Donald Trump ha generado una dependencia del Partido Republicano hacia su figura ideológica, electoral y económica. Y la paradoja es que esa dependencia se intensifica justo cuando su baja popularidad, el coste de vida y la guerra de Irán empujan a algunos candidatos republicanos a querer cierta distancia. A menos de dos meses de las elecciones legislativas, necesitan grandes cantidades de dinero para competir, pero también el dinero y la movilización de Trump.
Durante años, su nombre y su imagen han servido para elevar la captación de donaciones. Ahora el poder va más allá. MAGA Inc., el comité de acción política independiente (llamados super PAC) controlado por Trump, acumulaba más de 403 millones de dólares a finales de julio, más que cualquiera de los principales comités de los dos partidos. Durante el verano gastó muy poco, impacientando a los candidatos republicanos, aunque ya empieza a desplegar esos fondos en algunas de las carreras decisivas de estas elecciones de medio mandato (midterms).
Y es que mientras Trump puede ser un lastre electoral entre algunos votantes decisivos, desanimados por el aumento del coste de vida e Irán, los candidatos necesitan el dinero que está en manos del líder del partido, y su capacidad para movilizar a la base más ideológica. Así, la campaña de 2026 está mostrando hasta qué punto el presidente ha convertido su dominio político del partido en un poder también financiero.
La estrategia entraña un riesgo porque Trump rinde peor que su partido en las encuestas nacionales. Alrededor del 44% de los votantes registrados apoyan a los republicanos para la Cámara de Representantes, mientras que la aprobación del presidente ronda el 38%. Los candidatos republicanos al Senado también superan de media a Trump, en un momento marcado por el malestar económico y la guerra de Irán.
400 millones
Trump ha dejado claro que considera que los fondos de MAGA Inc. están bajo su control y que no son del partido ni del Comité Nacional Republicano. «Este es mi dinero», aseguró recientemente, y enfatizó que son unos fondos «separados» de los del partido que puede decidir cuánto gastar y cuánto conservar. Incluso ha planteado reservar una parte para las elecciones de 2028 «si eso es lo que quiero», insistió, pese a que la Constitución le impide aspirar a un tercer mandato.
Trump refuerza su poder sobre el partido combinando sus apoyos en las primarias con el control del dinero que reclaman los republicanos en los estados más disputados. El ejemplo es Texas:Trump impulsó la candidatura de un polémico Ken Paxton (salpicado por escándalos de corrupción y sexuales) frente al veterano senador John Cornyn, convirtiendo un feudo republicano en una batalla competitiva. Mientras tanto, el demócrata James Talarico ha recaudado más de 68,5 millones de dólares, frente a los nueve millones de Paxton.
Los republicanos mantienen una ventaja financiera global frente a los demócratas, pero una parte extraordinariamente alta de ese dinero está controlada por Trump y sus aliados más directos. Los candidatos demócratas, en cambio, disponían a finales de verano en conjunto 141 millones de dólares más que sus rivales republicanos en sus propias cuentas de campaña. Ese dinero puede gastarse directamente en sus estados y distritos, sin pasar por el cuello de botella que genera la concentración de recursos alrededor del presidente.
Esto ha llevado a otros dirigentes republicanos a pedir ayuda abiertamente antes de que sea demasiado tarde. John Kennedy, senador republicano por Luisiana, ha reclamado que Trump destine entre 100 y 200 millones de dólares a Texas. «Necesitamos ayuda del presidente», dijo, ya que si los demócratas ganan Texas, se podrían hacer con el control del Senado en Washington.
Finalmente, el dinero ha empezado a moverse, destinado a reservar publicidad para media docena de contiendas clave. Sin embargo, el enfoque que le quiere dar Trump es promocionar su balance presidencial, de manera que el dinero destinado a ayudar a los candidatos mantenga también su figura en el centro de la campaña.
El presidente de EEUU, Donald Trump, pronuncia un discurso durante la segunda jornada de la Convención Nacional Republicana en Dallas, Texas. / ALBERT PENA / EFE
Castigar y premiar
Trump está utilizando su peso político y financiero para convertir las elecciones legislativas en una campaña también sobre su presidencia. La convención republicana celebrada recientemente en Dallas volvió a situarlo en el centro del partido. Su super PAC quiere que los anuncios saquen pecho de sus dos años en la Casa Blanca. Además, el programa republicano destinado a promocionar nuevos candidatos, conocido durante años como «Jóvenes promesas», ha sido rebautizado como «Mayoría MAGA».
Esto refleja cómo, de nuevo, Trump está yendo un paso más allá que en las midterms de su primer mandato, en 2022. Entonces, MAGA Inc. financió anuncios en carreras competitivas al Senado que ni siquiera mencionaban a Trump, una forma de proteger a candidatos que podían pagar un coste electoral por una asociación demasiado estrecha con él.
Esa concentración de recursos le permite decidir dónde entra el dinero, qué candidatos reciben apoyo y cuánto de ese apoyo lleva su sello. También le ofrece una herramienta para conservar influencia cuando abandone la Casa Blanca: con cientos de millones aún disponibles, puede seguir premiando aliados y respaldando a quienes busquen su apoyo en futuras elecciones. A pocas semanas de las urnas, el poder financiero de Trump ya forma parte de la estructura del Partido Republicano y condiciona el margen de quienes compiten bajo sus siglas.
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