A 10 días del primer turno de las elecciones brasileñas, la última encuesta de la consultora Datafolha muestra que no da tregua la polarización entre los principales candidatos, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y el senador ultraderechista, Flávio Bolsonaro. Lula tiene una intención de voto del 40%, cuatro puntos más que el hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, quien cumple en su casa de Brasilia la condena por intento de golpe de Estado. Sin embargo, en el segundo turno, el 25 de octubre, Lula obtendría un 47 %, contra 45 % de su rival. La diferencia es tan escasa que, debido al margen de error de las mediciones, la situación por el momento es de empate técnico. Ninguno de los dos candidatos ha decidido participar del debate televisivo y es posible que el ausentismo vuelva a tener lugar en unas semanas. Los analistas estiman que, como en 2022, la contienda se decidirá por muy pocos votos.
Cuatro meses atrás, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) le llevaba 10 puntos de distancia. La crisis en el Tribunal Supremo Federal, con el juez Alexander de Moraes en el centro de un escándalo, terminó perjudicándolo. De Moraes fue el juez que tuvo mayor protagonismo en el proceso contra Jair Bolsonaro.
El psiquiatra Augusto Cury, autor de libros de autoayuda, cosecha el 5% de las adhesiones. Un porcentaje similar se inclinaría por el voto nulo. Cuatro partidos menores se reparten las preferencias restantes. Los indecisos, en tanto, representan el 2 %, pero pueden ser determinantes dada la paridad.
Según Datafolha, el 80 % de los votantes ya tiene su voto decidido. Entre quienes no se declaran partidarios de Bolsonaro ni del PT, el 35 % dice que podría cambiar de opinión. El presidente tiene mejor aceptación entre el 50 % más pobre, y supera a Bolsonaro 46 % contra 32 %. También gana por 49 % contra 29 % entre los sectores con menor nivel educativo. Se impone además entre las mujeres. «El problema para el candidato del PT ahora es movilizar a este electorado, que por lo general aumenta la abstención», señaló el diario paulista Folha. A Bolsonaro le va mejor entre los evangélicos, parte de la clase media y las regiones del sur.
Medidas en medio de la campaña
En medio de la campaña, Lula ha aumentado el monto que reciben los sectores sociales menos favorecidos por el plan Bolsa Familia. También ha decidido tomar una medida de alto impacto mediático: la prohibición de las empresas de apuestas electrónicas, conocidas en Brasil «bets«. El Gobierno prepara a su vez un proyecto para apoyar a los clubes de fútbol, altamente endeudados y que ven en las «bets» una forma de financiamiento a través de patrocinios. Las apuestas en línea se autorizaron durante el Gobierno provisional de Michel Temer (2016-2018) y fueron reguladas por la actual administración. Las 85 casas de apuestas existentes anunciaron que recurrirán a la justicia si las sacan del juego.
El factor Trump
A diferencia de otras campañas, la política exterior se ha convertido en un tema que puede tener incidencia en el comportamiento de los electores. El Gobierno no deja de condenar las intervenciones de la administración de Donald Trump en la política brasileña con el propósito de favorecer a Bolsonaro. Lula condenó la injerencia durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el pasado martes. «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie», dijo y, en un gesto inusual, evitó saludar al secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. Las presiones contra Lula también se han hecho evidentes en el aumento de los aranceles a las exportaciones brasileñas.
En este contexto, numerosos congresistas del Partido Demócrata de EEUU reclamaron al magnate republicano que se abstenga de sus intentos de incidir en el resultado de las elecciones brasileñas. Washington, se advierte en una carta dirigida a Rubio, «está actuando como agente de desestabilización, utilizando presión diplomática, económica y política de maneras que ponen en riesgo las instituciones democráticas» de Brasil. Entre los firmantes de la declaración se encuentran Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders, Pramila Jayapal, Ilhan Omar y Joaquín Castro. Las acciones de Trump, se señala también, deterioran los vínculos «con un aliado estratégico y socio comercial». El caso brasileño no es una excepción sino la regla que se ha verificado en la región, especialmente en los comicios de Argentina, Colombia, Honduras y Chile, que resultaron favorables a la ultraderecha. Ahora, en el gigante sudamericano, el magnate se ha colocado «directamente como actor central en las elecciones».
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