La crisis de Ceuta no entraba en los planes de ninguno de los actores políticos españoles para el arranque de un curso político tan decisivo como el que acaba de comenzar, con las elecciones municipales y autonómicas el último domingo de mayo y las generales en algún momento antes o después. Tampoco del jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Pero cuarenta días después de la misma, originada tras la avalancha migratoria sin precedentes de los últimos días de julio que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, definió como un ataque a «la integridad territorial de España», el líder del Partido Popular (PP) ha tenido que ir moviendo paulatinamente ficha hasta un comunicado sin precedentes de respuesta al régimen de Rabat.
En el documento, publicado este viernes y publicitado por Feijóo en su perfil de las redes sociales, el primer partido de las Cortes da respuesta, sin ahorrarse calificativos aun sin perder del todo el tono diplomático, a los ataques que previamente le habían proferido las autoridades marroquíes, que acusaron a los populares de utilizar la crisis en la ciudad autónoma con fines electorales. Algo que mereció por parte del PP palabras tan severas como «la defensa de los intereses generales de la Nación, de la integridad de nuestras fronteras y de la seguridad de los españoles constituye una prioridad irrenunciable»; «nada está por encima de la defensa de España» o la definición de lo ocurrido en Ceuta como «un ataque híbrido con una instrumentalización de la inmigración irregular».
Toda ella una terminología, singularmente la de la última sentencia, definiendo la avalancha migratoria como parte de un ataque híbrido, que no solo era impensable ante de las crisis, sino incluso en los primeros días de la misma. Y que evidencian hasta qué punto Feijóo ha roto una hasta el momento línea prudente con el vecino del sur. La hemeroteca, y el archivo de las redes sociales, es elocuente al respecto. El PP, como por otra parte también ocurrió con Vox, tardó en manifestarse de esa manera, y también en señalar al Reino de Mohamed VI como responsable en alguna medida de lo sucedido. «La derecha exonera a Marruecos de responsabilidad en la crisis de Ceuta», tituló EL PERIÓDICO el pasado 2 de agosto, cuatro días después de la entrada de decenas de miles de personas a nuestro país por el paso de El Tarajal.
Y es que para entonces el discurso tanto de Feijóo como de Santiago Abascal, con las diferencias de fondo y sobre todo de forma habituales entre ellos, señalaba únicamente al Gobierno español como responsable, tanto por falta de previsión ante un escenario que en buena medida, denunciaban, podía haber alentado la sonada sentencia del Tribunal Supremo (TS) sobre la posibilidad de devolver a inmigrantes, como por el decreto de regularización migratoria de este mismo año. Al presidente de Vox su actitud le valió incluso que le enmendasen la plana algunos de sus críticos internos. «Tras una nueva escalada en la guerra híbrida de Marruecos contra España, ¿dónde está el presidente de los ‘patriotas’ españoles?», señaló por entonces el ex vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo, en sarcástica referencia al cargo que ostenta Abascal de presidente de Patriotas, el grupo europeo que abanderan el el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán y la francesa Marine Le Pen.
Primeras menciones a Marruecos
El 4 de agosto, en la sede del PP en la calle Génova, compareció el secretario general del partido, Miguel Tellado, quien si bien siguió circunscribiendo la crisis a una cuestión de seguridad, habló también de una problemática de política exterior. Pero preguntado en varias ocasiones por los informadores sobre Marruecos evitó no solo el choque con el país vecino, sino incluso la más leve mención crítica. «A quien le compete las relaciones internacionales de España es al Gobierno de España», se limitó a contestar. La crisis de Ceuta hizo incluso aparecer en escena fugazmente y a través de las redes sociales al coordinador de Acción Exterior del PP, Ildefonso Castro, secretario de Estado de Exteriores en el último Gobierno de Mariano Rajoy, quien tras una larguísima inactividad en X publicó tres tuits consecutivos el 31 de julio, sin mención alguna a Marruecos. No ha vuelto a pronunciarse.
Ahora, incluso, Feijóo se ha animado a desvelar parte de su conversación con el primer ministro marroquí, Aziz Ajanuch, con el que se reunió recién llegado a Génova procedente de la presidencia de la Xunta de Galicia, en el año 2022, precisamente cuando Sánchez viró radicalmente la tradicional posición española sobre el Sahara, para aceptar por primera vez la soberanía marroquí sobre el territorio. Lo hizo el pasado martes en una entrevista en Antena 3, donde trasladó, como llevaba tiempo haciendo en privado a diversos interlocutores, un fragmento decisivo de la conversación: «Me preguntó si yo estaba a favor de mantener, y mantendría, los acuerdos sobre el Sahara Occidental. Y yo le dije: señor primer ministro, yo quiero ser leal con su país, se lo dije desde el primer instante, y esa lealtad me lleva a contestarle con el rigor que merece: yo no puedo comprometerme a cumplir un acuerdo que desconozco», relató, enfatizando que salvo «Sánchez y dos o tres personas más, no hay nadie en España que conozca ese acuerdo».
El encuentro se produjo en el contexto de una cumbre del Partido Popular Europeo (PPE) en Rotterdam, después de que Rabat, en otro hecho sin precedentes, desvelara la carta de Sánchez al Rey marroquí donde aceptaba e incluso elogiaba la propuesta marroquí para el Sahara como «la base más seria, creíble y realista» para solucionar el histórico conflicto. Y sin duda pudo entenderse como un primer gesto de acercamiento de Feijóo hacia el país vecino, con el que ahora las cosas se han enturbiado notablemente.
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