El cordón sanitario ha sido una herramienta eficaz para mantener a la ultraderecha alejada del poder en Europa durante al menos un cuarto de siglo. El apogeo de esta estrategia (un pacto no escrito entre el resto de partidos para proscribir a la extrema derecha) se alcanzó en Francia en las presidenciales de 2002, cuando Jacques Chirac derrotó a Jean-Marie Le Pen, gracias al rechazo frontal del resto de los partidos al entonces llamado Frente Nacional. Desde entonces, el llamado «frente republicano» es una constante de la política francesa.
Ese cordon sanitaire ha mantenido a Marine Le Pen y a su Reagrupamiento Nacional (RN) fuera de la presidencia y del Ejecutivo todo este tiempo. Emmanuel Macron ha sido presidente en parte gracias a la aplicación de ese mismo cordón sanitario contra Le Pen en otras dos ocasiones (2017 y 2022). Volvió a emplearse eficazmente en las últimas elecciones legislativas, en las que el macronismo y la izquierda pactaron la retirada del candidato con menos opciones para evitar diluir el voto frente a los de RN en las circunscripciones más disputadas.
En Alemania, el cordón sanitario frente a AfD se consolidó desde la entrada del partido en el Bundestag en 2017, cuando las fuerzas desde el centro-derecha a la izquierda acordaron no cooperar de forma alguna con la formación ultraderechista. La posición se reforzó tras los comicios en el estado de Turingia de 2020, cuando la elección de un presidente regional con los votos de AfD provocó una crisis política y terminó con su dimisión.
El cordón sanitario alemán (brandmauer o cortafuegos) se reforzó aún más desde que, en mayo de 2025, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución clasificó a AfD como «formación de extrema derecha confirmada» y como un peligro nacional.
«El cordón sanitario se ve a menudo debilitado por el intento de los partidos tradicionales de asumir políticas de la extrema derecha, por ejemplo, en materia de inmigración. Esto les dificulta después justificarlo», dice Giles Ivaldi
Pero, tanto en Francia como en Alemania, a ese cordón sanitario le ha acompañado un trepidante auge electoral de ambas formaciones. Como no gobiernan, no sufren desgaste; como el sistema les rechaza, se convierten en la opción antisistema por antonomasia. Si a ello se le une insatisfacción económica o el rechazo a la inmigración, el cóctel está servido. Desde 2025, AfD es la segunda fuerza en las elecciones federales, y Le Pen es favorita en todas las presidenciales para las elecciones de primavera en Francia.
¿Seguirá la Brandmauer en Alemania?
La victoria arrolladora de Alternativa por Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt de este domingo está sembrando dudas sobre si la brandmauer sigue siendo la mejor opción de contener a la ultraderecha. AfD, con un mensaje ultra nacionalista, antieuropeísta y xenófobo, ha conseguido el 44% de los votos y 39 de los 43 escaños necesarios para la mayoría absoluta en ese pequeño länder del Este del país.
El resto de partidos se enfrenta ahora a la posibilidad de formar una alianza muy heterogénea para impedir que AfD llegue al Gobierno regional, que tampoco está garantizada porque hay un partido de ultraizquierda xenófoba (Alianza Sahra Wagenknecht – Por la Razón y la Justicia) que podría pactar con él.
«En Sajonia-Anhalt, la aplicación de un cordón sanitario ahora no es demasiado conveniente desde el punto de vista táctico y estratégico. AfD ha obtenido un 44% de los votos con una participación del 80%. Es muy difícil justificar la aplicación de dicho cordón sanitario», opina Guillermo Fernández-Vázquez, profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de ‘Qué hacer con la extrema derecha en Europa’. «Obligaría a un pacto contra natura entre muchos partidos, lo que tiene dos efectos: primero, contribuye a que la extrema derecha se victimice y pueda decir: ‘¿Veis? Las élites no respetan lo que el pueblo ha querido‘. Y, segundo, un Gobierno formado por partidos tan heterogéneos seguramente sería difícil de gestionar, podría ser inestable y poco funcional, lo que alimentaría indirectamente las críticas de la oposición«.
Tampoco se puede extrapolar automáticamente la disfunción del cordón sanitario en esa región alemana, poblada por tan solo dos millones de habitantes, al caso general de la contención de los populismos de ultraderecha en Europa. No hay que romper el cordón sanitario inmediatamente, simplemente hay que repensarlo.
«AfD está muy fuerte en algunos estados mientras que en otros, aunque crece, es bastante más débil. Hay que ver en cada caso si existe una mayoría alternativa coherente. Y ver qué ocurre en unas elecciones generales. Si es viable una gran coalición entre la CDU y el SPD, puede tener sentido mantener el cordón sanitario; pero si para evitar a AfD hay que unir a la CDU (Unión Demócrata Cristiana), la CSU (Unión Socialcristiana de Baviera), el SPD (Partido Socialdemócrata) y Die Linke (La Izquierda), hay que pensarlo dos veces, porque es muy difícil que esa coalición pueda ponerse de acuerdo y desarrollar unas políticas de país», apunta Fernández-Vázquez.
Daño colateral del cordón sanitario
El cordón sanitario lleva consigo un efecto colateral dañino: al convertir a una determinada formación en el único partido excluido del sistema, le ayuda a concentrar el voto de protesta. Cuanto mayor desgaste padecen los partidos tradicionales, más fácil resulta presentar al partido aislado como la única alternativa al establishment.
La paradoja, así, es que una estrategia concebida para debilitar a la extrema derecha puede acabar reforzando su discurso. Son los anticuerpos que devoran el propio organismo. El mensaje de «todos contra nosotros» permite a estos partidos presentarse como víctimas de unas élites que, supuestamente, no respetan la voluntad popular.
«El cordón sanitario es un arma de doble filo. Por un lado, sigue siendo la mejor estrategia para impedir que la extrema derecha llegue al poder, como han demostrado hasta ahora Alemania, Francia o Bélgica. Por otro, facilita que los partidos de extrema derecha sostengan que el establishment está confabulado contra ellos y contra las personas que, según afirman, representan. Esta retórica populista alimenta el apoyo de los votantes a estos partidos», opina para este diario Gilles Ivaldi, investigador del Centro de Investigaciones Políticas de Sciences Po, en Francia. «Además, el cordón sanitario se ve a menudo debilitado por el intento de los partidos tradicionales de asumir políticas de la extrema derecha, por ejemplo, en materia de inmigración. Esto les dificulta después justificar el cordón sanitario y explicar por qué estos partidos deben mantenerse alejados del poder».
El cordón sanitario en Francia
Alemania no es el único país donde esta estrategia del aislamiento empieza a mostrar sus límites. Francia constituye el gran laboratorio europeo del cordón sanitario. En 2024, cuando la Agrupación Nacional (RN) quedó en disposición de convertirse en la primera fuerza de la Asamblea Nacional, el frente republicano volvió a funcionar: la citada retirada de candidatos de izquierdas y macronistas permitió impedir que RN obtuviera una mayoría. El Nuevo Frente Popular logró 182 escaños y el partido de Marine Le Pen quedó tercero, pese a haber ganado la primera vuelta.
París (Francia), 2 de septiembre de 2025.- El presidente del partido ultraderechista francés Agrupación Nacional (RN), Jordan Bardella (i), atiende a los medios junto a la presidenta del grupo parlamentario de Agrupación Nacional, Marine Le Pen / BERTRAND GUAY / AFP
Pero aquel mecanismo no tiene por qué repetirse en el futuro.
La política francesa ha cambiado y RN ha avanzado en su proceso de normalización. De cara a las presidenciales de 2027, Marine Le Pen parte como favorita en los sondeos, a pesar de su condena judicial, mientras la izquierda continúa dividida y Jean-Luc Mélenchon mantiene su divisiva candidatura. Si él queda segundo y pasa a la segunda vuelta, ¿a quién votaría alguien de centro liberal o conservador? ¿A un radical de izquierdas o a la ultraderecha, anatema durante medio siglo? Y, sobre todo, ¿seguirían las élites francesas considerando que cualquier candidato es preferible a Le Pen?
España y el cordón sanitario a HB
España ya aplicó cordones sanitarios mucho antes de la irrupción de la ultraderecha en Europa. El Pacto de Ajuria Enea, firmado en 1988 por las principales fuerzas democráticas vascas, contribuyó a aislar políticamente a Herri Batasuna durante los llamados «años de plomo» de la violencia de ETA. Tras la desaparición de la banda terrorista, ese cortafuegos se ha eliminado.
¿Y la ultraderecha? Vox ha entrado en instituciones y gobiernos autonómicos (Valencia, Aragón, Extremadura, Castilla y León) y municipales sin debate de fondo en el centro-derecha español. «España es bastante una anomalía en este sentido. Ni siquiera existe un gran debate dentro de la derecha sobre el cordón sanitario. Puede haber discusión sobre si gusta más o menos Vox, pero, en el fondo, la inmensa mayoría de los sectores de la derecha dice: si los necesito para gobernar, nos arreglaremos», agrega Fernández-Vázquez.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso / Eduardo Parra – Europa Press
La estrategia del cordón sanitario, en conclusión, tiene un talón de Aquiles. Sirve para mantener fuera de las políticas públicas a los partidos censurados, pero al mismo tiempo les proporciona combustible electoral. Cuando han llegado a ser primeras fuerzas y a obtener unos porcentajes elevados de voto, como el caso de AfD en Sajonia-Anhalt, empieza a tener un coste democrático y político mucho mayor.
Sajonia-Anhalt anticipa el dilema alemán. Francia puede convertirse en la próxima prueba. Y el resultado determinará si el cordón sanitario sigue siendo un dique capaz de contener a la extrema derecha o termina convirtiéndose, paradójicamente, en uno de los elementos que alimentan su crecimiento.
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