Bartomeu Nadal (Binissalem, 1976) fue concejal de Juventud del 1999 al 2007, y un colaborador importante en la creación de la “Festa dels Trepitjadors”, dando apoyo, desde el Ayuntamiento, al colectivo “Joves des Trui”, entidad que fundó dicha fiesta en el año 2000 y de la cual este año se celebra la edición número 25. De todas esas ediciones de esta celebración en las Festes des Vermar de Binissalem, Bartomeu Nadal no se ha perdido ni una.
Como concejal de Juventud, y como participante en estas 25 ediciones, ¿Cómo recuerda los inicios y preparación de aquella primera “Festa dels Trepitjadors”?
La fiesta surgió como acto para reivindicar la vestimenta que antiguamente se empleaba en los lagares para pisar la uva y transformarla en mosto para elaborar el vino. El Ayuntamiento, durante años anteriores, había modificado la manera de hacer la ofrenda del mosto a la Virgen de Robines cambiando la prensa de prensar uva por hacer pisar la uva a los dos “Vermadors” luciendo el vestido de “trepitjador” o “cassot”. Pero es a raíz del primer concurso de pisar uva (1999) de donde surgió la idea de organizar la “Festa dels Trepitjadors” en el año 2000. En aquel primer concurso, organizado por la asociación “Arròs amb salseta”, los cuatro integrantes de un grupo lucieron esa vestimenta por iniciativa propia y confeccionada por ellos mismos con tela de saco, teniendo en cuenta que en aquella primera edición del concurso todavía no se exigía llevarla puesta ya que nadie disponía de esa prenda. Así pues, al año siguiente la gente se animó y en la primera edición de la “Festa dels Trepitjadors” fueron unas 300 personas las que ya se hicieron el vestido.
Y de aquel grupo que primero se dio a conocer como los “Joves de sempre” y que acabaron siendo los “Joves de Trui”, ¿Cómo recuerda los comienzos de su fundación y puesta en marcha?
Eran un grupo de jóvenes que formaban pandilla y se acercaron al Ayuntamiento para organizar actos dirigidos básicamente a los jóvenes dentro de las fiestas de Sant Jaume, de Fin de Año, “Festa dels Trepitjadors”… Entusiasmados con todo lo que organizaban, con ganas de seguir haciendo cosas por la juventud y el pueblo en general, y de cara a dar continuidad a este grupo que se había formado y también por incentivar a que más gente entrara a formar parte del grupo, decidimos constituir formalmente una asociación.
¿Y desde el Ayuntamiento del que formaba parte, el resto de integrantes del Consistorio cómo veían toda aquella movida juvenil que se iba cuajando? ¿Había dudas, opiniones diversas…?
Aquí he de reconocer que había algunas cosas que se proponían, como por ejemplo la batalla de uva, que no todo el mundo lo veía de la misma manera y costó convencer a todos los miembros del Consistorio de aquel momento, pero en general siempre se intentó apoyar las iniciativas que proponían los jóvenes, tal vez, en según qué casos, haciendo pequeñas modificaciones a lo que ellos planteaban. Aquí debo decir que Joan Amengual, entonces concejal de Fiestas, siempre me ayudó mucho en la tarea de conseguir el apoyo de los integrantes del equipo de gobierno.
La “Festa dels Trepitjadors” en la plaza comenzó con poco más de 300 personas que asistieron a la comida popular, pero en cuestión de cuatro años ya eran 1.200, y de ahí fue a más hasta llegar a un punto en que la organización ha tenido que aplicar un máximo de asistencia. ¿Cómo valora todo este crecimiento de este sábado tan intenso?
Creo que es bueno que la fiesta haya ido creciendo, señal de que está viva y que el pueblo se ha implicado en ella. Ahora bien, como todo, los excesos no son buenos y lo que hay que intentar evitar es que este tipo de fiestas mueran de éxito. También debe tenerse en cuenta que el espacio es el que es y si no se limita el número de asistentes no se puede hacer la fiesta con las mejores condiciones, sobre todo, por el tema de poner mesa para todos los comensales.
Aunque la comida en la plaza y la actuación de grupos musicales son importantes en esta jornada, si hay un aspecto que marca la esencia de la “Festa dels Trepitjadors” es una prenda: el “cassot”. Como concejal, seguramente también tiene recuerdos de esas primeras reuniones y charlas con los jóvenes de esa época donde se debatía sobre la confección de trajes de pisador de uva y de la condición de llevarlo puesto para asistir a la fiesta…
Como la fiesta no surgió propiamente del Ayuntamiento sino que fue un grupo de jóvenes, encabezados principalmente por Miquel Àngel Rosselló y Margalida Llabrés, quienes tuvieron la idea de recuperar esta vestimenta, no puedo decir mucho de toda la movida que se hizo el primer año para confeccionar los vestidos de “cassot”. Sí que me consta que ese primer año se movilizó a casi todas las modistas del pueblo y a algunas de otras localidades para poder confeccionar los vestidos de toda la gente que asistió a la primera fiesta.
Con los años, también ha habido gente, mujeres, que han hecho uso de camisolas en sustitución del típico “cassot”, una costumbre que muchas personas creen que debería corregirse. ¿Qué opina?
Así es, creo que hay que velar porque la gente vaya vestida así como toca y de hecho, los “Joves des Trui”, como organizadores de la fiesta, siempre lo recuerdan. La gente debe tener claro que no se trata de una fiesta de blanco y que es suficiente con llevar ropa de color blanco. Se trata de la “Festa dels Trepitjadors”, que surgió con la intención de recuperar este vestido que empleaban nuestros antepasados, y por eso debe preservarse el espíritu de la fiesta, que es el “cassot”.
Aparte de este aspecto ahora comentado, en su opinión, ¿Cree que hay otro aspecto o detalle que se podría añadir o modificar por el bien de esta fiesta?
Siempre todo es mejorable y creo que los propios organizadores van pensando cada año qué cosas se pueden mejorar. El hecho que comentábamos antes de la vestimenta es un tema que debe vigilarse. Tal vez, también se podría pensar algo para la gente más mayor o más joven que asiste a la comida y que después, a la hora de la “bauxa”, se sienten un poco desplazados.
En la comida, varios años se sirvió paella, un año se cambió a fideuá y, finalmente, a partir de 2009, los típicos “fideus de vermar” retornaban a la mesa, y hasta ahora. ¿Cómo valora este cambio de menú? ¿Tienen gancho los “fideus de vermar”?
Al principio se hizo paella porque, tal vez, el menú de la comida no era lo más importante de la fiesta, sino que la comida era un motivo para juntar a la gente y “posar peus davall taula”, como suele decirse en mallorquín. Tal vez también porque era más fácil y rápido cocinar una paella para mucha gente que cocinar “fideus de vermar”, que conlleva mucho más trabajo y tiempo. Ahora bien, creo que sí, que los fideus es un plato que tiene más “gancho” ya que tal vez hay mucha gente que sólo los degusta durante las “Festes des Vermar”, y la verdad es que van más en consonancia con la fiesta.
Suscríbete para seguir leyendo













