Donald Trump y Delcy Rodríguez tuvieron su esperado encuentro en el hotel Lotte New York Palace. El magnate alzó su pulgar para ser tomado por la cámara. Su colega venezolana hizo la «V» de la victoria. Ambos sonrieron. Rodríguez ofreció las primeras palabras en X. «Sostuvimos una histórica reunión con el presidente de los Estados Unidos, con quien conversamos sobre el fortalecimiento de la relación bilateral entre nuestros países y el avance de una agenda de cooperación en áreas estratégicas como energía, minería, seguridad». La «presidenta encargada» recibió de su colega norteamericano un nuevo lustre de legitimidad política, a casi nueve meses de la intervención militar que se llevó a Nicolás Maduro. Su antecesor en el Palacio de Miraflores se encuentra a 25 minutos de distancia del lugar donde se celebró la reunión. Pero Maduro se encuentra detenido en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn. Los analistas consideran que sería casi imposible que Rodríguez lo invoque con nombre y apellido cuando tome la palabra en la Asamblea General de Naciones Unidas, el próximo jueves. Desde ha mucho tiempo que el Gobierno provisional ha dejado de reclamar abiertamente la libertad del hombre que gobernó el país sudamericano por casi 13 años de alta conflictividad con Washington.
Ese tiempo de confrontación abierta parece haber quedado atrás el 3 de enero por la fuerza de las bombas inteligentes y luego los acuerdos económicos entre Washington y Caracas que constituyen el verdadero basamento temporal de la gestión de Rodríguez. El magnate republicano conversó con ella a puertas cerradas. Lo hizo acompañador del secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles; y el subjefe de gabinete, Stephen Miller. La prensa oficial venezolana ni siquiera hizo referencia en sus portales a la noticia al concluir el martes.
Rodríguez había participado de la apertura de la Asamblea General, donde saludó al jefe de Gobierno de España, Pedro Sánchez. La mandataria interina escuchó luego impertérrita el discurso de Trump. Las cámaras tomaron su rostro en momentos que el multimillonario se refería a Venezuela como un conquistador. «Al vencedor le pertenecen los despojos», dijo en alusión al control de los recursos energéticos bajo la forma de un acuerdo bilateral que provoca desconfianza y estupor, tanto en lo que fue el antiguo chavismo con en sectores opositores. Rodríguez y su ministro de Exteriores, Félix Plasencia, escucharon también como el presidente se refería al pasado «régimen brutal«, del cual formaban parte. «Estados Unidos no descansará hasta ver una transición hacia la democracia y la salida definitiva del régimen del poder», dijo también Trump. Pero, por lo pronto, su interlocutora es la ex vicepresidenta de Maduro hasta la madrugada del 3 de enero.
Primeras repercusiones
Analistas consultados por el portal Efecto Cocuyo señalaron que el discurso de Trump «evidencia el poder de la fuerza que ejerce su administración sobre el interinato, bajo riesgo de correr la misma suerte que Maduro y (Cilia) Flores y echa por tierra la narrativa chavista de la victoria de la diplomacia». El secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y ministro del Interior, Diosado Cabello, se permitió esa interpretación contra todos los datos que ofrece el presente. «La presidenta estará en la ONU levantando la voz por un pueblo. Deseamos éxito a su presencia, nosotros estaremos aquí con actividades de calle para apoyar a nuestra presidenta en su discurso, los demás que sigan lanzando piedras a los aviones, en su odio, despecho, resentimiento, frustración». Según la politóloga María Isabel Puerta Riera, la «presidenta encargada» es «una rehén de Trump, mientras él esté en la Casa Blanca». Ella «tiene que hacer lo que él diga; eso no fue producto de la diplomacia, sino de la captura de Maduro por medio de una operación militar. Ella puede ser la próxima si se sale del carril; eso no es diplomacia».
La decisión de Trump de recibir a Rodríguez en Nueva York fue posible gracias al levantamiento de las sanciones y causas judiciales que pesaban en su contra. El magnate ha designado la garante de la aceleración de los negocios de empresarios de EEUU en Venezuela, ya sea en el rubro petrolero como minero y la modernización del servicio de energía eléctrica. Mientras, el Gobierno interino y un sector de la oposición sientan las bases para una transición institucional bajo la observancia norteamericana. La antigua aliada de Trump, María Corina Machado, es una espectadora de los cambios que se operan en el país. La Premio Nobel, quien llegó a regalarle la medalla al presidente de Estados Unidos, ha intentado sin suerte retornar a Carcas tres veces en las últimas horas.
Acompañamiento latinoamericano
La presencia de Rodríguez en la ONU supuso un reconocimiento internacional de su legitimidad, avalada por la Casa Blanca. Buena parte de los países de la región alineados con Washington ha comenzado una tarea de acercamiento a Caracas. El presidente paraguayo, Santiago Peña, visitó la capital venezolana antes de viajar a Nueva York. Al tomar la palabra en el foro, el ultraderechista chileno, José Antonio Kast, no solo destacó el restablecimiento de las relaciones consulares sino la importancia del giro político que tiene lugar. «Reconocemos la realidad como es, valoramos el cambio donde existe, y ofrecemos acompañamiento. Consideramos que Venezuela tiene por delante una oportunidad histórica de reencontrarse con sus mejores tradiciones democráticas, con sus instituciones, con sus millones de hijos dispersos por nuestro continente que sueñan con regresar. América Latina quiere que esta historia termine bien».
Suscríbete para seguir leyendo















