Los profesores alertan del impacto de la IA en las aulas y desvelan los trucos para detectar copias

El inicio del curso escolar ha reabierto el debate educativo tras los últimos resultados del informe PISA, que sitúan a la Comunidad Valenciana a la cola en matemáticas y comprensión lectora, superando únicamente a Ceuta y Melilla. En este escenario, Javier Palanca, profesor de inteligencia artificial, investigador en la UPV y director del Museo de Informática, ha analizado el impacto y los desafíos que la tecnología plantea en el rendimiento académico.

El docente ha defendido la importancia de promover un uso responsable de estas herramientas digitales en las aulas. A este respecto, Palanca ha recordado que «la tecnología es una herramienta que se puede usar bien o se puede usar mal», comparando su función pedagógica con la de cualquier otro instrumento de trabajo cotidiano.

Para el experto, la respuesta frente a este reto pasa por mejorar las condiciones de la educación en España y proporcionar al profesorado el tiempo y los recursos necesarios para evaluar de forma adecuada. El investigador ha señalado que los docentes precisan de «grupos más pequeños» y margen organizativo para afrontar los cambios tecnológicos que transforman la enseñanza.

Incremento de copias en los exámenes

Una de las principales preocupaciones en las aulas universitarias es el notable incremento del fraude académico vinculado a estas herramientas. Palanca ha alertado de que el profesorado ha calculado que los casos de copia han aumentado «en algunos casos, casi hasta el 50%«, con métodos cada vez más osados y avanzados entre el alumnado.

Aunque el uso del pinganillo se mantiene, la técnica más extendida consiste en esconder el teléfono móvil para realizar una fotografía del enunciado en cuestión de segundos. «Con una sola foto ya te contesta un examen entero la IA«, ha explicado el docente, quien ha advertido además de que el sistema resuelve las pruebas con una calificación de «un 10».

Esta situación ha generado gran inquietud en el claustro docente, donde resulta muy complejo probar las sospechas durante la corrección de los exámenes. Ante la dificultad de frenar estas prácticas, Palanca ha reconocido que «por cada uno que pillo, probablemente se me cuelan tres», hasta el punto de que en el ámbito universitario se ha valorado recurrir a arcos metálicos.

Sustitución del aprendizaje en los primeros cursos

El impacto pedagógico de la tecnología varía sustancialmente según la etapa académica en la que se encuentren los estudiantes. Palanca ha subrayado que la herramienta resulta beneficiosa en los cursos finales por existir ya una base sólida, mientras que en los primeros años frena la adquisición real de conocimiento.

El profesor ha detallado que mantiene conversaciones directas con sus alumnos para advertirles sobre este riesgo formativo. «En los primeros cursos no complementa, sustituye y ahí tenemos el problema», ha insistido sobre la necesidad de consolidar las competencias básicas antes de apoyarse en la automatización.

Trampas con texto invisible para detectar fraudes

Frente a la entrega de trabajos resueltos íntegramente por algoritmos, los docentes han comenzado a diseñar estrategias de detección en los enunciados. Palanca ha desvelado que «hemos empezado a poner trampas en los propios trabajos para detectar cuando se pone una IA».

Hemos empezado a poner trampas en los propios trabajos para detectar cuando se pone una IA»

Javier Palanca

Profesor de inteligencia artificial, investigador en la UPV y director del Museo de Informática

El mecanismo consiste en introducir una frase absurda en texto blanco sobre fondo blanco para que quede oculta al ojo humano pero sea leída por el modelo generativo. «Si en el trabajo que te entregan ves una respuesta a esa frase absurda, ya sabes que han usado la IA y no lo han revisado», ha concretado Palanca sobre este sistema de control docente.

A pesar de las dificultades, el investigador ha recalcado que la sociedad atraviesa una nueva revolución industrial que apenas acaba de comenzar. Palanca ha concluido que la clave reside en aprender a convivir con la tecnología, formar en espíritu crítico y aprovechar estos avances hacia una futura educación personalizada.

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