Trump y Xi vuelven a verse: ¿llega China con ventaja a la gran cumbre de Washington?

Donald Trump y Xi Jinping volverán a verse cara a cara el próximo jueves, 24 de septiembre, en Washington, en una de las grandes citas económicas y geopolíticas del otoño. Comercio, inteligencia artificial (IA), Taiwán e Irán estarán entre los principales asuntos de la segunda cumbre que mantienen ambos mandatarios este año tras la de mayo, cuando el líder estadounidense viajó a China.

Pero, ¿en qué posición llegan las dos mayores economías del mundo? Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg, plantea esta pregunta antes del encuentro: «¿Ventaja para Pekín?»

El economista considera que Xi tiene motivos para llegar satisfecho. A su juicio, China salió vencedora de la guerra comercial con Estados Unidos del pasado año, su posición internacional está mejorando y parece estar recortando distancias con EEUU en inteligencia artificial. Sin embargo, esa aparente fortaleza tiene un coste. Berenberg advierte de los graves desequilibrios internos del modelo chino, mientras Estados Unidos, pese a sus propios problemas, conserva importantes ventajas estructurales.

¿VENTAJA PARA PEKÍN?

China está demostrando su creciente capacidad para competir internacionalmente. Sus productos están ganando presencia en los mercados mundiales y la estrategia de Pekín para aumentar su autosuficiencia está dando importantes frutos. Schmieding pone como ejemplo la energía: las reservas de petróleo acumuladas por China han permitido amortiguar parcialmente el impacto de la subida de los precios provocada por el conflicto con Irán.

A ello se suma la carrera tecnológica. China continúa avanzando en inteligencia artificial, uno de los grandes terrenos de competencia con Estados Unidos y uno de los asuntos que estarán presentes en Washington. Sin embargo, la fortaleza china tiene otra cara.

El gran perjudicado del modelo chino es el consumidor

Desde Berenberg sostienen que el modelo impulsado por Xi se apoya en un elevado ahorro interno que se canaliza hacia los sectores de alta tecnología considerados estratégicos por Pekín para alcanzar la paridad tecnológica y militar con Estados Unidos. A esto se añaden una moneda fuertemente infravalorada y numerosas subvenciones, tanto explícitas como encubiertas. «China está comprando cuota de mercado global», resume.

La feroz competencia derivada de la sobrecapacidad industrial favorece el progreso tecnológico, pero tiene también un coste: el capital destinado a esos sectores prioritarios deja de invertirse en otras partes de la economía. Y ahí aparece, según Berenberg, el gran perjudicado del modelo: el consumidor chino.

Schmieding utiliza una imagen especialmente gráfica. China, señala, se está convirtiendo en una gran fábrica de alta tecnología en la que robots ensamblan vehículos eléctricos de máxima calidad, mientras fuera espera un joven universitario que no consigue encontrar trabajo.

Para una economía que todavía se encuentra en niveles de renta media, considera que dedicar tantos recursos a convertirse en líder mundial de las tecnologías más avanzadas supone una utilización desequilibrada del capital.

Los datos de consumo reflejan parte del problema. El crecimiento acumulado de las ventas minoristas se había reducido en agosto a apenas un 1,2% interanual, mientras la confianza de los consumidores permanece cerca de mínimos históricos. A más largo plazo aparece un desafío todavía mayor: la demografía. Con una tasa de fertilidad de aproximadamente un hijo por mujer, China se dirige hacia un grave deterioro demográfico.

Así, detrás de la imagen de una potencia exportadora que gana terreno en IA y desafía el liderazgo tecnológico estadounidense, Berenberg encuentra una economía profundamente desequilibrada entre producción y consumo.

EEUU, «¿EN MEJOR SITUACIÓN? MÁS O MENOS»

Estados Unidos conserva, sin embargo, importantes ventajas. Schmieding destaca su condición de economía de mercado, unos mercados de capitales profundos y abiertos, sus instituciones y el Estado de derecho. También pone como ejemplo a la Reserva Federal (Fed). A su juicio, su actuación frente a la inflación demuestra que mantiene su independencia pese a las presiones de Trump sobre la política monetaria.

Pero EEUU tampoco está libre de desequilibrios. Uno de ellos vuelve a encontrarse en la inteligencia artificial. Berenberg plantea una de las grandes preguntas que rodean actualmente al ‘boom’ inversor: ¿pagarán finalmente los usuarios de la IA lo suficiente como para justificar el enorme volumen de inversión, parcialmente financiado mediante deuda, que se está destinando a esta tecnología?

«Los consumidores estadounidenses tampoco están precisamente optimistas»

Además, una parte de ese impulso beneficia a países de Asia Oriental y otras economías que suministran a Estados Unidos los chips y equipos necesarios.

A esto se añade el deterioro de las finanzas públicas, que Schmieding considera situadas en una trayectoria insostenible, y una situación de los hogares que tampoco resulta especialmente boyante. El crecimiento de la renta disponible real se frenó hasta el -0,1% interanual en el segundo trimestre. «No sorprende que los consumidores estadounidenses tampoco estén precisamente optimistas», señala.

Con todo, muchos de los asuntos presentes en la primera cumbre de mayo volverán a la mesa: comercio e inversión, inteligencia artificial, Irán y Taiwán, además de la gestión de la rivalidad estratégica entre ambos países. Schmieding termina apuntando que Trump y Xi tendrán numerosos asuntos geopolíticos que discutir y cualquier reducción de los aranceles sería bienvenida. Pero, a juicio del economista, ambos harían bien en prestar también atención a cómo mejorar las perspectivas de sus propios consumidores en lugar de centrarse en los grandes gestos sobre la alfombra roja.

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