Texto: Gema Carrasco
Durante años, Pedro Bernardo de Quirós vivió en primera persona que una entrevista de trabajo puede terminar antes de lo esperado. Bastaba con mencionar que estaba en diálisis para que la conversación cambiara de rumbo. “En cuanto nombrabas la palabra diálisis, casi terminaba la entrevista”, recuerda. María García Pérez también conoce esa sensación. En más de una ocasión ha comprobado cómo el ambiente cambiaba cuando explicaba que tenía una discapacidad visual y que necesitaba determinadas adaptaciones para desarrollar su trabajo. Mayte Sampedro, que padece parálisis cerebral, vino desde Ecuador para estudiar un máster, y tampoco imaginaba que una empresa acabaría ofreciéndole una primera oportunidad para poder construir un futuro lejos de casa.
Tres historias diferentes, separadas por generaciones, profesiones y trayectorias personales, pero unidas por una misma idea: la importancia de encontrar una compañía que ofrezca la primera oportunidad para entrar en el mercado laboral a colectivos que lo tienen más difícil. Un valor que demuestra que las personas son lo primero. Ese es el propósito que guía a ILUNION, un grupo empresarial formado por más de 46.000 profesionales, de los que cerca del 40 % tiene alguna discapacidad. Su modelo empresarial reinvierte el 100 % de sus beneficios en generar empleo de calidad, impulsar la inclusión y seguir construyendo espacios accesibles para que todos estemos incluidos.
Mucho más que una oportunidad laboral
Pedro llegó a ILUNION hace 34 años. En ese momento era un joven de 23 años que buscaba su primera oportunidad profesional tras una adolescencia marcada por la enfermedad renal, la diálisis y finalmente un trasplante que cambió su vida. Entró como grabador de datos y, tres décadas después, gestiona el departamento de Compras y Facturación en ILUNION IT Services y dirige un equipo de 14 personas.
Cuando mira atrás tiene claro qué supuso aquel primer contrato. “la labor de inclusión que hace ILUNION es bestial. Seguramente muchos compañeros e incluso yo mismo, si no fuera por ILUNION, no estaríamos trabajando hoy”, asegura. Pero más allá de la estabilidad laboral, destaca el ambiente que ha encontrado durante todos estos años. “La labor social que hace ILUNION es real porque la estás viendo continuamente», explica. Basta con recorrer cualquiera de sus oficinas para comprobarlo: “Es muy bonito hablar de inclusión, pero otra cosa es verlo y aquí la ves cada día”.
Por su parte, Mayte también habla de su primera oportunidad laboral. La joven nació con parálisis cerebral y su madre se volcó en su cuidado y en estimularla para que tuviera una oportunidad. Durante años combinó sesiones de equinoterapia, hidroterapia y fisioterapia para favorecer su desarrollo. “Aprendí a caminar a los siete años», recuerda. Sin embargo, una operación cuando tenía diez años cambió por completo ese proceso. Pasó cuatro meses inmovilizada y tuvo que volver a utilizar una silla de ruedas. Pero Mayte no se ha rendido, estudió trabajo social en su país y hace cuatro años viajó a España para estudiar un máster con la intención de volver tras los estudios. Sin embargo, unas prácticas le dieron su primera oportunidad laboral y cambiaron sus planes. “ILUNION hizo realidad el sueño que tenía desde niña: vivir en otro país”, cuenta.
Hoy forma parte del área de Investigación y Proyectos 360 de ILUNION Accesibilidad, donde participa en proyectos que ayudan a empresas, administraciones y entidades a evaluar y mejorar la accesibilidad de sus espacios, servicios y entornos digitales.
Cuando la inclusión forma parte del día a día
La accesibilidad suele asociarse a rampas, ascensores o tecnologías de apoyo. Sin embargo, quienes trabajan en ILUNION hablan de algo mucho más amplio: una cultura en la que las adaptaciones dejan de ser una excepción para convertirse en parte de la normalidad.
María García Pérez lo resume en una frase sencilla: “La accesibilidad es un motor de inclusión”. Licenciada en Derecho, trabaja como técnico jurídico en la compañía, y explica que incorporarse a ILUNION le ha permitido trabajar en un entorno donde no tiene que justificar continuamente las necesidades derivadas de su discapacidad visual. “Todos mis compañeros son conscientes de que tengo una discapacidad visual. Al igual que mi compañero puede tener una discapacidad motora o puede tener otro tipo de discapacidad y todos nos ayudamos entre nosotros. Te sientes arropado», afirma.
Una sensación parecida describe Mayte. Acostumbrada durante años a la sobreprotección de sus padres, encontró en Madrid una independencia que transformó su día a día. “Encontré esa libertad. Me compré una silla de ruedas eléctrica y mi vida cambió totalmente». A ese cambio se sumó la entrada en ILUNION: “Cuando vi el edificio y toda la accesibilidad me quedé alucinada. Nunca había estado en un sitio con puertas accesibles o con máquinas que tengan braille”. Se trata de acciones cotidianas para la mayoría de las personas pero que, para alguien con discapacidad pueden suponer un mundo. Además, Mayte revela que otra de las cosas que más le ha gustado de entrar en esta empresa es el ambiente laboral, “al final terminamos siendo una familia”.
De hecho, Pedro que espera jubilarse en ILUNION, asegura que apenas conoce a personas que hayan decidido marcharse de la compañía.
Demostrar la valía, no la discapacidad
Los tres protagonistas del reportaje coinciden en desmontar uno de los prejuicios más habituales sobre la inclusión laboral: incluir no significa rebajar la exigencia. Pedro lo explica con rotundidad: “A nosotros no nos dan las cosas, el mercado laboral nos exige exactamente lo mismo. Tenemos que ser competitivos, tenemos que ser profesionales en todo lo que hacemos y demostrar nuestra valía”.
María comparte esa visión. De hecho, cree que convivir con una discapacidad ha reforzado su carácter y su forma de afrontar los retos. “La discapacidad me ha dado impulso por querer ser mejor y demostrar que puedo hacer las cosas no solo por los demás, sino por mí misma. Creo que es algo que te da convivir con una discapacidad”. De hecho, la joven asegura que, si tuviese que pedir un deseo, en su lista de prioridades no está no tener discapacidad visual porque haber crecido con ella, es lo que la ha convertido en quién es actualmente. Y tal y como asegura, “me gusta la persona que soy”.
No es casualidad que muchas de las personas que trabajan en ILUNION hablen de sentimiento pertenencia. La compañía dedica cada año miles de horas a formación y cuenta con Unidades de Apoyo que acompañan a los profesionales en su desarrollo laboral y personal, convencida de que la inclusión no termina con la contratación, sino que empieza precisamente ahí.
Las historias de Pedro, María y Mayte son solo tres entre las más de 46.000 que forman parte de ILUNION. Tres trayectorias muy distintas que demuestran que la primera oportunidad laboral puede cambiar el rumbo de una vida cuando va acompañada de confianza, accesibilidad y compromiso. Porque el verdadero valor de la inclusión no es solo abrir una puerta, sino hacer posible que cada persona pueda cruzarla y desarrollar todo su talento en un entorno de trabajo donde se sienta valorado. Porque, tal y como concluye Pedro, “para ILUNION lo primero son las personas”.









