los tres grandes partidos (CC, PSOE, PP) que parece como si esperaran el fin del mundo, el fin de mayo. Y no tanto en la Comunidad autónoma sino en los cabildos y, especialmente, en los ayuntamientos. Todas las encuestas señalan una subida asombrosa de la ultraderecha en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.
Por supuesto, los voxistas llevaron una proposición no de ley sobre Ceuta y el pobre Galván se retorció en la tribuna y puso su peor cara de furia desalmada. Me recuerda a un malo de Batman, pero intuyo que es mucho peor. Nada más empezar citó -todavía ignoro cómo se las arregló para hacerlo – a la policía municipal de Santa Brígida (sic) ¿Hay marroquíes en Santa Brígida? ¿Marruecos está invadiendo Santa Brígida, un pueblo pero tan bonito, como se encargó de recordar el propio Galván? Como el elector habrá imaginado, la única solución práctica pasa por votar a Vox. Es lo normal: la gestión del gobierno sanchista ha sido nefasta en la crisis de Ceuta y Vox aprovecha para advertir que esto lo arreglaría en un periquete. CC y PP presentaron una enmienda de sustitución. Galván no lo entendió muy bien: pensó que lo estaban corrigiendo. «Es una enmienda de sustitución», aclaró Ana Oramas con voz helada. ¿Se llegó en la Cámara regional a un consenso sobre el tratamiento de la crisis de Ceuta y las lecciones que podría y debería extraer Canarias? Por supuesto que no. Para conservadores y socialistas el futuro electoral se juega ya en Ceuta. Es un territorio de enfrentamiento y disputa entre ambos partidos: una situación preocupante y grimosa. Y todo un éxito político de Marruecos. Que la corte corrupta y trapisondista de un monarca multimillonario y moribundo consiga reventar a las élites políticas de su vecino tiene mucho mérito.
También se habló de Ceuta en dos (2) comparecencias de la consejera de Presidencia, Nieves Lady Barreto, que transcurrieron casi inadvertidamente por su espíritu taquimecanográfico, una ristra de comparecencias más del consejero de Educación, que contestaba preguntas ya con el piloto automático, pensando en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, un par de estampidas en seco de la consejera de Turismo y Empleo a la oposición, según su costumbre, y otro intento de exorcismo de Nueva Canarias para que la consejera de Sanidad arroje al demonio que la controla y reconozca que la lista de espera del Servicio Canario de Salud son infinitas, irrecuperables, irreformables. Después llegó el chaparrón de las interpelaciones. Cayeron como la lluvia tropical: llovían palabras y palabras y el suelo o el cielo milagrosamente lo absorbía todo y todavía más milagrosamente la presidenta de la Cámara apenas se equivocaba. Por cierto: algunos chismosos advertían que todo no ha terminado y que Astrid Pérez va a exigir algo como compensación por todos los años de servicio, y si no le dan lo que ella quiere pues presentarla al Senado, que dicen por ahí que Francisco Fajardo se jubila.
Fue en las proposiciones no de ley donde se recuperó la voz de Sebastián Franquis quien, por cierto, no asistió – ni él ni otros chanistas connotados – en el acto oficial (y festivo) de la consagración de Ángel Víctor Torres como candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, lo que según algunos dejó frío al ministro y según otros lo irritó bastante. Lo que demandó Franquis en su PNL fue que se cumpliera el decreto de 2023 para que las personas que habitan en régimen de alquiler en viviendas protegidas de la Comunidad autónoma y Visocan puedan acceder a la propiedad después de muchos años esperando. En la tribuna de invitados estaban presentes una veintena larga de los afectados que aplaudieron a Franquis como a un divo de la ópera. Servidor creyó incluso oír un «¡bravo!» entusiástico. Cuando la PNL consiguió el apoyo de la mayoría se escuchó una ovación todavía mayor. Franquis sonreía y saludaba. José Miguel Barragán sonrió y después saludó, lo que no es lo mismo. También se aprobó por unanimidad otra proposición para «el impulso del reconocimiento (sic) de la fiesta de los Caballos Fufos» que se celebra desde principios del siglo XX. El objetivo es convertir la fiesta en bien de interés cultural (BIC). Nada más terrorífico que los diputados cuando se lanzan a exaltar las fiestas populares y la cultura local. Persiguen todos los tópicos y los introducen vivos o muertos en sus discursos. No tienen perdón de Dios. «Ojalá los caballos fufos sigan bailando por las calles de Tazacorte dentro de cien años», «estas fiestas son el alma de un pueblo», «que siempre podamos escuchar el vuela, vuela palomita, en el desfile de los caballos fufos», «una fiesta dedicada a San Miguel Arcángel, que católico, qué español, qué bonito». Por supuesto, la PNL fue aprobada por unanimidad de la Cámara y todo el mundo aplaudió henchido de emoción fufa.
También se debatió una PNL, presentada por la diputada conservadora y periodista Rebeca Paniagua, para condenar ese listado de periodistas distribuido en un documento de la Oficina de Comunicación del Ministerio del Interior, donde se les calificaba política e ideológicamente. El papelajo está siendo investigado actualmente por la Agencia de Protección de Datos. Lo que convierte este asunto en impresentable es que la taxonomía se elaborara por periodistas del Ministerio del Interior y circulara con membrete oficial. Porque, fríamente, a uno no se le ocurre ninguna buena razón técnica para defender esta práctica desde los despachos gubernamentales. Los socialistas intentaron hacerse los locos, pero no fue demasiado convincente. Paniagua lo consiguió y la PNL fue aprobada, pero este asunto es casi insignificante para diagnosticar la salud de la libertad de prensa en los ámbitos públicos y privados. Pero los parlamentos son como los seres humanos, tal y como los definió Thomas Eliot: «Solo toleran una dosis muy pequeña de verdad».
Suscríbete para seguir leyendo







