Aunque el Aeropuerto de Córdoba se inauguró el 25 de mayo de 1958, en plena Feria de la Salud, comenzó a volar oficialmente dos años antes, tal día como mañana, 14 de septiembre de 1956, cuando el Consejo de Ministros presidido por Franco aprobó la «propuesta del Ayuntamiento de Córdoba para la construcción, a cargo del mismo, del aeropuerto de la ciudad y de su entrega al ministerio del Aire» existente entonces. A la mesa de aquel consejo se sentaba como titular de Obras Públicas Fernando Suárez de Tangil y Angulo, Conde de Vallellano, que tanto apoyó a su yerno Antonio Cruz Conde como alcalde de Córdoba, aunque fuese abriéndole puertas de los ministerios, como reconocía el propio regidor, que negaba otros tratos de favor.
Fue a primeros de los años cincuenta, coincidiendo con la llegada a la Alcaldía de Antonio Cruz Conde, cuando algunos sectores económicos relacionados con el desarrollo de aquella atrasada Córdoba reclamaban la construcción de un aeropuerto, anhelo al que el Gobierno, y particularmente el Ministerio del Aire, hicieron oídos sordos en un principio. Pero aquella actitud no desanimó al alcalde, que creía en el proyecto y apostó por un reto difícil: que el propio Ayuntamiento afrontase la construcción del aeródromo, aunque una vez terminado hubiese que entregarlo al ministerio del ramo. El costo total del proyecto alcanzaba los 22,25 millones de pesetas, y como el Ayuntamiento no tenía capacidad económica para afrontarlo en solitario –su presupuesto ordinario rozaba aquel año 56 los 78 millones de pesetas, equivalentes hoy a 468.000 euros, lo que cuesta un piso en el centro si no somos demasiado exigentes–, recabó el apoyo de una Diputación presidida por Joaquín Gisbert Luna, que acordó subvencionar el proyecto con hasta siete millones de pesetas, más otras ayudas menores conseguidas de la Comisión Nacional del Paro (500.000) y de la Cámara de la Propiedad Urbana (50.000). Se trataba de sumar.
Antes de obtener la luz verde del Consejo de Ministros, a mediados de 1955, el Pleno municipal aprobó una partida para «gastos iniciales de construcción de un aeropuerto», destinados a la compra de los terrenos. Aunque se barajaron varios emplazamientos posibles, los técnicos aconsejaron el denominado Cerrado de Quintos y Lavadero por sus mejores condiciones de acceso aeronáutico, situados a 6,5 kilómetros al oeste de la ciudad, junto a la carretera de Puesta en Riego .
Una vez conseguidos los terrenos –cuya ocupación no fue fácil por la resistencia del propietario, un agricultor sevillano– el Ayuntamiento encargó el proyecto al ingeniero aeronáutico y comandante Ramón Martínez Zapata. En ese momento Diario CÓRDOBA afirmó sin vacilación en un titular que «Córdoba tendrá aeropuerto», así de claro. Iba a ser el primero de España construido por un Ayuntamiento. Las instalaciones ocuparon una extensión de 300.000 metros cuadrados y comprendían pistas de vuelo y de rodadura, edificio terminal y estacionamiento. La pista de aterrizaje tenía 1.500 metros de longitud por 150 de anchura y contaría con otra pista afirmada de 1.400 por 45 metros, más dos «pistas de emergencia» a ambos lados, de 52 metros de anchura.
Los aparatos de Aviaco en la década de los 70 / Ricardo
En unas declaraciones al semanario Hoja del Lunes editado por la Asociación de la Prensa de Córdoba (27/1/1958), el coronel de Aviación Arturo Méndez –un militar cordobés que sería nombrado primer director del nuevo aeropuerto– dedicó una elogiosa valoración al emplazamiento del aeródromo, ya que se encontraba «en terreno filtrante libre de encharcamiento y exento de las nieblas invernales», y estimaba favorable la dirección habitual de los vientos en el sentido nordeste-suroeste. Un año más tarde le sucedió en el cargo el teniente coronel y piloto Ángel Aguarón del Hoyo, también socio fundador y presidente del cercano Aero Club en 1959.
Hasta que no estuvieron terminadas las pistas –como si no acabara de creérselo– el Pleno municipal no aprobó la construcción del edificio terminal, proyectado por el arquitecto municipal José Rebollo, y en unos tres meses se levantó el edificio, que tenía sala de espera, despacho del jefe, dependencias para las compañías aéreas, aduana, policía, estación meteorológica y torre de mando, además de bar y aseos. Con tanta prisa resultó que una vez terminado se apreció la insuficiencia del espacio y hubo que añadir una planta alta.
Inauguración
Con el fin de probar el estado y comportamiento de la pista, dos semanas antes de la inauguración aterrizaron en ella dos avionetas militares Aisa, siglas de su fabricante Aeronáutica Industrial S.A., empleadas entonces para entrenamiento de pilotos. Llegaron a Córdoba pilotadas por el teniente general González Gallarza, a la sazón jefe de la región aérea del Estrecho, y el coronel Pérez de Eulate, jefe de Protección de Vuelos de la misma región.

Inauguración del Aeropuerto de Córdoba. / Ricardo
La inauguración del Aeropuerto Nacional de Córdoba, como era su nombre oficial, tuvo lugar el domingo 25 de mayo de 1958, día grande de la Feria de Nuestra Señora de la Salud, hace ya más de 68 años. Muchos cordobeses se desplazaron a sus instalaciones para contemplar de cerca los aeroplanos. En un régimen marcado por la influencia del nacionalcatolicismo, la ceremonia inaugural se inició con la bendición de las instalaciones por el obispo cordobés de origen asturiano Fray Albino González y Menéndez-Reigada, que aparece en las fotografías revestido de pontifical y esparciendo con el hisopo agua bendita sobre el pavimento de la pista, ante las atentas miradas de las primeras autoridades cordobesas, que veían así convertida en realidad una aspiración de aquella década. Fue la última ceremonia importante en que participó el obispo Fray Albino, que falleció menos de tres meses después, el 13 de agosto de 1958, tras doce años de fecundo episcopado.
El prelado, por tanto, no llegó a conocer el primer vuelo comercial, que se retrasó hasta el 5 de noviembre de aquel año 58, pues el aeropuerto se había inaugurado sin terminar, ya que faltaban elementos básicos del equipamiento necesario, como el servicio de protección de vuelo, el balizamiento del campo de aterrizaje y el funcionamiento de un radiofaro en Guadalcázar, cuya instalación y puesta a punto eran obligación de la dirección general de Aviación Civil. En aquel compás de espera el Ayuntamiento se dedicó a completar el cerramiento del recinto y el ajardinamiento de la entrada.
El alcalde Cruz Conde se mostró orgulloso de la obra y no ocultó su aspiración de que Córdoba capital estuviera pronto «enlazada con las rutas aeronáuticas», pues añadió: «Vivimos una época en que las ciudades están unidas por horas de vuelo y no de distancias». Siempre tuvo visión del futuro. Tras el izado de la bandera española en el edificio la ceremonia terminó con una vistosa exhibición aérea a cargo de patrullas del Ejército del Aire que deleitó y emocionó a los asistentes.
Primer vuelo regular
El primer vuelo de pasajeros con destino Madrid salió del nuevo aeropuerto a las 8 de la mañana del miércoles 5 de noviembre de 1958, como se ha dicho, a cargo de la compañía Aviaco (acrónimo de Aviación y Comercio), que utilizó un cuatrimotor Heron de catorce plazas. Entre los pasajeros, que las cubrieron todas, figuraban el alcalde Cruz Conde, el gobernador militar, el ya prestigioso arquitecto Rafael de la Hoz y el popular tabernero de Puerta del Rincón Francisco Cerezo, con su hija Ángela. Diario CÓRDOBA publicó la lista completa de pasajeros, cuando no había ley de protección de datos que lo impidiese.

Ricardo Inauguración del Aeropuerto / Ricardo
La citada compañía aceptó atender el servicio diario Córdoba-Madrid y regreso en el día a condición de que se le garantizase un 60%, compromiso que asumieron y compartieron Ayuntamiento y Diputación, presidida entonces por Joaquín Gisbert. Setenta minutos después de despegar de Córdoba los Heron de Aviaco aterrizaban en Barajas, desde donde emprendían el regreso a las 16.15 horas; se podían hacer gestiones en Madrid durante toda la mañana y merendar en Córdoba. El regreso se fijó a hora tan temprana porque el aeropuerto carecía de iluminación nocturna en la pista, vaya por Dios. «El establecimiento del servicio aéreo que diariamente nos ha de poner en conexión con todas las rutas el mundo, es un paso gigante en este avance progresivo de Córdoba», declaró un optimista Antonio Cruz Conde tras bajar de la escalerilla al regreso del primer vuelo.
Los billetes se podían adquirir en el hotel Córdoba Palace, inaugurado en febrero del 58, donde lo atendía el delegado de Aviaco en Córdoba Francisco Yepes. El primer mes de vuelos regulares no se dio mal, pues bastantes cordobeses tenían ilusión por realizar su «bautismo de vuelo» y la ocupación media fue de once pasajeros; once de catorce. A comienzos del verano del 59 Aviaco estableció un vuelo regular con Málaga en días alternos, y en 1960 ensayó un vuelo Córdoba-Jerez. Pero la compañía canceló su servicio en 1967 para reanudarlo dos años después, hasta despedirse definitivamente en 1980. En el 1983 fue la compañía Air Condal la que estableció vuelos regulares durante dos años con Madrid y Palma de Mallorca.
Fuera del uso comercial por pasajeros el modesto aeropuerto prestaba servicio a empresas de tratamientos agrícolas, traslado de órganos para trasplantes en el hospital Reina Sofía, vuelos militares, vuelos chárter y cursos de pilotos, amén de otras actividades menores. También alentó la creación en su cercanía de la entidad social Aero Club de Córdoba. Los cimientos ya estaban puestos, a la espera de futuros halagüeños.
Suscríbete para seguir leyendo














